18-05-2026, 04:01 PM
Una vez reunidos en la entrada del pueblo, Apolo compartió primero lo que había averiguado. Relató su encuentro con Milka y el sheriff Colt, mencionando el duelo que tuvo con Pork después de seducir a la mink vaca. Según su relato, una decena de hombres de Nimda Leyos había tratado de llevarse a Milka durante la noche, y cuando fallaron, huyeron hacia un lugar llamado Lago Rubí. El sheriff había dado indicaciones de cómo llegar al lago, advirtiendo que estaba lejos para ir andando, por lo que necesitaríamos prepararnos bien. Karl fue la siguiente en hablar. Resumió brevemente su encuentro con Holly, el vaquero que les había ofrecido monturas después de que ella detuviera a su yegua. Luego mencionó que había interrogado a un tipo que le atacó, pero no fue rival para ella y Viktor. Karl dejó claro que no tenían que preocuparse más por ese pirata, aunque notó algo importante: el subordinado, ya fuera por miedo o por lealtad, no vendió a su jefe hasta el final. Viktor fue el último en hablar. Examinó la moneda con el tiburón grabado que yo había conseguido de Jack, observándola de cerca antes de lanzármela de vuelta con el pulgar a lo cual reaccione cogiéndola de vuelta con mi mano derecha y guardándola en uno de los bolsillos internos de mi gabardina, el más cercano al corazón. Según Viktor, la moneda podía ser un pase de entrada, un marcador para reclutamiento, o incluso una sentencia de muerte. Igual dejó en claro que quizás habría que mancharse las manos de sangre ese día, y que si alguien quería mantenerse en el lado del bien, no lo juzgaría. Por mi parte, asentí con la cabeza cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Estaba preparado para seguir adelante. Tras lo ocurrido con mi familia en el pasado, la sangre pirata no tenía valor para mí, aunque no lo dijera nunca en voz alta.
Luego de intercambiar información todos partimos en dirección al establo de Holly. El establo quedaba prácticamente a las afueras del oeste de la ciudad, un edificio de madera de diez metros de alto y treinta metros de ancho con un letrero que rezaba "Hol's Horses". A cada lado del establo emergían enormes vallas de madera de cuatro metros de altura, formando un redil circular de aproximadamente cincuenta metros de diámetro. Dentro podía ver, incluso desde la entrada, toda clase de caballos y yeguas de diversos colores y tamaños. Pasamos al interior del local, llegando a una pequeña sala de recepción lo suficientemente grande para los cuatro. Holly estaba sentado en una silla mecedora junto a la pared opuesta, con un cigarrillo sin encender entre los labios. Se levantó de golpe al vernos y nos dio una bienvenida acalorada. Karl ofreció cincuenta mil berries para que yo ayudara con la cena y preparáramos raciones para el viaje. Me señaló como gran cocinero a lo cual yo negué con un poco de vergüenza pues si bien me gustaba la cocina no estaba a la altura de aquellas palabras. Holly llamó a gritos a su hermano y para mi sorpresa Billy apareció desde una puerta lateral con un delantal rosa y nos reconoció inmediatamente. Los hermanos hablaron entre ellos sobre el duelo de Apolo con Pork, mis habilidades curativas, y cómo Karl había detenido a Epona. Holly finalmente declaró que le caíamos bien y nos regaló los caballos, instándonos a escoger y largarnos antes de que se arrepintiera.
Seguí a Billy por la puerta lateral hasta la cocina donde, tras conversarlo con Billy, decidimos que lo mejor sería preparar burritos para el viaje, pues eran fáciles de comer a caballo e igualmente fáciles de preparar en corto tiempo. En total armamos ocho burritos de carne con frijoles, dos para cada uno, envueltos en papel y metidos los ocho dentro de una bolsa de tela para transportarlos. Salí con la bolsa colgada del hombro izquierdo y recorrí los cinco metros del pasillo hasta el redil exterior donde Viktor, Karl y Apolo ya estaban allí observando los caballos. Karl había escogido un animal enorme rojo y negro con trenzas que llamó Paco. Como yo no sabía nada de caballos, pues nunca había montado en mi vida, sabia que lo ideal sería elegir uno tranquilo y obediente para lo cual acudí a la sabiduría de Holly. Me recomendó lo que el menciono era un Mustang, un caballo de complexión musculosa y elegante de color pardo con tonos dorados, crin y cola negras. Media aproximadamente un metro noventa de altura y se llamaba Spirit. Tras un curso básico sobre como montar sin caer en el camino, Holly me dijo que confiara en Spirit y no me preocupara, a lo que asentí sin estar del todo convencido. Antes de partir repartí los burritos, dos para cada uno, y guardé los míos en la gabardina. Me apoyé contra la valla y comí uno de pie acompañándolo con agua mientras los demás se preparaban. Cuando todos terminamos, nos despedimos de los hermanos Clyffo y partimos del establo rumbo al Lago Rubí.
Cabalgamos en formación lado a lado separados aproximadamente dos metros entre cada jinete. Viktor a la izquierda, luego Karl, yo en tercer lugar, y Apolo a la derecha. Spirit resultó ser tan dócil como Holly había prometido, ajustándose perfectamente a mi nula experiencia montando. Mi haki de observación se mantenía vigilante, expandido a cien metros y lo mantuve activo durante todo el trayecto, monitoreando nuestro entorno mientras atravesábamos el yermo. El paisaje era desolado, pero tenía una belleza extraña que era digna de admirar, con su tierra arcillosa rojiza extendiéndose en todas direcciones y el sol de fondo descendiendo lentamente hacia el horizonte pintando el cielo de naranjas y rojo. El calor era brutal y me obligaba a tomar agua entre ratos lo cual hacía con sumo cuidado para no caerme del caballo. Durante el trayecto tuve que calmar a Karl pues, como era de esperar, estaba perdiendo la calma por culpa del calor y el interminable recorrido – “Calma, come algo.” – le dije recordándole que tenía burritos para comer. El viaje tomó aproximadamente dos horas y para cuando por fin llegamos al Lago Rubí el sol estaba cerca del horizonte.
Bajé de Spirit con cierta torpeza, me acerqué a la cabeza del caballo y le acaricié el cuello – “Gracias” – le dije en voz baja al fiel animal, sacando una manzana que había guardado de las provisiones del establo la cual el caballo acepto con gusto. Mi haki de observación expandido a cien metros escaneo el área del lago y sus alrededores sin detectar nada a excepción de mis compañeros y los caballos. El agua del lago estaba completamente inmóvil. Caminé aproximadamente diez metros hacia la orilla observando el agua de cerca, pero sin tocarla. La concentración de sal era visible incluso a simple vista, cristales blancos acumulándose en los bordes, lo cual explicaba el misterio de la ausencia de vida en el mismo – “Para ser un lago, aquí no hay pez de agua dulce que sobreviva.” – le dije al equipo añadiendo – “Me huele a trampa. Si algo vivo entra en el lago seria detectado fácilmente.” – concluí volteando a ver a mis compañeros y alejándome de la orilla procurando no tocarla de ninguna forma. Fijándome en nuestros alrededores también observe, al igual que mis compañeros, dos antorchas plantadas en la orilla separadas cuatro metros entre sí, ambas a aproximadamente dos metros del borde del lago, ambas prendidas a pesar de la falta de vida, pero no tenía respuesta para aquel acertijo. Karl propuso acampar allí y hacer guardia por si veíamos algo sospechoso. Asentí y mantuve mi haki de observación expandido a cien metros. Nada se movía en el yermo. Solo nosotros, los caballos, y las dos antorchas ardiendo en silencio junto al lago muerto.
Luego de intercambiar información todos partimos en dirección al establo de Holly. El establo quedaba prácticamente a las afueras del oeste de la ciudad, un edificio de madera de diez metros de alto y treinta metros de ancho con un letrero que rezaba "Hol's Horses". A cada lado del establo emergían enormes vallas de madera de cuatro metros de altura, formando un redil circular de aproximadamente cincuenta metros de diámetro. Dentro podía ver, incluso desde la entrada, toda clase de caballos y yeguas de diversos colores y tamaños. Pasamos al interior del local, llegando a una pequeña sala de recepción lo suficientemente grande para los cuatro. Holly estaba sentado en una silla mecedora junto a la pared opuesta, con un cigarrillo sin encender entre los labios. Se levantó de golpe al vernos y nos dio una bienvenida acalorada. Karl ofreció cincuenta mil berries para que yo ayudara con la cena y preparáramos raciones para el viaje. Me señaló como gran cocinero a lo cual yo negué con un poco de vergüenza pues si bien me gustaba la cocina no estaba a la altura de aquellas palabras. Holly llamó a gritos a su hermano y para mi sorpresa Billy apareció desde una puerta lateral con un delantal rosa y nos reconoció inmediatamente. Los hermanos hablaron entre ellos sobre el duelo de Apolo con Pork, mis habilidades curativas, y cómo Karl había detenido a Epona. Holly finalmente declaró que le caíamos bien y nos regaló los caballos, instándonos a escoger y largarnos antes de que se arrepintiera.
Seguí a Billy por la puerta lateral hasta la cocina donde, tras conversarlo con Billy, decidimos que lo mejor sería preparar burritos para el viaje, pues eran fáciles de comer a caballo e igualmente fáciles de preparar en corto tiempo. En total armamos ocho burritos de carne con frijoles, dos para cada uno, envueltos en papel y metidos los ocho dentro de una bolsa de tela para transportarlos. Salí con la bolsa colgada del hombro izquierdo y recorrí los cinco metros del pasillo hasta el redil exterior donde Viktor, Karl y Apolo ya estaban allí observando los caballos. Karl había escogido un animal enorme rojo y negro con trenzas que llamó Paco. Como yo no sabía nada de caballos, pues nunca había montado en mi vida, sabia que lo ideal sería elegir uno tranquilo y obediente para lo cual acudí a la sabiduría de Holly. Me recomendó lo que el menciono era un Mustang, un caballo de complexión musculosa y elegante de color pardo con tonos dorados, crin y cola negras. Media aproximadamente un metro noventa de altura y se llamaba Spirit. Tras un curso básico sobre como montar sin caer en el camino, Holly me dijo que confiara en Spirit y no me preocupara, a lo que asentí sin estar del todo convencido. Antes de partir repartí los burritos, dos para cada uno, y guardé los míos en la gabardina. Me apoyé contra la valla y comí uno de pie acompañándolo con agua mientras los demás se preparaban. Cuando todos terminamos, nos despedimos de los hermanos Clyffo y partimos del establo rumbo al Lago Rubí.
Cabalgamos en formación lado a lado separados aproximadamente dos metros entre cada jinete. Viktor a la izquierda, luego Karl, yo en tercer lugar, y Apolo a la derecha. Spirit resultó ser tan dócil como Holly había prometido, ajustándose perfectamente a mi nula experiencia montando. Mi haki de observación se mantenía vigilante, expandido a cien metros y lo mantuve activo durante todo el trayecto, monitoreando nuestro entorno mientras atravesábamos el yermo. El paisaje era desolado, pero tenía una belleza extraña que era digna de admirar, con su tierra arcillosa rojiza extendiéndose en todas direcciones y el sol de fondo descendiendo lentamente hacia el horizonte pintando el cielo de naranjas y rojo. El calor era brutal y me obligaba a tomar agua entre ratos lo cual hacía con sumo cuidado para no caerme del caballo. Durante el trayecto tuve que calmar a Karl pues, como era de esperar, estaba perdiendo la calma por culpa del calor y el interminable recorrido – “Calma, come algo.” – le dije recordándole que tenía burritos para comer. El viaje tomó aproximadamente dos horas y para cuando por fin llegamos al Lago Rubí el sol estaba cerca del horizonte.
Bajé de Spirit con cierta torpeza, me acerqué a la cabeza del caballo y le acaricié el cuello – “Gracias” – le dije en voz baja al fiel animal, sacando una manzana que había guardado de las provisiones del establo la cual el caballo acepto con gusto. Mi haki de observación expandido a cien metros escaneo el área del lago y sus alrededores sin detectar nada a excepción de mis compañeros y los caballos. El agua del lago estaba completamente inmóvil. Caminé aproximadamente diez metros hacia la orilla observando el agua de cerca, pero sin tocarla. La concentración de sal era visible incluso a simple vista, cristales blancos acumulándose en los bordes, lo cual explicaba el misterio de la ausencia de vida en el mismo – “Para ser un lago, aquí no hay pez de agua dulce que sobreviva.” – le dije al equipo añadiendo – “Me huele a trampa. Si algo vivo entra en el lago seria detectado fácilmente.” – concluí volteando a ver a mis compañeros y alejándome de la orilla procurando no tocarla de ninguna forma. Fijándome en nuestros alrededores también observe, al igual que mis compañeros, dos antorchas plantadas en la orilla separadas cuatro metros entre sí, ambas a aproximadamente dos metros del borde del lago, ambas prendidas a pesar de la falta de vida, pero no tenía respuesta para aquel acertijo. Karl propuso acampar allí y hacer guardia por si veíamos algo sospechoso. Asentí y mantuve mi haki de observación expandido a cien metros. Nada se movía en el yermo. Solo nosotros, los caballos, y las dos antorchas ardiendo en silencio junto al lago muerto.
Resumen
Haki
Calor y Deshidratación

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