19-05-2026, 11:53 AM
Había habido unas palabras durante nuestra huida que había pasado por alto. Unas que, sin duda, me traerían problemas a futuro. Sin embargo, no eran nada tan irritante como la maldita coletilla que me dedicó Kiyoshi antes de entrar por la ventana que había abierto. ¿En qué momento le habría dado yo señas de tanta falta de inteligencia? No es como si fuera el menos inteligente de la tripulación, ¿no? Tampoco es que Kiyoshi fuese una eminencia. Al menos, mi plan nos quitaba a esa banda de brutos de nuestra estela.
Me deslicé dentro del edificio. Cerré la ventana, con cuidado de no hacer demasiado ruido. Entramos a lo que parecía ser una sala bastante modesta. No me extrañó en exceso, pues llevaba días pensando en si habría una buena manera de ganarse la vida en una isla llena de brutos como aquella. Los pocos civiles que aún estuvieran encerrados en este callejón sin salida, debían subsistir a base de las pocas ganancias que les quedasen tras afrontar saqueos, destrozos y las deudas contraídas con piratas usureros. Aunque no tenía demasiadas cosas, no había duda de que la vivienda estaba habitada. Todo parecía ordenado y limpio. Un buen lugar para escondernos mientras las voces de nuestros perseguidores mostraban sus dudas y temores.
—Sí, será mejor esperar a que esos brutos se marchen y buscar una ruta tranquila para volver. No me gustaría ver de qué sería capaz esa peliverde si llega a atraparme.
Un escalofrío recorrió mi espalda al recordar el tacto de su rostro junto al mío y las insinuaciones que había hecho. ¿Quién podría sentirse atraído por alguien así? Desde luego, yo no. Eso me hizo recordar una cosa.
—Oye, Kiyoshi. No te pregunté qué tipo de mujeres te...
Mi cuerpo se tensó. No pude acabar la frase. Dentro de aquella casa había alguien. Por las paredes resonaba la voz de una mujer que se acercaba. Intenté girarme en busca de un rincón en el que esconderme. Para alguien como yo, cualquier pequeña rendija serviría. Bajo una mesa, junto a una alacena o incluso detrás de la puerta. Sí ese sería el mejor sitio. Tan pronto como entrase aquella mujer, me escabulliría por la puerta sin levantar sospechas, con todo el sigilo del que soy capaz. Me dispuse a avanzar uno de mis pies, cuando sentí un par de manos en mi espalda que me empujaron hacia la puerta. Maldito Dichoshi... Me la había jugado. Me había lanzado contra el peligro. Ahora mi cuerpo se sentía agarrotado, mi mente embotada, sin capacidad de reacción. ¿Cómo se tomaría aquella mujer que nos hubiéramos colado en su casa? Tan solo pareceríamos un par de vulgares ladrones, de esos que no debían escasear en esta isla. Miré a mi alrededor una y otra vez. Debía haber algo con lo que poder librarnos de esta situación. O tal vez podría hacer uso de las habilidades de mi akuma no mi para dejarla fuera de juego y así poder escapar. No, no podía meternos en más líos. Además, aquella mujer no tenía ninguna culpa de lo que había pasado en la cantina. Tenía que encontrar una manera de hacer frente a esta situación, de pasar desapercibido hasta que pudiéramos escapar. Mis piernas parecían bloqueadas por los nervios. ¿Acaso ahora íbamos a ser acusados de allanamiento?
Di un nuevo vistazo a mi alrededor. Eso era. Ya había encontrado una manera de escapar de esa situación. ¿Sería este otro de mis famosos momentos de lucidez? Aproveché los últimos instantes para agarrar el mantel de ganchillo que había sobre la mesa y echarlo sobre mi cabeza. Dejé el cuerpo recto, con firmeza. Casi como de una columna se tratase. Estaba dispuesto a parecer parte de la decoración. Una lámpara de pie. Una de esas que parece una estatua, digna del propio Hércules. Mis brazos pegados al torso con fuerza. Mis piernas rectas como pilares. La respiración contenida mientras oía los últimos pasos de la mujer que se dirigía hacia nosotros. Todo yo listo para salir corriendo en cuanto tuviese la más mínima oportunidad.
Me deslicé dentro del edificio. Cerré la ventana, con cuidado de no hacer demasiado ruido. Entramos a lo que parecía ser una sala bastante modesta. No me extrañó en exceso, pues llevaba días pensando en si habría una buena manera de ganarse la vida en una isla llena de brutos como aquella. Los pocos civiles que aún estuvieran encerrados en este callejón sin salida, debían subsistir a base de las pocas ganancias que les quedasen tras afrontar saqueos, destrozos y las deudas contraídas con piratas usureros. Aunque no tenía demasiadas cosas, no había duda de que la vivienda estaba habitada. Todo parecía ordenado y limpio. Un buen lugar para escondernos mientras las voces de nuestros perseguidores mostraban sus dudas y temores.
—Sí, será mejor esperar a que esos brutos se marchen y buscar una ruta tranquila para volver. No me gustaría ver de qué sería capaz esa peliverde si llega a atraparme.
Un escalofrío recorrió mi espalda al recordar el tacto de su rostro junto al mío y las insinuaciones que había hecho. ¿Quién podría sentirse atraído por alguien así? Desde luego, yo no. Eso me hizo recordar una cosa.
—Oye, Kiyoshi. No te pregunté qué tipo de mujeres te...
Mi cuerpo se tensó. No pude acabar la frase. Dentro de aquella casa había alguien. Por las paredes resonaba la voz de una mujer que se acercaba. Intenté girarme en busca de un rincón en el que esconderme. Para alguien como yo, cualquier pequeña rendija serviría. Bajo una mesa, junto a una alacena o incluso detrás de la puerta. Sí ese sería el mejor sitio. Tan pronto como entrase aquella mujer, me escabulliría por la puerta sin levantar sospechas, con todo el sigilo del que soy capaz. Me dispuse a avanzar uno de mis pies, cuando sentí un par de manos en mi espalda que me empujaron hacia la puerta. Maldito Dichoshi... Me la había jugado. Me había lanzado contra el peligro. Ahora mi cuerpo se sentía agarrotado, mi mente embotada, sin capacidad de reacción. ¿Cómo se tomaría aquella mujer que nos hubiéramos colado en su casa? Tan solo pareceríamos un par de vulgares ladrones, de esos que no debían escasear en esta isla. Miré a mi alrededor una y otra vez. Debía haber algo con lo que poder librarnos de esta situación. O tal vez podría hacer uso de las habilidades de mi akuma no mi para dejarla fuera de juego y así poder escapar. No, no podía meternos en más líos. Además, aquella mujer no tenía ninguna culpa de lo que había pasado en la cantina. Tenía que encontrar una manera de hacer frente a esta situación, de pasar desapercibido hasta que pudiéramos escapar. Mis piernas parecían bloqueadas por los nervios. ¿Acaso ahora íbamos a ser acusados de allanamiento?
Di un nuevo vistazo a mi alrededor. Eso era. Ya había encontrado una manera de escapar de esa situación. ¿Sería este otro de mis famosos momentos de lucidez? Aproveché los últimos instantes para agarrar el mantel de ganchillo que había sobre la mesa y echarlo sobre mi cabeza. Dejé el cuerpo recto, con firmeza. Casi como de una columna se tratase. Estaba dispuesto a parecer parte de la decoración. Una lámpara de pie. Una de esas que parece una estatua, digna del propio Hércules. Mis brazos pegados al torso con fuerza. Mis piernas rectas como pilares. La respiración contenida mientras oía los últimos pasos de la mujer que se dirigía hacia nosotros. Todo yo listo para salir corriendo en cuanto tuviese la más mínima oportunidad.
