18-05-2026, 02:30 PM
A pesar de mostrarse impasible y profesional, el joven azabache no perdía detalle en lo que la joven reflejaba en su rostro, unas mejillas sonrojadas a las que ya estaba acostumbrado, algo que en este caso le hacía dudar entre el interés que ella sentía hacia él, o la vergüenza de su desnudez frente al hombre. Observaba su postura, buscando esconder su figura sin llamar la atención, sin considerar que se siente expuesta a pesar de lo evidente. Él no iba a importunarla, y mucho menos iba a gastar segundos de su pensamiento en pensar en lo que era ver a una mujer de bella figura en aquellas condiciones. Su misión era la misma, y eso no le hacía flaquear su entereza ni en el más ínfimo ápice.
Al entregar el atuendo y dejar que se cambiara comenzó a tomar sus materiales: pinceles de maquillaje, pintalabios, delineadores, correctores, ordenando todos y cada uno de ellos una vez más, buscando entre sus dedos el elemento correcto para comenzar su nueva obra. Fue entonces cuando la joven candidata salió del vestidor improvisado. Con un nuevo uniforme era mucho más sencillo mirarla sin parecer un aprovechado, y el trabajo podría realizarse sin mayor contratiempo.
Acercó sus pasos hacia la contraria, recortando la distancia hasta tenerla perfectamente al frente, observándola hacia abajo. La diferencia de altura no era un problema para él; en ningún momento le había resultado problemática, pero tenía que asegurarse.
—Por supuesto que no.—Respondió maldecido por aquella voz carente de emoción.—Eres marine, no un mono de feria ni una bailarina exótica. Aquí no se viene a demostrar tus habilidades fuera del trabajo, sino a demostrar lo que somos los marines.—Agarró la mano contraria con firmeza, sin ejercer fuerza más allá, impidiendo que aflojase el listón.—Las manos fuera de la ropa, ¿entendido? Ya tienes el uniforme perfectamente para la foto. Evitemos que vuelva a desaparecer por accidente.
No es que hubiese creído sus palabras, es que no le desea dedicar el tiempo a un debate que carece de sentido en esas circunstancias. No ha podido comenzar ni siquiera a maquillar, por lo que lejos de poder sentarse a tener una pequeña conversación, debe asegurar todos los pasos para que aquella candidata algo más hermosa que el resto pasase como una de sus mejores obras, especialmente entre tantísimo relleno que había dejado entrar a conciencia.
—Si aprieta entonces no he elegido la talla correcta. Tiene que quedar firme, no holgado, pero tampoco puede destacar mucho tu figura. La idea no es que se fijen en si eres o no una marine atractiva a la vista, sino una soldado con fuerza y entereza, orgullosa de pertenecer al cuerpo.—Comentó con naturalidad, comenzando a comprobar en la vestimenta contraria que todo estuviera en su sitio, sin generar tensión como tampoco arrugas.
Su cabello naranja le dió una idea para comenzar a trabajar, una idea sobre los colores a resaltar en sus mejillas junto con la profundidad de sus oscuros ojos. Aún así, no le ha dado ninguna pista de como van a proceder, por lo que debe asegurarse que la contraria esté de acuerdo antes de proceder.
—Lo que voy a hacer como ya te imaginarás es maquillarte, asegurarme que tus colores resaltan y no quede ni una imperfección sobre tu rostro para la foto. Naturalmente, si crees que hay alguna parte de tu cuerpo que se deba tapar con algo de color dímelo y lo trabajaremos juntos. ¿Hay algún color en particular que consideres que te quede mejor? Decidiré si creo que es el correcto, pero quiero también asegurarme que a la hora de hacer la foto estés contenta con el resultado.
Solo si le daba el consentimiento, una vez estuviese todo dicho, comenzaría con aquel proceso lento, natural y sereno, pudiendo entonces sí hablar con mayor calma si así ella lo deseaba.
Al entregar el atuendo y dejar que se cambiara comenzó a tomar sus materiales: pinceles de maquillaje, pintalabios, delineadores, correctores, ordenando todos y cada uno de ellos una vez más, buscando entre sus dedos el elemento correcto para comenzar su nueva obra. Fue entonces cuando la joven candidata salió del vestidor improvisado. Con un nuevo uniforme era mucho más sencillo mirarla sin parecer un aprovechado, y el trabajo podría realizarse sin mayor contratiempo.
Acercó sus pasos hacia la contraria, recortando la distancia hasta tenerla perfectamente al frente, observándola hacia abajo. La diferencia de altura no era un problema para él; en ningún momento le había resultado problemática, pero tenía que asegurarse.
—Por supuesto que no.—Respondió maldecido por aquella voz carente de emoción.—Eres marine, no un mono de feria ni una bailarina exótica. Aquí no se viene a demostrar tus habilidades fuera del trabajo, sino a demostrar lo que somos los marines.—Agarró la mano contraria con firmeza, sin ejercer fuerza más allá, impidiendo que aflojase el listón.—Las manos fuera de la ropa, ¿entendido? Ya tienes el uniforme perfectamente para la foto. Evitemos que vuelva a desaparecer por accidente.
No es que hubiese creído sus palabras, es que no le desea dedicar el tiempo a un debate que carece de sentido en esas circunstancias. No ha podido comenzar ni siquiera a maquillar, por lo que lejos de poder sentarse a tener una pequeña conversación, debe asegurar todos los pasos para que aquella candidata algo más hermosa que el resto pasase como una de sus mejores obras, especialmente entre tantísimo relleno que había dejado entrar a conciencia.
—Si aprieta entonces no he elegido la talla correcta. Tiene que quedar firme, no holgado, pero tampoco puede destacar mucho tu figura. La idea no es que se fijen en si eres o no una marine atractiva a la vista, sino una soldado con fuerza y entereza, orgullosa de pertenecer al cuerpo.—Comentó con naturalidad, comenzando a comprobar en la vestimenta contraria que todo estuviera en su sitio, sin generar tensión como tampoco arrugas.
Su cabello naranja le dió una idea para comenzar a trabajar, una idea sobre los colores a resaltar en sus mejillas junto con la profundidad de sus oscuros ojos. Aún así, no le ha dado ninguna pista de como van a proceder, por lo que debe asegurarse que la contraria esté de acuerdo antes de proceder.
—Lo que voy a hacer como ya te imaginarás es maquillarte, asegurarme que tus colores resaltan y no quede ni una imperfección sobre tu rostro para la foto. Naturalmente, si crees que hay alguna parte de tu cuerpo que se deba tapar con algo de color dímelo y lo trabajaremos juntos. ¿Hay algún color en particular que consideres que te quede mejor? Decidiré si creo que es el correcto, pero quiero también asegurarme que a la hora de hacer la foto estés contenta con el resultado.
Solo si le daba el consentimiento, una vez estuviese todo dicho, comenzaría con aquel proceso lento, natural y sereno, pudiendo entonces sí hablar con mayor calma si así ella lo deseaba.
