La Mascarada de la Viuda Negra [Presente Relativo - T3] [Priv. Ryota]
#1
Isla Neur
Día 70 de Otoño, Año 17
5:50 a.m.



Como todos los días, madrugó; sin embargo, esta vez no se limitó a pasear por la plaza central ni a dar una caminata por el borde costero, como la dama de sociedad que decía ser, no.

Hoy se deslizó con gracia por los sectores menos elegantes de la isla, moviéndose entre edificios viejos y tabernas de mala muerte, aunque, había algunas más decentes que otra, pero…¿Por qué? Bueno, todo era cuestión de orgullo.

Verán, muchas de las personas importantes y adineradas de la Isla Neur hablan de la gala de la noche: ¡Un baile de máscaras! Único, exclusivo, un sitio perfecto para hacer alianzas, cerrar pactos, conseguir influencias y, por supuesto, competir, económicamente, por la “Viuda Negra” … ¿Qué es? Se preguntarán. Simple, un enorme diamante de tonos oscuros que será subastado en la Gran Gala en el Hotel Domus Aurea. Es el premio mayor. Una muestra de poder.

Sin embargo, de entre todas las personas, hay una a la que, en especial, no le hace gracia que se subaste tan fina piedra: Mademoiselle Agelena, es decir, el ave madrugadora que se entremezcla ahora con la población más…sencilla…de la isla.

La joven dama se siente indignada. Sí, esa es la mejor palabra para describir lo que siente: Indignación…Ese diamante debía ser suyo y de nadie más… ¿Cómo es que iban a subastarlo? No podía permitirlo; sin embargo, armar escándalos no era lo suyo. Ella siempre tejía sus hilos en las sombras.

Por eso, una semana antes, desde que se enteró de la subasta del diamante, supo que tenía que hacer algo. Habría actuado enseguida si fuera más explosiva, pero tuvo la precaución de armar todo con calma, de investigar como podía meterse a aquel baile y dar con el diamante sin tener que pagar por algo que le pertenecía desde antes de que se les ocurriera armar todo este espectáculo.

Investigó.

La marina no la ayudaría, el gobierno mucho menos, el bajo mundo era engañoso y los revolucionarios, que se supone ayudan a los civiles, tal vez no estarían muy interesados en su “causa”, a ellos les va mar liberar esclavos y esos asuntos poco elegantes…entonces, solo una opción le quedaba: piratas.

Estuvo varios días analizando la isla, leyendo periódicos, enviando a sus fieles lacayos a averiguar lo que pudieran de entre los mundos criminales y ¡Por fin! El día anterior, tuvo la suerte de encontrar a un buscado pirata que seguro haría el trabajo por ella. Solo tenía que convencerlo.

Ahora, su vestido blanco, cubierto con una capucha de un oscuro tono chocolate, se confundía con la arena de los caminos que estaban cercanos a las costas más humildes y, entonces, se detuvo frente a la puerta de lo que parecía un hostal. Se asomó por las ventanas cristalinas, dentro se podía observar una cafetería casi vacía, de no ser por un cantinero cansado y un par de hombres más y, entre ellos, uno que se le hacía conocido.

Agelena desenrolló un trozo de papel que llevaba entre sus manos y, entonces, vio la foto de un joven de cabellos despeinados, en la parte de abajo se leía, con letras grandes, su nombre: Ryota Miyamoto y, más abajo, una cifra numérica que alcanzaba los 170 millones de berries. La mujer, cuyo rostro lozano estaba cubierto con su capucha, sonrió, aunque el gesto quedó oculto tras las sombras de la tela. Había encontrado a quien buscaba.

Al traspasar la puerta, la campanilla de la entrada y el chirrido de las bisagras anunciaron su llegada. El cantinero se tensó al ver la figura cubierta de pies a cabeza y empezó a rebuscar algo bajo la barra hasta que la mujer se quitó la capucha de encima y reveló unos llamativos rizos rojizos y un rostro juvenil que encantaría a casi todos. El hombre suspiró con calma, creía haberla visto antes, pero no podía recordar donde, sea como sea, ya no se veía como una amenaza, así que le dio la bienvenida y le ofreció una mesa que ella negó con su cabeza.

—Vine a ver a alguien en especial —. Sus delicados dedos señalaron a una mesa en específico, justo en donde el pirata estaba sentado y, sin esperar más, la chica se movió con gracia hasta sentarse frente a él, sin saludar ni pedir permiso.
 
—Espero que no le moleste un poco de compañía esta mañana, Miyamoto Ryota —. Colocó el cartel en la mesa, de modo que la cifra que pagaban por la cabeza del hombre quedara justo frente a él, pero procurando que ni el cantinero ni el otro hombre, que estaba sentado al otro lado del salón, pudieran leer lo escrito. —¡Oh! Por favor, no se preocupe, no es una amenaza ni nada por el estilo, al contrario, he estado buscándolo para proponerle un negocio por el que le pagaré exactamente la suma que están pagando por usted.
 
La pelirroja quitó el cartel de la mesa y volvió a enrollarlo, todo sin despegar su mirada del hombre, atenta a cualquier gesto que ella pudiera leer como “peligroso”. Necesitaba saber si era el ideal para cumplir con lo que ella buscaba o si debía buscar a alguien más antes de las 8:00 de la noche.
 
—¡Oh! Pero que vergüenza. Me he pasado de maleducada, ni siquiera me he presentado —. Extendió su mano, no para saludar de un apretón, si no esperando un gesto más nobiliario, un saludo de princesa, tal vez. —Puede llamarme Mademoiselle Agelena.
 
Esperó a que el le respondiera o, quizá no, pero no pasaron más que un par de segundos para que la chica empezara a hablar de nuevo. No quería verse desesperada, pero…lo cierto es que lo estaba, aunque su voz sonara tranquila.
 
—No se pregunte como lo he encontrado, no soy de la marina ni del gobierno, tranquilo…soy una ciudadana común y corriente que se ha visto en la necesidad de proponerle un negocio a un pirata. Esto no es una trampa, aun así, supongo que estas en tu derecho a rechazarme cuando te cuente porque he venido —. Hizo una pausa mientras que sus dedos jugueteaban con el borde de un plato de cerámica que estaba sobre la mesa. —Supongo que al llevar un tiempo en esta isla habrá escuchado sobre el baile de máscaras de esta noche y sobre el diamante que estarán subastando: La viuda negra.
 
Se cayó para crear dramatismo o, tal vez, solo para que el otro tuviera tiempo de responderle, pero en cuanto obtuvo una reacción, prosiguió con su diálogo.
 
—Y…yo…yo no puedo dejar que lo subasten. Sé que usted es un capitán pirata… ¿Debo pedir “parley” para que acepte mi propuesta? —. De nuevo, ella no esperó por una respuesta, siguió hablando sin dar margen a nada más. —Necesito esa piedra ¿Sabe? Era de mi familia ¡Y la han robado vilmente? Pero soy una dama, no puedo hacer escándalos y el resto de mi gente parecen muy cómodos con la idea de que nos humillen subastando algo que nos ha pertenecido por generaciones…La marina apoya el evento, incluso sé que estarán custodiando, por eso no puedo pedirles ayuda, pero…supongo que robar una joya no sería problema para un pirata reconocido ¡Es la única salida que tengo para que me devuelvan lo que debe ser mío! —. Dejó caer la frase con la esperanza de obtener una respuesta positiva.
 
—Es un baile de máscaras. El tema son insectos y arácnidos, así que no debe preocuparse por su rostro. Como es un evento exclusivo yo me encargaría de conseguir la invitación y en ella estará escrito su código de vestimenta y el insecto del que debe llevar una máscara…por la ropa no se preocupe, puedo conseguirle algo elegante y no tan…marino —dijo eso último mientras miraba al hombre de arriba abajo. —Creo que también debería conseguirle un estilista para peinar su cabello y hacerlo menos reconocible —. Creyó haber pensado eso, pero en verdad lo dijo en voz alta.
 
—Entonces… ¿Qué dice? ¿Aceptaría robar lo que me pertenece por mí? Dicen que ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón, así que…estaría perdonado de muchos crímenes si ese es el caso —. La mujer chasqueó los dedos y, antes de que el cantinero se acercara, señaló la taza de café que tenía el pirata frente a ella. No tuvo que decir más para que el hombre entendiera que la chica quería tomar lo mismo. Asintió y se retiró antes de que la mujer volteara su rostro para mirar de nuevo a Ryota.
 
—Si acepta, le traeré todos los detalles que necesite antes del mediodía. Ropa nueva, la máscara y, lo más importante, la invitación y un mapa de la planta baja del hotel en el que será el evento —dijo con más confianza y un brillo malicioso en sus ojos verdes. —¡Ah! Lo olvidaba…sí, le pagaré 170 millones por este trabajo…¿Le parece suficiente, Monsieur Miyamoto?



Invitación al Baile
[Imagen: hyakocheja.png]


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La Mascarada de la Viuda Negra [Presente Relativo - T3] [Priv. Ryota] - por Hyákinthos - 20-05-2026, 02:20 AM

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