18-05-2026, 02:49 AM
Y como siempre, la palabra del gran Tezca era ley.
Tomé el brazalete dorado que Barald nos había ¿Qué era mejor que los beneficios exclusivos? Nada, la observé como un dragón que cuida su tesoro caminando con el resto mientras la balanza se inclinaba a los juegos de destreza. Dejé a Yuuki hurgar en mis bolsillos, dejando que se encontrara con los botones que había metido ahí en caso de que decidiera robarme. Había aprendido un par de trucos con el tiempo juntos. El caminar bajo el sol comenzaba a molestarme ¿Cómo se atrevía a brillar más que yo? Mientras la kuja se quejaba y refunfuñaba. —Vamos, Runin, no te molestes, será divertido ¿Me entiendes? Tenemos el resto del día. — El camino finalmente nos llevó frente a un puesto de punteria.
En aquel puesto se podía notar, además de las palabras del presentador, que el premio mayor era una ardilla de un metro con una camisa deportiva y cabello abultado. Que fea ardilla. Runin tomó la delantera, apuntando y disparando sin realmente asestar. La bala rebotó hasta la frente de la pelirrosa a mi lado, sosteniéndola para que no cayera. —¡Cuidado, terminarán de romper su cerebro de pájaro! — Solté una risita, mirando a la pelirrosa, antes de esperar que Runin soltara el arma para tenerla.
Había practicado mi puntería anteriormente con mi tutor, por lo que al menos sostener un arma si sabía. Me lo tomaba a broma, sosteniéndola con una mano mientras metía la otra en el bolsillo, cerrando un ojo mientras apuntaba en el centro, no estaba tan seguro de querer a a la ardilla fea, pero al menos podía dársela a las chicas.
Inhale y… bang.
La bala dio en el blanco más pequeño de forma perfecta y en el primer intento, aquel dueño del puesto parecía sorprendido, al parecer no era tan común. —¡FELICIDADES, CHICO! ¡GANAS EL PREMIO MAYOR! — Las luces ruidos estridentes del puesto explotaron en felicitación mientras aquel feo muñeco en manos y lo alzaba a mis compañeros. —JA. Ya decía que teníamos que venir a estos juegos… Ten, te regalo a Taroy, es lo que un caballero hace. — Le extendí el peluche extrañamente familiar a Runin, después de todo presentí que a una chica como ella le gustaría más esta cosa que a mi.
Tomé el brazalete dorado que Barald nos había ¿Qué era mejor que los beneficios exclusivos? Nada, la observé como un dragón que cuida su tesoro caminando con el resto mientras la balanza se inclinaba a los juegos de destreza. Dejé a Yuuki hurgar en mis bolsillos, dejando que se encontrara con los botones que había metido ahí en caso de que decidiera robarme. Había aprendido un par de trucos con el tiempo juntos. El caminar bajo el sol comenzaba a molestarme ¿Cómo se atrevía a brillar más que yo? Mientras la kuja se quejaba y refunfuñaba. —Vamos, Runin, no te molestes, será divertido ¿Me entiendes? Tenemos el resto del día. — El camino finalmente nos llevó frente a un puesto de punteria.
En aquel puesto se podía notar, además de las palabras del presentador, que el premio mayor era una ardilla de un metro con una camisa deportiva y cabello abultado. Que fea ardilla. Runin tomó la delantera, apuntando y disparando sin realmente asestar. La bala rebotó hasta la frente de la pelirrosa a mi lado, sosteniéndola para que no cayera. —¡Cuidado, terminarán de romper su cerebro de pájaro! — Solté una risita, mirando a la pelirrosa, antes de esperar que Runin soltara el arma para tenerla.
Había practicado mi puntería anteriormente con mi tutor, por lo que al menos sostener un arma si sabía. Me lo tomaba a broma, sosteniéndola con una mano mientras metía la otra en el bolsillo, cerrando un ojo mientras apuntaba en el centro, no estaba tan seguro de querer a a la ardilla fea, pero al menos podía dársela a las chicas.
Inhale y… bang.
La bala dio en el blanco más pequeño de forma perfecta y en el primer intento, aquel dueño del puesto parecía sorprendido, al parecer no era tan común. —¡FELICIDADES, CHICO! ¡GANAS EL PREMIO MAYOR! — Las luces ruidos estridentes del puesto explotaron en felicitación mientras aquel feo muñeco en manos y lo alzaba a mis compañeros. —JA. Ya decía que teníamos que venir a estos juegos… Ten, te regalo a Taroy, es lo que un caballero hace. — Le extendí el peluche extrañamente familiar a Runin, después de todo presentí que a una chica como ella le gustaría más esta cosa que a mi.


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