20-05-2026, 05:46 PM
(Última modificación: 20-05-2026, 06:01 PM por Kyoshiro Germain.)
Kyoshiro escuchó en silencio mientras Alex intentaba seguir hablando. Esta vez no escribió de inmediato. O bueno, sí escribió, pero más lento...había algo distinto en la forma en que el gigante estaba hablando ahora. No era solo el idioma... Era el peso de sus palabras... Cada palabra parecía salirle como si tuviera que levantarla con ambas manos antes de dejarla caer frente a él. El peliblanco lo notó cuando Alex comenzó a fruncir el ceño, cuando cerró los ojos, cuando suspiró como si hablar fuese una actividad física y no solamente mover la boca.
Kyo bajó la vista a su libreta y escribió: Hablar le cansa. Timidez + años de silencio?. Luego subrayó “años de silencio” dos veces. Después lo miró otra vez, tratando de no interrumpir. Si Alex había encontrado una línea por donde sacar aquello, cortarla sería torpe... Y aunque Kyoshiro hacía muchas cosas torpes, esa en particular intentaría evitarla.
Siguió escribiendo mientras el gigante hablaba de Kaguya, la lluvia, los paraguas, de la gente pequeña refugiándose en casas y de él quedándose afuera porque no podía entrar. Esa imagen hizo que Kyo levantara apenas la vista. No era difícil imaginarlo. Alex, demasiado grande para cualquier puerta, demasiado grande para cualquier techo, demasiado grande incluso para compartir algo tan simple como esconderse de la lluvia. Kyoshiro anotó despacio: Espacio = felicidad. Bosque/lago importantes. Luego hizo una pequeña flecha hacia la palabra soledad, pero no la encerró.
Entonces Alex dijo aquello de no haber hablado con casi nadie en toda su vida. Casi nadie. En realidad, nadie. Kyo se quedó quieto. El bolígrafo tocó la hoja, pero no se movió. Por unos segundos solo escuchó el sonido del bosque, el agua cercana y aquella respiración enorme que parecía llenar el espacio entre ambos. Él podía distraerse con cualquier cosa, perderse en pensamientos absurdos, olvidar instrucciones simples o tardar tres días en notar que llevaba un papel pegado a la espalda, pero eso sí lo entendió sin que hiciera falta traducir demasiado. Le estaba diciendo que el silencio lo había devorado durante años y ahora no sabía cómo salir de él. Kyo escribió finalmente: No es callado. Fue callado por el mundo. Se quedó mirando esa frase unos segundos. Luego la dejó ahí.
Cuando Alex golpeó el suelo al hablar de la batalla rechazada, Kyoshiro no saltó demasiado. Bueno, un poco sí. Sus antenas se levantaron de golpe y una de sus alas se movió por reflejo, pero su rostro mantuvo casi la misma expresión tranquila de siempre. Miró el puño del gigante, luego la pequeña vibración sobre el agua del lago, luego su libreta. Escribió: Alex: batalla = vínculo. Rechazo de batalla = rechazo personal. Pausa. Añadió: Esto es peligrosísimo socialmente.
Y entonces llegó lo otro. (Tú y yo estamos destinados a llegar a las manos... de lo contrario... ¿cómo podrías llamarlo... amistad?) Kyoshiro levantó lentamente la mirada. Se quedó viendo a Alex. Mucho rato.
No parecía asustado exactamente. Tampoco parecía tranquilo. Con él era difícil saberlo porque su voz, su cara y su cuerpo a veces parecían ir en tres direcciones diferentes. Pero sus ojos claros sí se quedaron fijos en el gigante con una atención muy específica, como si aquella frase acabara de caer en el centro exacto de la mesa y ahora hubiera que decidir si era una amenaza, una invitación, una tradición cultural o las tres cosas a la vez.
Kyo respiró despacio. Cerró un cuaderno. Abrió otro. Luego lo cerró también porque no era el cuaderno correcto. Después volvió al primero, encontró una página limpia y levantó la vista hacia Alex. Tenía que responder con cuidado. Mucho cuidado. Porque si decía “no” demasiado fuerte, tal vez Alex escucharía rechazo. Si decía “sí” demasiado rápido, probablemente terminaría convertido en una mancha azul y blanca sobre el suelo del bosque. Y eso sería un cierre bastante malo para el segundo día de clases.
Frunció el ceño, pensando. Luego señaló primero a Alex, después el suelo donde había golpeado, después su propio pecho.
—Pour toi… combat… n’est pas seulement combat. (Para ti… combate… no es solo combate.)
Bajó la mirada a sus notas, buscando una palabra que no estaba seguro de saber. La buscó igual.
—C’est… salutation? Respect? Amitié? (Es… ¿saludo? ¿respeto? ¿amistad?)
No estaba seguro de si aquello era correcto. Probablemente no del todo. Pero la idea iba ahí. Kyo volvió a escribir rápidamente, luego siguió hablando, cada vez más despacio.
—Pour moi… combat… peut faire mal. Beaucoup. (Para mí… combate… puede doler. Mucho.)
Se señaló a sí mismo, luego levantó un dedo, como si eso fuera un punto académico importante y no una advertencia de supervivencia básica.
—Je suis… petit. Très petit. Toi… très grand. Très très grand. (Yo soy… pequeño. Muy pequeño. Tú… muy grande. Muy muy grande.)
Pausa.
Miró el tamaño de la mano de Alex, Luego miró su propio brazo. Luego volvió a mirar la mano de Alex.
—Très grand. (Muy grande.)
Lo repitió con absoluta seriedad.
—Si… un jour… combat… —dijo despacio, midiendo cada parte— alors… règles. Petites règles. Beaucoup règles. (Si… algún día… combate… entonces… reglas. Pequeñas reglas. Muchas reglas.)
Se quedó pensando unos segundos más. Su bolígrafo golpeó suavemente la hoja.
—Pas aujourd’hui. Aujourd’hui… mots. Histoires. Kaguya. Pluie. Forêt. Toi. (No hoy. Hoy… palabras. Historias. Kaguya. Lluvia. Bosque. Tú.)
La última palabra la dijo señalándolo con el bolígrafo, no como acusación, sino como tema de estudio. Como si Alex entero, con su idioma, su tamaño, su lógica extraña y su soledad, fuera ahora una materia completa en la cabeza de Kyoshiro.
Luego, con mucho cuidado, escribió en la libreta una palabra grande: AMISTAD. Debajo hizo dos columnas. En una puso: Kyo: hablar / escuchar / quedarse / ayudar. En la otra puso: Alex: combatir / probar / respetar / no huir.
Miró ambas columnas y parpadeó.
—Hmmmm…
No dijo nada durante unos segundos. Después añadió una flecha entre las dos columnas y escribió: puente.
Kyo giró la libreta para que Alex pudiera verla, aunque probablemente la escala del texto era ridículamente pequeña para él. Al darse cuenta, suspiró, tomó una rama del suelo y empezó a dibujar lo mismo en la tierra húmeda, mucho más grande. Dos círculos. Uno pequeño. Uno enorme. Entre ambos, una línea torpe.
Luego señaló el círculo pequeño.
—Moi. (Yo.)
Señaló el círculo enorme.
—Toi. (Tú.)
Trazó de nuevo la línea entre ambos.
—Pas combat encore. Pont d’abord. (No combate todavía. Puente primero.)
Se quedó viendo el dibujo, luego miró a Alex.
—Après… peut-être… combat très, très, très petit. (Después… tal vez… combate muy, muy, muy pequeño.)
Pausa. Lo pensó mejor.
—Ou… jeu. Combat-jeu. Sans mourir. (O… juego. Combate-juego. Sin morir.)
Kyo asintió una vez, como si acabara de resolver diplomáticamente siglos de cultura gigante con un palito y dos círculos mal dibujados en el barro. Probablemente no era así. Probablemente estaba simplificando demasiado. Pero al menos era un inicio. Y todo en ese proceso parecía consistir en encontrar inicios que no destruyeran a nadie por accidente.
Volvió a sentarse de piernas cruzadas, acomodando la libreta sobre sus rodillas. Sus antenas se movieron apenas mientras escribía otra nota: Preguntar por Kaguya después. No centrar en pelea. Seguir con historia personal.
Entonces levantó la vista otra vez.
—Kaguya… première personne… qui voulait te connaître. (Kaguya… primera persona… que quería conocerte.)
Lo dijo despacio. Su pronunciación todavía tenía grietas, pero era más firme que el día anterior.
—Ça… important. Continue… si tu peux. Lentement. (Eso… importante. Continúa… si puedes. Despacio.)
Y volvió a apoyar el bolígrafo sobre el papel.
Kyo bajó la vista a su libreta y escribió: Hablar le cansa. Timidez + años de silencio?. Luego subrayó “años de silencio” dos veces. Después lo miró otra vez, tratando de no interrumpir. Si Alex había encontrado una línea por donde sacar aquello, cortarla sería torpe... Y aunque Kyoshiro hacía muchas cosas torpes, esa en particular intentaría evitarla.
Siguió escribiendo mientras el gigante hablaba de Kaguya, la lluvia, los paraguas, de la gente pequeña refugiándose en casas y de él quedándose afuera porque no podía entrar. Esa imagen hizo que Kyo levantara apenas la vista. No era difícil imaginarlo. Alex, demasiado grande para cualquier puerta, demasiado grande para cualquier techo, demasiado grande incluso para compartir algo tan simple como esconderse de la lluvia. Kyoshiro anotó despacio: Espacio = felicidad. Bosque/lago importantes. Luego hizo una pequeña flecha hacia la palabra soledad, pero no la encerró.
Entonces Alex dijo aquello de no haber hablado con casi nadie en toda su vida. Casi nadie. En realidad, nadie. Kyo se quedó quieto. El bolígrafo tocó la hoja, pero no se movió. Por unos segundos solo escuchó el sonido del bosque, el agua cercana y aquella respiración enorme que parecía llenar el espacio entre ambos. Él podía distraerse con cualquier cosa, perderse en pensamientos absurdos, olvidar instrucciones simples o tardar tres días en notar que llevaba un papel pegado a la espalda, pero eso sí lo entendió sin que hiciera falta traducir demasiado. Le estaba diciendo que el silencio lo había devorado durante años y ahora no sabía cómo salir de él. Kyo escribió finalmente: No es callado. Fue callado por el mundo. Se quedó mirando esa frase unos segundos. Luego la dejó ahí.
Cuando Alex golpeó el suelo al hablar de la batalla rechazada, Kyoshiro no saltó demasiado. Bueno, un poco sí. Sus antenas se levantaron de golpe y una de sus alas se movió por reflejo, pero su rostro mantuvo casi la misma expresión tranquila de siempre. Miró el puño del gigante, luego la pequeña vibración sobre el agua del lago, luego su libreta. Escribió: Alex: batalla = vínculo. Rechazo de batalla = rechazo personal. Pausa. Añadió: Esto es peligrosísimo socialmente.
Y entonces llegó lo otro. (Tú y yo estamos destinados a llegar a las manos... de lo contrario... ¿cómo podrías llamarlo... amistad?) Kyoshiro levantó lentamente la mirada. Se quedó viendo a Alex. Mucho rato.
No parecía asustado exactamente. Tampoco parecía tranquilo. Con él era difícil saberlo porque su voz, su cara y su cuerpo a veces parecían ir en tres direcciones diferentes. Pero sus ojos claros sí se quedaron fijos en el gigante con una atención muy específica, como si aquella frase acabara de caer en el centro exacto de la mesa y ahora hubiera que decidir si era una amenaza, una invitación, una tradición cultural o las tres cosas a la vez.
Kyo respiró despacio. Cerró un cuaderno. Abrió otro. Luego lo cerró también porque no era el cuaderno correcto. Después volvió al primero, encontró una página limpia y levantó la vista hacia Alex. Tenía que responder con cuidado. Mucho cuidado. Porque si decía “no” demasiado fuerte, tal vez Alex escucharía rechazo. Si decía “sí” demasiado rápido, probablemente terminaría convertido en una mancha azul y blanca sobre el suelo del bosque. Y eso sería un cierre bastante malo para el segundo día de clases.
Frunció el ceño, pensando. Luego señaló primero a Alex, después el suelo donde había golpeado, después su propio pecho.
—Pour toi… combat… n’est pas seulement combat. (Para ti… combate… no es solo combate.)
Bajó la mirada a sus notas, buscando una palabra que no estaba seguro de saber. La buscó igual.
—C’est… salutation? Respect? Amitié? (Es… ¿saludo? ¿respeto? ¿amistad?)
No estaba seguro de si aquello era correcto. Probablemente no del todo. Pero la idea iba ahí. Kyo volvió a escribir rápidamente, luego siguió hablando, cada vez más despacio.
—Pour moi… combat… peut faire mal. Beaucoup. (Para mí… combate… puede doler. Mucho.)
Se señaló a sí mismo, luego levantó un dedo, como si eso fuera un punto académico importante y no una advertencia de supervivencia básica.
—Je suis… petit. Très petit. Toi… très grand. Très très grand. (Yo soy… pequeño. Muy pequeño. Tú… muy grande. Muy muy grande.)
Pausa.
Miró el tamaño de la mano de Alex, Luego miró su propio brazo. Luego volvió a mirar la mano de Alex.
—Très grand. (Muy grande.)
Lo repitió con absoluta seriedad.
—Si… un jour… combat… —dijo despacio, midiendo cada parte— alors… règles. Petites règles. Beaucoup règles. (Si… algún día… combate… entonces… reglas. Pequeñas reglas. Muchas reglas.)
Se quedó pensando unos segundos más. Su bolígrafo golpeó suavemente la hoja.
—Pas aujourd’hui. Aujourd’hui… mots. Histoires. Kaguya. Pluie. Forêt. Toi. (No hoy. Hoy… palabras. Historias. Kaguya. Lluvia. Bosque. Tú.)
La última palabra la dijo señalándolo con el bolígrafo, no como acusación, sino como tema de estudio. Como si Alex entero, con su idioma, su tamaño, su lógica extraña y su soledad, fuera ahora una materia completa en la cabeza de Kyoshiro.
Luego, con mucho cuidado, escribió en la libreta una palabra grande: AMISTAD. Debajo hizo dos columnas. En una puso: Kyo: hablar / escuchar / quedarse / ayudar. En la otra puso: Alex: combatir / probar / respetar / no huir.
Miró ambas columnas y parpadeó.
—Hmmmm…
No dijo nada durante unos segundos. Después añadió una flecha entre las dos columnas y escribió: puente.
Kyo giró la libreta para que Alex pudiera verla, aunque probablemente la escala del texto era ridículamente pequeña para él. Al darse cuenta, suspiró, tomó una rama del suelo y empezó a dibujar lo mismo en la tierra húmeda, mucho más grande. Dos círculos. Uno pequeño. Uno enorme. Entre ambos, una línea torpe.
Luego señaló el círculo pequeño.
—Moi. (Yo.)
Señaló el círculo enorme.
—Toi. (Tú.)
Trazó de nuevo la línea entre ambos.
—Pas combat encore. Pont d’abord. (No combate todavía. Puente primero.)
Se quedó viendo el dibujo, luego miró a Alex.
—Après… peut-être… combat très, très, très petit. (Después… tal vez… combate muy, muy, muy pequeño.)
Pausa. Lo pensó mejor.
—Ou… jeu. Combat-jeu. Sans mourir. (O… juego. Combate-juego. Sin morir.)
Kyo asintió una vez, como si acabara de resolver diplomáticamente siglos de cultura gigante con un palito y dos círculos mal dibujados en el barro. Probablemente no era así. Probablemente estaba simplificando demasiado. Pero al menos era un inicio. Y todo en ese proceso parecía consistir en encontrar inicios que no destruyeran a nadie por accidente.
Volvió a sentarse de piernas cruzadas, acomodando la libreta sobre sus rodillas. Sus antenas se movieron apenas mientras escribía otra nota: Preguntar por Kaguya después. No centrar en pelea. Seguir con historia personal.
Entonces levantó la vista otra vez.
—Kaguya… première personne… qui voulait te connaître. (Kaguya… primera persona… que quería conocerte.)
Lo dijo despacio. Su pronunciación todavía tenía grietas, pero era más firme que el día anterior.
—Ça… important. Continue… si tu peux. Lentement. (Eso… importante. Continúa… si puedes. Despacio.)
Y volvió a apoyar el bolígrafo sobre el papel.

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