[Priv. | Pasado] Guardia Nocturna
#1
21 de Primavera, Año 17 ❥ Baterilla

Can u' feel the rush now?

─ ♚ ─

Cuando el último rayo de luz ingresó a la barraca donde dormía Nyx antes del turno nocturno, su cama ya se encontraba vacía; la claridad moribunda se deslizaba entre las ventanas angostas de aquella construcción, recorriendo las hileras de los catres idénticos y baúles desgastados por el uso constante de las camadas inagotables de reclutas. Todo en ese lugar parecía estar hecho para ser útil y la cadete, poco a poco, tomaba la mala costumbre de dormir cada vez menos. No se trataba de que extrañase su cama cómoda y mullida, sus sábanas de seda, el perfume limpió de los pisos donde creció o incluso la privacidad de su habitación, la Archeron se despidió de esos lujos a penas se enlistó con su vestido de lino gastado, su determinación férrea y una mentira por delante.

Se trataba de ese impulso que la obligaba a movilizarse, esa incapacidad para quedarse quieta, para sentirse inútil... y la culpa… la dulce culpa. Con los meses que pasaba en la marina, aquello solo se había acrecentado y, en el silencio de esa fría y estrecha barraca, lo único que consiguió fue la incapacidad para acallar esa voz: ¿Cuándo vas a salir de aquí? ¿Cuándo te vas a hacer más fuerte? ¿Cuándo vas a dejar de jugar al marine para hacer lo que viniste a hacer? ¿Cuándo…?

¿La forma de acallarla? Entrenando, patrullando, limpiando, curando, aceptando órdenes de hombres y mujeres que no consideraba competentes para el cargo que ostentaban y las tareas, por más absurdas que le parecieran, ejecutadas con excelencia; exigiéndose nuevamente al límite, entrenando otra vez. Como un ciclo incansable, uno que la ayudase a quedar tan exhausta por las noches que no tuviese guardia nocturna, que le hiciera caer inconsciente apenas pusiera la cabeza en la almohada. Ya ni siquiera le importaba si alguno de sus compañeros intentaba colarse entre sus sábanas, sabía que, después de lo sucedido a tres semanas de haber llegado ahí, ninguno se atrevería siquiera a mirarla por miedo a perder algo más que un par de dedos.

¿Qué habría hecho su padre si supiera aquello? ¿O su madre? Estaba segura de que su madre sonreiría orgullosa por su acción mientras que su padre…no quería pensar si quiera en lo que hubiese hecho su padre, ese sería otro secreto más que moriría con ella. Y el simple hecho de recordarlos trajo consigo esa calidez anidando en su pecho, esa que, cada día que pasaba, parecía más lejana. Quizás la dificultad no radicaba en la calidez de un recuerdo que amaba, sino en ella, sentándose poco a poco sobre un trono de hielo del que ya no sabría cómo descender.

Corrió más fuerte por la pista y sus muslos sobre entrenados gritaron de dolor. Lo ignoró. No importaba. Tenía que volverse más rápida si quería dominar aquel giro perfecto sobre su propio eje, esa secuencia precisa donde las espadas parecían extender la línea elegante de su cuerpo con una gracia hermosa y letal. Corrió hacia el otro extremo de la pista, y repitió el patrón, forzándose tantas veces para que el dolor se volviera una constante mínima. Nuevamente, no importaba.

Inclinada hacia adelante, con las manos apoyadas en sus rodillas, saboreó el óxido de su propia garganta por el esfuerzo mientras su cuerpo luchaba por volver a un ritmo normal de respiración. Observó la marca final de la pista a través del mar de sus ojos, con ese disgusto evidente, al comprobar que no había sido capaz de superar su propio record “¿Cuándo vas a ser capaz de superarte a ti misma?”

Algo en su expresión cambio, ese gesto leve en donde la delicadeza hermosa de ese rostro de líneas suaves y pecas dispersas adquiría la dureza elegante que la hacía parecer menos una joven recluta y más una reina criada para mirar el mundo de arriba al reclamarlo como suyo.
 
Avanzó hacia los baños para prepararse de cara a la guardia nocturna que tendría esa noche.


Sabía que esa noche no patrullaría sola, se había encargado de buscar información extra con el sargento que le había encargado aquella tarea, preguntando como siempre lo hacía cuando asumiría una tarea compartida: de manera casual sobre su compañero. No se perdonaría a si misma llegar a un nuevo encuentro sin tener la mayor información posible ni haber asociado un nombre a una cara, no por una preparación casi obsesiva, sino, algo totalmente distinto: A Nyx le costaba soltar el control.

Y no tenía pensado comenzar a hacerlo estando con los marines.

Cuando llegó al punto de encuentro, tenía claro que Masami sería quien le acompañase, aunque hasta ese momento no hubiesen cruzado una sola palabra. El uniforme claro de marine abrazaba con demasiada facilidad la silueta firme de su cuerpo, intentando, sin suerte, suavizar las curvas marcadas que acompañaban cada uno de sus movimientos. Incluso después del entrenamiento, con algunos mechones oscuros adheridos a penas a su cuello por el esfuerzo y la humedad, había algo en Nyx que conservaba esa presencia imposible de ignorar.

Observó al sargento conversando de manera relajada con una de las jóvenes en el mercado de Baterilla, sabía que si se acercaba seguramente arruinaría lo que fuera que el Sargento le decía a la chica por la forma en que esta se reía. Aún así…
– Sargento Tanaka – la voz de Nyx sonó casi a reproche, como si ella tuviese un rango mayor que el hombre y le estuviese llamando la atención por coquetear con la chica en pleno turno. El Sargento se sobresaltó al oírla, girando de inmediato, completamente erguido en su dirección –
Vale...¿Que --- ? – Las palabras murieron en el aire al reconocerla, comprendiendo que no se trataba de ningún superior.

A su espalda, la muchacha del puesto de especias carraspeó con evidente incomodidad. Tanaka giró hacia ella con rapidez, encontrándose de lleno con esa expresión molesta de alguien que ha sido interrumpido –
No, Clarisse, no es…– se excusó con rapidez Tanaka, sin embargo, la joven del puesto de especias ya se había dado la media vuelta para marcharse. El Sargento se quedó un momento más observando su andar mientras murmuraba algo inentendible, dejando escapar un suspiro de derrota – Ahora entiendo porque a Andover le causaba tanto placer molestarte – acusó hacia la joven recluta – ¿No podrías haber sido más suave? – La expresión de Tanaka era una mezcla de derrota tan dramática que, para ella, rozaba lo ridículo. Nyx alzó la mirada hacia el cielo nocturno, como si el comentario hubiese agotado la poca paciencia que le quedaba – Ren, si una conversación ajena basta para incomodarla, no parece una inversión de tiempo demasiado inteligente – aseguró. Tanaka movió la mano frente a sí, como si buscara espantar la verdad en el comentario de la recluta frente a él – Tendré que compensarla ¿alguna idea? –

Léeme
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[Priv. | Pasado] Guardia Nocturna - por Nyxara Archeron - 18-05-2026, 02:24 AM

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