[Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas
#69
El mundo era un pañuelo, o en este caso, Risky Red lo era. El hermano de Billy, la víctima de los robos, se había puesto en medio del camino de Karl y Viktor y tenía la intención de ofrecernos monturas para llegar más rápido al lago. Pero lo que más llamó mi atención e hizo que me enfocase más en escuchar, fue cuando el Shichibukai mencionó que hablaríamos más tarde de las akuma no mi. Quizás, o seguramente, él sabía cosas que nosotros no y toda ayuda era bienvenida. Me crucé de brazos en cuanto mencionó la posibilidad de tener que mancharnos las manos de sangre. No me importaba. El bien y el mal siempre ha sido una línea muy difusa y que dependía de los ojos que la juzgasen. Y yo no era juez, ni pretendía serlo. Hasta ahora mi justicia creía en pagar siempre con la misma moneda, por lo que si había que borrar del mapa a esa gente, se borraría. Viktor pronto comenzó a elucubrar una hipótesis sobre el funcionamiento de la moneda y, como yo tampoco tenía nada que ofrecer, me pareció un buen comienzo por el que tirar.

Tras ello pusimos rumbo hacia el establo para conseguir provisiones. La experiencia de Mystoria nos había enseñado que en el Nuevo Mundo no podíamos ir como pollos sin cabeza y lo más sensato era siempre llevar comida y bebida. Tras echar un vistazo rápido al redil desde la lejanía, comencé a explorar el recinto con la mirada una vez entramos. Parecía un lugar humilde y rústico, nada destacable respecto al resto de arquitectura de la isla y en cuanto el tal Holly llegó a recibirnos, me mantuve callado con las manos en los bolsillos de mi pantalón. La única preocupación fue cuando el dueño del local llamó a su hermano y oí una voz familiar, Billy también vivía en esa casa y, con una risilla nerviosa que no pude controlar, esperaba que mi alter ego Helios Cabohausen no se desplomase en ese momento. — Con lo a gusto que estábamos en la taberna y el viejo Pork no pudo mantener su pistola bien guardadita ¡kakahaha! — afirmé ante los halagos de Billy. — no os preocupéis, pronto podréis vivir más tranquilos... los caballos sólo los queremos prestados, ¿me seguís?. — Finalicé mientras caminaba hacia el redil.

Analicé con un vistazo rápido a todos los caballos que había en el lugar. Que hubiese de todos los tipos y tamaños era impresionante, aunque me abrumaba no saber por dónde empezar, ya que nunca había cabalgado. En cuanto vi a mi primera víctima, me entró una risa floja y leve al mismo tiempo que me acercaba a ella. — Chicos, ¿creéis que con este caballo llegaré bien? ¡KAKAHAHA! — estaba subido en el caballo más pequeño de todo el redil, con los brazos en alto. El animal no debía de medir más de cincuenta centímetros, por lo que yo era cuatro veces más grande que él. — Titotiroriroritotiiro ♫— comencé a entonar una canción típica circense, hasta que empecé a notar un ligero temblor que me hizo bajarme del caballo rápidamente. — Aibá... — miré al pobre animal con una ligera preocupación. Parecía que mis cien kilos de peso y dos metros de altura todavía eran demasiado para él. — Mejor iré a por ese. — se me iluminó la mirada al ver a un caballo imponente. Era fuerte y negro como el tizón, con unos cabellos rojizos que parecían salir del mismo infierno. Despreocupado me acerqué a él por detrás y, pese a que mi haki detectaba que ese animal tenía muy malas pulgas, le di una palmada en una nalga riéndome. — ¡Tú ser...! — El caballo me propinó una fuerte coz en la parte superior de mi cuerpo, haciendo que toda mi cabeza y parte del pecho se desintegrase y volase en forma de arena. Descabezado, me giré lentamente hacia mis compañeros enseñándoles mi dedo pulgar derecho hacia arriba. — Está bien. Caótico e indomable... me recuerdas a mí — La arena volvió a mi torso dando forma a mi cuerpo y, rápidamente, salté encima del caballo agarrándolo por el cuello como si de un entrenamiento de jiu-jitsu se tratase. El animal trató zafarse de mí con movimientos fuertes, bruscos y secos durante un rato hasta que por fin se detuvo. — ¡Kakahaha! Te gané, soy el macho dominante y tú ahora te vendrás conmigo, ¿me sigues? — afirmé pegando mi frente con la suya, como si pudiese entenderme.

Una vez todos conseguimos nuestras monturas y las provisiones cocinadas por Fuguwu, partimos rumbo al lago. Yo no tenía ni idea de cabalgar, así que me limité a ir tumbado boca abajo sobre el lomo del inmenso caballo, como si fuese un trapo mojado, al mismo tiempo que indicaba a mis compañeros la forma de llegar al lago. Karl empezaba a perder la paciencia por el camino, ya que la verdad es que cabalgar por ese lugar era un poco aburrido. — Chicos, ¿cómo se supone que se navega con un caballo? ¿así? — me puse en pie encima del caballo, de lado y flexionando ligeramente mis rodillas como si de una tabla de surf se tratase. — ¡Cowabunga, kakahaha! — estiré los dedos pulgares y meñiques de mis manos con mi clásico hang loose. Seguramente esa no era la manera más efectiva de manejar un caballo pero al menos era más divertido. — En estos casos me vendría bien llevar encima un instrumento musical. — A petición de Karl aclaré mi voz. — Vem pra minha ala que hoje a nossa escola vai desfilar ♫ — Sin perder el equilibrio de pie sobre el caballo, una corriente de arena salió de mi mano derecha dándole forma a una guitarra. No sonaba, pero estaba metido en mi performance. — Vem fazer história que hoje é día de glória nesse lugar. Vem comemorar, escandalizar nimguém. Vem me namorar, vou te namorar também. Vamos pra avenida desfilar a vida, carnavalizar ♫ — Continué cantando el resto del camino, intentando hacerlo más ameno.

Cuando finalmente llegamos al lugar me bajé de mi amigo equino. Miré a todos lados notando como el sol cada vez se escondía más y más. No veía ni detectaba rastro de vida, sólo un enorme lago y dos extrañas antorchas. De mi interior saqué una cantimplora llena de agua y uno de los burritos que Fuguwu nos había preparado y que comencé a comer con tranquilidad tras acuclillarme sobre el terreno. La idea de Karl de acampar me parecía un buen plan después de que el sheriff me comentase que por la noche aumentaba la actividad criminal. — Yo sólo espero que si algo me tira ahí dentro estés atento Fugu. — dije riéndome entre dientes, después de que el Gyojin afirmase que todo le olía a una trampa. — ¿Alguna idea, Viktor? Tú conoces mejor a ese tiburón que nosotros. — finalicé mientras seguía comiendo con parsimonia. En ese momento yo estaba más perdido que un pulpo en un desierto.


Resumen

Bélico

Gastos

Calor

Karmas aplicados

Canción y referencia del caballo
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11653 + 0 = 11653
Energia: 7471 + 78 = 7549
Espiritu: 2819 + 0 = 2819


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RE: [Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas - por Apolo Bahía - 18-05-2026, 09:16 PM

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