18-05-2026, 06:37 AM
Me presenté en una cerca que era de un alto, no demasiado alto, yo un brinco yo podría pasar por encima de ella, pero de seguro otras personas sin tanta estatura les costaría más. No fui previsivo de que eso me indicaría algo. Avancé, con seguridad, por el umbral y observe un jardín lleno de una paleta de colores pasteles donde el rosado, el lila y los colores similares intermedios entre ellos serán los que más llamaban la atención. Las flores eran muy hermosas y me encantaba poder apreciarlas, aun durante la noche. Me di mi momento aunque, poco a poco me percaté que aquí no era el camino hacia la paz.
Todo demasiado dinámico, en movimiento, no sabía si era una máquina, o si era una máquina o si eran personas, todos estaban tan concentrados en sus actividades y eso de alguna forma era contagioso. Mucha energía me hizo ir caminando con una ligera prisa hasta llegar lo suficientemente dentro del jardín. Había demasiado movimiento y casi parecían desesperados. Quería no molestar pero llegó un punto que eran demasiados al punto que son sorprendente que entre ellos mismos no se choquen. Cómo un reloj suizo cada quien pasa pasa por donde debe y yo la verdad quería anotarme para trabajar pero es difícil captar la atención.
Creo que mi presencia no adaptada a todo el movimiento atrajo la atención del encargado quien gritó con una voz particularmente curiosa. Era cómo ver a alguien grande, pero con dimensiones reducidas. Supongo que lo mismo pasa conmigo ya que he visto que existen otros de más dimensiones, aunque la verdad tampoco he conocido tantos seres de alas negras como yo.
La verdad yo no deseaba comenzar un pleito pero las palabras insultantes no ayudaban. No estaba del todo seguro de si eran a propósito o si solo estaban teniendo una mala noche. — Vamos a bajarle dos tonos a la agresividad. Me presento porque he visto invitaciones para apoyar y deseo ayudar y que me des dinero. — No me apetece presentarme ante la gente que de buenas a primeras solo quieren hacer maltrato verbal. Pero mi senda pacifista me dice que no puedo iniciar conflictos, así que debo centrar mi mente y no dejar que mis manos hablen por mi.
Agacharse a su altura, con un brazo tapando la radiante luz que reflejaba, dejando mis brazos cruzados pegados a mi pecho y con las manos cubriendo mi cara en mi postura agachada. Como si fuera iluminado por una linterna que me acusa sin razón verdadera. No me gustó. Eso encendió un fuego en mi, un fuego que no pude ocultar y me hacía apretar la cara y en esencia mi ser.
El fuego tras mi cabeza se hizo visible de manera involuntaria y solo fue un reflejo de sentir una competencia iluminante. Cómo una antorcha intensa no estaba para juegos los cinco metros entre nosotros era tan poco para lo mucho que él es capaz de brillar. — Amigo, por favor deja de brillar, tápate con algo que no me gusta. Solo vine por el trabajo así que calmate.— Yo rogaba que este tipo “grande” no fuera a ponerse revoltoso, porque se sentiría cómo una desilución tener que resolver todo usando la violencia.
Todo demasiado dinámico, en movimiento, no sabía si era una máquina, o si era una máquina o si eran personas, todos estaban tan concentrados en sus actividades y eso de alguna forma era contagioso. Mucha energía me hizo ir caminando con una ligera prisa hasta llegar lo suficientemente dentro del jardín. Había demasiado movimiento y casi parecían desesperados. Quería no molestar pero llegó un punto que eran demasiados al punto que son sorprendente que entre ellos mismos no se choquen. Cómo un reloj suizo cada quien pasa pasa por donde debe y yo la verdad quería anotarme para trabajar pero es difícil captar la atención.
Creo que mi presencia no adaptada a todo el movimiento atrajo la atención del encargado quien gritó con una voz particularmente curiosa. Era cómo ver a alguien grande, pero con dimensiones reducidas. Supongo que lo mismo pasa conmigo ya que he visto que existen otros de más dimensiones, aunque la verdad tampoco he conocido tantos seres de alas negras como yo.
La verdad yo no deseaba comenzar un pleito pero las palabras insultantes no ayudaban. No estaba del todo seguro de si eran a propósito o si solo estaban teniendo una mala noche. — Vamos a bajarle dos tonos a la agresividad. Me presento porque he visto invitaciones para apoyar y deseo ayudar y que me des dinero. — No me apetece presentarme ante la gente que de buenas a primeras solo quieren hacer maltrato verbal. Pero mi senda pacifista me dice que no puedo iniciar conflictos, así que debo centrar mi mente y no dejar que mis manos hablen por mi.
Agacharse a su altura, con un brazo tapando la radiante luz que reflejaba, dejando mis brazos cruzados pegados a mi pecho y con las manos cubriendo mi cara en mi postura agachada. Como si fuera iluminado por una linterna que me acusa sin razón verdadera. No me gustó. Eso encendió un fuego en mi, un fuego que no pude ocultar y me hacía apretar la cara y en esencia mi ser.
El fuego tras mi cabeza se hizo visible de manera involuntaria y solo fue un reflejo de sentir una competencia iluminante. Cómo una antorcha intensa no estaba para juegos los cinco metros entre nosotros era tan poco para lo mucho que él es capaz de brillar. — Amigo, por favor deja de brillar, tápate con algo que no me gusta. Solo vine por el trabajo así que calmate.— Yo rogaba que este tipo “grande” no fuera a ponerse revoltoso, porque se sentiría cómo una desilución tener que resolver todo usando la violencia.
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