20-05-2026, 03:26 PM
Aquel joven capitán escuchó con atención. La cueva resonaba con los ecos de las palabras firmes de la mujer en ropa interior, y aún así el hombre no podía sino sentir un verdadero respeto y miedo por la mujer que tenía enfrente. Cincuenta hombres derrotados no era algo que hubiese logrado hacer todo el mundo, y en aquel momento él sólo podía intentar hablar sin que se desmayase en el proceso.
Mencionas las veinticuatro horas, y sin pensarlo mucho, asiente con efusividad como si aquello fuese la oportunidad de su vida, un regalo de una diosa benevolente que parecía estar dispuesta a hacer la vista gorda por...¿mineros ilegales? Bien, sin duda, ese era su momento.
—N-no son excusas, ¡lo prometo!—Desconoces si miente, pero una vez más, su miedo es suficiente como para preguntarte si sería capaz de ofrecerte falsas verdades en un momento como este.—¡D-de acuerdo! N-no hay problema. En cuanto mis hombres se despierten nos iremos de aquí. ¡M-muchas gracias, señorita Kagura! ¡Le aseguro que no la olvidaré!
Finalmente, tras notar como decides marcharte casi sin darle ninguna opción a mediar mayores palabras, el hombre finalmente se sienta agotado, como si hubiese peleado contigo más de lo que habían luchado el resto de sus hombres. La cueva se queda en silencio, retumbando tan solo el sonido de tus pasos al salir por el túnel de la cueva. Parece que revisar aquellas cajas no fue del todo buena idea. Una antorcha quizás te permitiría salir de allí si terminas usándola, pero al abrir el barril de ron, el oloroso golpe de olor que recibes directamente en la nariz es tan fuerte que pareciese como si te fueses a desmayar por un instante. Tal y como el hombre había mencionado está lleno de alcohol, pero nadie dijo que el mismo estuviese aún en buenas condiciones.
Parece que el mareo te va a durar el resto del día...pero al menos consigues salir de la cueva, cumpliendo tu objetivo. Has conseguido ahuyentar a esas ratas de cloaca pero has quedado sin saber la verdad. ¿Eran verdaderamente mineros ilegales?
La sonrisa de un hombre se alza en la oscuridad, y una marine sale sin ser consciente de las consecuencias que aquellas acciones podrían llegar a repercutir en la isla en un futuro.
Mencionas las veinticuatro horas, y sin pensarlo mucho, asiente con efusividad como si aquello fuese la oportunidad de su vida, un regalo de una diosa benevolente que parecía estar dispuesta a hacer la vista gorda por...¿mineros ilegales? Bien, sin duda, ese era su momento.
—N-no son excusas, ¡lo prometo!—Desconoces si miente, pero una vez más, su miedo es suficiente como para preguntarte si sería capaz de ofrecerte falsas verdades en un momento como este.—¡D-de acuerdo! N-no hay problema. En cuanto mis hombres se despierten nos iremos de aquí. ¡M-muchas gracias, señorita Kagura! ¡Le aseguro que no la olvidaré!
Finalmente, tras notar como decides marcharte casi sin darle ninguna opción a mediar mayores palabras, el hombre finalmente se sienta agotado, como si hubiese peleado contigo más de lo que habían luchado el resto de sus hombres. La cueva se queda en silencio, retumbando tan solo el sonido de tus pasos al salir por el túnel de la cueva. Parece que revisar aquellas cajas no fue del todo buena idea. Una antorcha quizás te permitiría salir de allí si terminas usándola, pero al abrir el barril de ron, el oloroso golpe de olor que recibes directamente en la nariz es tan fuerte que pareciese como si te fueses a desmayar por un instante. Tal y como el hombre había mencionado está lleno de alcohol, pero nadie dijo que el mismo estuviese aún en buenas condiciones.
Parece que el mareo te va a durar el resto del día...pero al menos consigues salir de la cueva, cumpliendo tu objetivo. Has conseguido ahuyentar a esas ratas de cloaca pero has quedado sin saber la verdad. ¿Eran verdaderamente mineros ilegales?
La sonrisa de un hombre se alza en la oscuridad, y una marine sale sin ser consciente de las consecuencias que aquellas acciones podrían llegar a repercutir en la isla en un futuro.
leeme
