18-05-2026, 12:06 PM
Nuevamente, aquella pirata mostraría unas capacidades de apuntar en movimiento fuera de lo normal. Saltaría al vuelo como una pequeña "paloma rosa" como la llamaba Moragna, disparando en todos los sentidos y direcciones, siempre con objeto de no acabar con la vida de aquellos a los que había disparado. Rápidamente, el grupo marine se vería mermado de una forma que desafiaba la física para toda aquella persona que mirara la escena de lejos. Y quien la estaba mirando de lejos era Morgana. El ruido y el vociferio que provenía siempre en los alrededores de la pirata de cabellos rosados y alas blancas hacía muy fácil localizarla en una ciudad que acostumbraba a tener siempre el mismo ruido monótono y aburrido. Así que allí, sentada al borde de un edificio, la colosal figura de la cazadora se dibujaba como una gárgola expectante de los movimientos de la ágil cazadora, debatiéndose internamente si ir o no a por ella. Era tal la incapacidad que tenía para decidir aquello, porque en su interior quería que aquella 'palomita rosada' creciera en pos de enfrentarla en el futuro de manera gloriosa, y no mientras ya estaba herida y siendo perseguida por cientos de marines. El aspecto de su rostro era regio, casi como si realmente fuera una estatua y poco más que eso, inalterable como siempre. Llevaría una de sus manos a uno de sus bolsillos, agarraría lo que parecía una moneda, la miraría y una sonrisa se dibujaría en su rostro y en ese mismo momento saltaría para desaparecer.
Las acciones provocadas por Yuuki no pasarían desapercibidas en la ciudad. Si las ciudades tienen memoria, aquello que está entre todas las ciudades lo tiene aún más. La marina, que era aquello comun en todas las islas, notaría todo lo que esta joven había realizado. Ataques a numerosos marines, omisión a una orden de la misma, destrucción de partes de la ciudad... todo eso no haría otra cosa más que aumentar el precio de su cabeza. Cabeza que ahora mismo permanecía oculta tras un abrigo robado hábilmente, lo suficiente para que nadie se diera cuenta y pasara de incógnito por los ojos de todo aquel que no tuviera la mirada suficientemente entrenada para ese tipo de artimañas, pero para mala suerte de Yuuki, aquella persona que la seguía de manera incesante sí tenía los ojos entrenados en sus persecuciones a piratas para este tipo de artimañas.
Apareció delante de ella de forma subita, de pronto no estaba y de pronto estaba. Cualquiera que mirara desde fuera sabria que en ese momento parecía sentenciar el camino de la pirata y ciertamente podría hacerlo, pero no fue así. Se llevó las manos a las caderas para colocar los brazos 'en jarra' delante de ella, haciendo que su ya imponente aspecto se marcara aún más. - Atiende a la reina mocosa. Me he cansado de correr detrás de ti y me ha gustado la forma en la que te deshiciste de esos marines, a veces incomodan demasiado mi trabajo ya sabes. Por lo que te propongo un trato, o más bien una apuesta - diría enfatizando lo último mientras abría la mano y mostraba la moneda que había en la misma. Se trataba de una moneda dorada que, a la distancia a la que se encontraba Yuuki, no podía ver bien la forma real de la misma.
- Lanzaré esta moneda al aire. Si sale cruz, bueno, digamos que tu suerte acaba aquí y ahora. Si sale cara, podrás irte de aquí y pasaré a buscar esa moneda en un futuro, en el cual me demostrarás que mereció la pena dejarte ir - diría antes de prepararse para lanzar la moneda al aire- ¿Aceptas? -Y sin siquiera esperar la respuesta, la lanzó.
Las acciones provocadas por Yuuki no pasarían desapercibidas en la ciudad. Si las ciudades tienen memoria, aquello que está entre todas las ciudades lo tiene aún más. La marina, que era aquello comun en todas las islas, notaría todo lo que esta joven había realizado. Ataques a numerosos marines, omisión a una orden de la misma, destrucción de partes de la ciudad... todo eso no haría otra cosa más que aumentar el precio de su cabeza. Cabeza que ahora mismo permanecía oculta tras un abrigo robado hábilmente, lo suficiente para que nadie se diera cuenta y pasara de incógnito por los ojos de todo aquel que no tuviera la mirada suficientemente entrenada para ese tipo de artimañas, pero para mala suerte de Yuuki, aquella persona que la seguía de manera incesante sí tenía los ojos entrenados en sus persecuciones a piratas para este tipo de artimañas.
Apareció delante de ella de forma subita, de pronto no estaba y de pronto estaba. Cualquiera que mirara desde fuera sabria que en ese momento parecía sentenciar el camino de la pirata y ciertamente podría hacerlo, pero no fue así. Se llevó las manos a las caderas para colocar los brazos 'en jarra' delante de ella, haciendo que su ya imponente aspecto se marcara aún más. - Atiende a la reina mocosa. Me he cansado de correr detrás de ti y me ha gustado la forma en la que te deshiciste de esos marines, a veces incomodan demasiado mi trabajo ya sabes. Por lo que te propongo un trato, o más bien una apuesta - diría enfatizando lo último mientras abría la mano y mostraba la moneda que había en la misma. Se trataba de una moneda dorada que, a la distancia a la que se encontraba Yuuki, no podía ver bien la forma real de la misma.
- Lanzaré esta moneda al aire. Si sale cruz, bueno, digamos que tu suerte acaba aquí y ahora. Si sale cara, podrás irte de aquí y pasaré a buscar esa moneda en un futuro, en el cual me demostrarás que mereció la pena dejarte ir - diría antes de prepararse para lanzar la moneda al aire- ¿Aceptas? -Y sin siquiera esperar la respuesta, la lanzó.
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