19-05-2026, 03:33 AM
(Última modificación: 29-05-2026, 11:26 PM por Nyxara Archeron.)
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde
Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold
─ ♚ ─
El puerto de Samba se extendía frio, húmedo y ruidoso bajo la neblina del invierno; los marineros, comerciantes y pescadores movían las cajas, cargamentos y arrastraban las redes por la arena, con esa facilidad de quienes llevan toda una vida haciendo lo mismo. El aire que envolvía aquel lugar olía a pescado y sal, una mezcla pesada que entraba por las fosas nasales incluso para los que sus sentidos estuviesen atenuados, buscando adherirse al cuerpo, la ropa y la piel de los que allí se encontrarán.
Entre el muelle y el movimiento se alzaban los primeros y humildes puestos, esos que habían sido colocados allí de manera estratégica para tratar de cazar a todo aquel que bajara de los barcos antes que cualquier otro. Algunas mallas y lonas improvisadas intentaban proteger de esa llovizna fina los locales de comida y mercancías baratas propias de la isla, mientras algunos grupos aislados de hombres observaban los barcos y a las personas que bajaban de estos, con esa calma característica de quienes estaban esperando algo: trabajo, incautos, problemas o todo lo demás.
En medio de ese cuadro estaba la dueña de la carta de pie sobre las cajas apiladas, la pequeña figura como un faro en medio de la tempestad. El sonido de las botas de Nyx fue amortiguado contra la madera húmeda del puerto y, a medida que avanzaba hacia la pequeña, la mirada de la niña pareció dejar de recorrer el muelle con rapidez para fijarse en ella. La Archeron pudo notarlo, como esa expresión de cansancio que tenía hacía unos segundos atrás se rompía y, sin siquiera pensarlo, bajó de su torre de madera con un salto torpe para correr hacia ella – ¿Nyssa? – Preguntó con esa extraña mezcla de esperanza y temor, como si temiera que esa respuesta pudiese romper algo más preciado. A través del mar de sus ojos, Nyx sostuvo su mirada, y, con un solo asentimiento de cabeza basto para el cambio: la sonrisa de la niña apareció ahí, demasiado brillante, demasiado amplia para el cansancio que había visto antes.
Entre el muelle y el movimiento se alzaban los primeros y humildes puestos, esos que habían sido colocados allí de manera estratégica para tratar de cazar a todo aquel que bajara de los barcos antes que cualquier otro. Algunas mallas y lonas improvisadas intentaban proteger de esa llovizna fina los locales de comida y mercancías baratas propias de la isla, mientras algunos grupos aislados de hombres observaban los barcos y a las personas que bajaban de estos, con esa calma característica de quienes estaban esperando algo: trabajo, incautos, problemas o todo lo demás.
En medio de ese cuadro estaba la dueña de la carta de pie sobre las cajas apiladas, la pequeña figura como un faro en medio de la tempestad. El sonido de las botas de Nyx fue amortiguado contra la madera húmeda del puerto y, a medida que avanzaba hacia la pequeña, la mirada de la niña pareció dejar de recorrer el muelle con rapidez para fijarse en ella. La Archeron pudo notarlo, como esa expresión de cansancio que tenía hacía unos segundos atrás se rompía y, sin siquiera pensarlo, bajó de su torre de madera con un salto torpe para correr hacia ella – ¿Nyssa? – Preguntó con esa extraña mezcla de esperanza y temor, como si temiera que esa respuesta pudiese romper algo más preciado. A través del mar de sus ojos, Nyx sostuvo su mirada, y, con un solo asentimiento de cabeza basto para el cambio: la sonrisa de la niña apareció ahí, demasiado brillante, demasiado amplia para el cansancio que había visto antes.
Porque eso, exactamente eso, había sido lo primero que notó la mujer. No fue la emoción, ni el brillo en la mirada, sino ese cansancio debajo de esos ojos jóvenes de color miel, uno que no debería estar en ese rostro. El cuerpo delgado, las piernas con algunos moretones, la ropa gastada y el cabello ligeramente enredado – Creí que no vendrías – admitió juntando las manos sobre la tela roja que aun sostenía – Pensé que la carta se habría perdido…o que nadie querría volver a ayudar – y fue la forma en que lo dijo, la que ocasionó que algo en el pecho de Nyx se tensara.
Un eslabón más, a esa pesada cadena.
– Pero viniste – lo dijo con rapidez, como si necesitara aferrarse a esa idea y…repentinamente eso fue más personal de lo que la Archeron hubiese deseado – juntas podemos encontrar a Eli – Antes de que Nyx pudiese hacer cualquier tipo de movimiento, la niña tomó su mano – Ven, te mostraré donde vi a Eli la última vez –
Permitió el contacto a penas unos pasos antes de notar el peso incómodo de aquello, siendo esa mezcla de inquietud y angustia la que anidó en su pecho con facilidad al darse cuenta la rapidez en que esa pequeña confiaba y creía en ella. A pesar de que nunca la hubiese visto ¿no lo habría aprendido de sus padres? … ¿si quiera?... Intento no pensar en ello, intento no presionar con sus dedos finos la mano que la sostenía – Espera…Sara ¿verdad? – la niña asintió con energía y la observó atenta con esos grandes ojos de color miel.
La Archeron guardo silencio a penas un instante, como si esa fracción de tiempo fuese necesaria para buscar la llave correcta de un cofre demasiado oxidado y olvidado dentro de sí misma. Cuando al fin hablo otra vez, su voz había perdido parte de aquel filo orgulloso que solía envolver cada una de sus palabras y acciones sobre quien tuviese la desdicha de cruzarse en su camino – No deberías confiar tan rápidamente en alguien que nunca has visto – Sara parpadeó buscando darle sentido a lo que la mujer frente a ella le decía, y el cuestionamiento, ese “¿Por qué?”, llegó inmediato.
Nyx descendió hasta quedar a su altura y el gesto nuevamente se sintió extraño, como si hubiese olvidado hace mucho tiempo la manera correcta de suavizar la voz o a si misma, frente a otro – Por qué no todos los adultos dicen la verdad – la pequeña frunció el ceño ligeramente, como si esa acción le ayudase a procesar las palabras – Pero tú eres Nyssa – replicó con una lógica tan simple que casi dolía – Te pareces a la Nyssa que imaginé y …respondiste mi carta – Nyx asintió – Tú sabes que soy esa persona por mi respuesta en la carta, pero siempre debes asegurarte que la gente sea lo que dice ser – y quizás ahí, justo ahí, había dicho demasiado de sí misma.
La pequeña bajó la mirada un instante, como si ese simple gesto fuera necesario para comprender la idea – ¿Entonces…tú también desconfías de mí? – la pregunta tan transparente en esa expresión de color miel, la tomó totalmente desprevenida. Una acción que ni un adulto del triple de su tamaño y peso podría presumir y fue, solo un segundo, en el que sostuvo su mirada antes de negar suavemente – Desconfiar… no significa tratar mal a otros, Sara – explicó con una paciencia que no utilizaría en público – Significa aprender a cuidarte hasta saber a quién tienes al frente – Sara pensó en ello con una seriedad que no era propia de una niña – Mamá también decía algo parecido – la niña la observo con una renovada determinación – Pero yo sí creo que eres Nyssa, porque viniste –
Eso que se había tensado en el pecho de Nyx ante la afirmación de Sara, solo había añadido un eslabón a sus peores noches.
El gesto fue suave, casi imperceptible, cuando el suspiro escapó de los labios carmesí. No ganaría esa partida – Háblame de Eli mientras caminamos – Nyx no tenía hambre y podría haber caminado bajo la llovizna sin problemas por varias horas, pero la delgadez en ese cuerpo tan pequeño… Sara tiro de su abrigo al momento que comenzó a caminar – Ha sido todo muy extraño, los adultos dicen que son las sirenas que se los están llevando, pero yo no creo eso, yo creo que alguien se llevó a Eli y a los otros niños – La Archeron alzó las cejas – ¿Otros niños del pueblo? – Sara negó – El hombre de la cantina que siempre huele mal, llegó aquí después que se perdiera Eli, decía que también estaba buscando a su hijo…ahora no dice nada –
Nyx guardo esa nueva información mientras el puerto seguía rugiendo a su alrededor entre las voces, las cajas, las redes, el sonido de los barcos contra el muelle y las palabras de Sara. No le fue ajena la forma en que ciertas miradas comenzaban a seguirlas por demasiado tiempo para su gusto. Un grupo de tres hombres apoyado cerca de uno de los barriles observó a la niña y luego a ella, mientras avanzaban hacia lo que parecía un lugar para comer – Mira eso…la bastarda de Kyoshi encontró otra escolta – soltó una risa baja una vez que ellas pasaron frente a ellos – Y vaya escolta – murmuro otro, aquel que estaba a la derecha, mientras descendía la mirada sin disimulo por la silueta de la mujer bajo el abrigo oscuro – Apostaría que lleva más dinero que los tres juntos –
El tercero escupió al piso tabaco molido con algo más – ¿Volvemos a espantar la escolta? – el primero asintió – La enana siempre trae algo – los otros dos rieron bajo, como si rememoraran entre todos, una acción de la que estuvieran orgullosos – Cree que mientras más pague, más posibilidades tiene que le devuelvan al hermano – El silencio fue breve, uno que delataba la costumbre de esa dinámica – Hace dos semanas lloraba igual por la otra cría – el que estaba al centro del grupo, lo observo – ¿la rubia? –
El tercero negó lentamente – No, la que tenía los ojos rojos – el silencio volvió a acomodarse, esta vez, el que estaba a la derecha avanzo primero – Ah…si, por esa si habrían pagado bien – las risas bajas no tardaron en aparecer mientras los tres se encaminaban detrás de la niña y la mujer que habían fijado como blanco – Todos saben para que se los llevan, no son los primeros, ni la primera isla donde pasa – el tercero volvió a masticar esa mezcla de tabaco con algo más que acababa de sacar de su bolsillo – y los tontos siguen creyendo que el mar le devolverá a sus hijos –
Léeme
