19-05-2026, 07:08 PM
El verdugo eterno miraría al pirata entrar a lo que él consideraba su dominio sagrado. Y cuando habló, el pirata notaría que la cabeza del hombre enmascarado no se movía ni un solo centímetro, pero sí que lo hacía el dedo índice de su mano izquierda. El dedo se movía de forma rápida y hacía círculos y figuras en el aire mientras el resto de la mano se mantenía quieta. Hubo bastante silencio mientras el movimiento del dedo se daba. ¿Qué podía estar pasando por la mente del verdugo eterno? Quizás no mucho. Pues tampoco es que fuera una persona que hablara mucho o que pensara mucho. Era un verdugo. Alguien con un solo oficio. Y el Obispo Justin Case le había dado una orden que no distaba mucho de lo que normalmente hacía para la Fe.
Luego de unos veinte o treinta segundos de completo silencio, el verdugo se pondría de pie. Pondría el pergamino sobre el trono de piedra y soltaría un suspiro que sería audible para Dharma. Se podía sentir que había alguien vivo bajo la armadura, y por la forma del suspiro, parecía ser alguien fuerte. Y bueno, para portar una armadura como la que llevaba, no podía darse el lujo de tener debilidades notorias.
—El pirata Dharma. Por su cabeza, el Gobierno Mundial ofrece una recompensa de ciento treinta millones de berries. —Dijo en un tono neutro—. Ese eres tu. Te presento en este sacro lugar, ya que has pedido mi nombre. No pides nombre sin haber dado el tuyo primero... pero tienes suerte de que te conozcamos, Dharma.
Era lo más que iba a decir en conjunto. Se sentía agotado de hablar tanto, incluso. Pero le era necesario para la misión que el Obispo le había encargado. Ahora mismo se arrepentía de no haber llevado consigo alguno de los monaguillos, para que se encargara de hacer toda la introducción ante el pirata aquél. Pero luego recordaba que no era por el entendimiento de Dharma por lo que lo buscaban, sino por su habilidad con la espada y su potencia en el combate. Así que iba a hablar de otra forma.
—Serás probado. El Penitente dijo que eras fuerte... yo, el Verdugo, tendré que comprobarlo.
Y dicho aquello, tomó su propia espada que estaba a un lado. Era una pieza de metal enorme, de su propio tamaño, pero el hombre aquél parecía poder manejarla sin problemas. Empuñándola entonces con ambas manos, no quiso dar más tiempo a Dharma, pues ya antes le había dado un discurso largo como para que tuviera la oportunidad de desenvainar por su cuenta. Atacaría entonces, avanzando primero con un tajo descendiente de su espada en una diagonal que iba desde la izquierda a la derecha; y mientras el filo bajaba, detrás de este movimiento iba el acercamiento, con pasos largos. El ataque iría a gran velocidad, a todo lo que podría dar el verdugo con un tajo sin más. Pero, por supuesto, era el movimiento de prueba.
Y luego de lograr dañar a Dharma con este ataque cortante, el Verdugo lanza un segundo ataque inmediatamente. Aunque este no es un tajo. Rapidamente suelta la mano izquierda de la espada y agarra el escudo que lleva en su espada, lanzando ahora un ataque con este, empujando al frente un metro como si fuera una embestida, aunque sin soltar el mandoble de la mano derecha. Este ataque era mucho más complejo que el anterior, y a diferencia del primero, parecía que cargaba con la verdadera intención de dañar a Dharma.
Luego de unos veinte o treinta segundos de completo silencio, el verdugo se pondría de pie. Pondría el pergamino sobre el trono de piedra y soltaría un suspiro que sería audible para Dharma. Se podía sentir que había alguien vivo bajo la armadura, y por la forma del suspiro, parecía ser alguien fuerte. Y bueno, para portar una armadura como la que llevaba, no podía darse el lujo de tener debilidades notorias.
—El pirata Dharma. Por su cabeza, el Gobierno Mundial ofrece una recompensa de ciento treinta millones de berries. —Dijo en un tono neutro—. Ese eres tu. Te presento en este sacro lugar, ya que has pedido mi nombre. No pides nombre sin haber dado el tuyo primero... pero tienes suerte de que te conozcamos, Dharma.
Era lo más que iba a decir en conjunto. Se sentía agotado de hablar tanto, incluso. Pero le era necesario para la misión que el Obispo le había encargado. Ahora mismo se arrepentía de no haber llevado consigo alguno de los monaguillos, para que se encargara de hacer toda la introducción ante el pirata aquél. Pero luego recordaba que no era por el entendimiento de Dharma por lo que lo buscaban, sino por su habilidad con la espada y su potencia en el combate. Así que iba a hablar de otra forma.
—Serás probado. El Penitente dijo que eras fuerte... yo, el Verdugo, tendré que comprobarlo.
Y dicho aquello, tomó su propia espada que estaba a un lado. Era una pieza de metal enorme, de su propio tamaño, pero el hombre aquél parecía poder manejarla sin problemas. Empuñándola entonces con ambas manos, no quiso dar más tiempo a Dharma, pues ya antes le había dado un discurso largo como para que tuviera la oportunidad de desenvainar por su cuenta. Atacaría entonces, avanzando primero con un tajo descendiente de su espada en una diagonal que iba desde la izquierda a la derecha; y mientras el filo bajaba, detrás de este movimiento iba el acercamiento, con pasos largos. El ataque iría a gran velocidad, a todo lo que podría dar el verdugo con un tajo sin más. Pero, por supuesto, era el movimiento de prueba.
Y luego de lograr dañar a Dharma con este ataque cortante, el Verdugo lanza un segundo ataque inmediatamente. Aunque este no es un tajo. Rapidamente suelta la mano izquierda de la espada y agarra el escudo que lleva en su espada, lanzando ahora un ataque con este, empujando al frente un metro como si fuera una embestida, aunque sin soltar el mandoble de la mano derecha. Este ataque era mucho más complejo que el anterior, y a diferencia del primero, parecía que cargaba con la verdadera intención de dañar a Dharma.
Una nueva generación, una nueva usurpación

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)