20-05-2026, 10:00 PM
(Última modificación: 20-05-2026, 10:06 PM por Akira Raito.)
Ahí seguía el rubio, subido a la rama, observando a su compañera moverse lentamente por la arena, con pasos lentos pero decididos. Mientras, Akira se agachó y se colocó en posición de cuclillas, con los dos pies sobre la rama y sujetándose en ella también con las manos, como si estuviera sentado, con las rodillas flexionadas y la espalda un poco echada hacia delante. Seguía el movimiento de Masami con ojos atentos, daba pequeños giros suaves y ni siquiera levantaba la arena cada vez que levantaba las plataformas del terreno. Sin duda sabía como caminar. Pero le amenazó sutilmente, midiendo su posible velocidad con la de una bala…
—Espera, ¿balas de verdad? ¿No vas a usar de fogueo? —pero pronto Masami siguió con su discurso, cortando toda posible interacción del artista marcial, quien se dedico simplemente a escucharla con detenimiento. Mientras tanto, ella seguía moviéndose lentamente por la arena, parecía relajada, pero alerta, y en esas también se encontraba Akira, con los ojos bien abiertos, atento al balanceo de su cuerpo, y con las orejas bien abiertas, escuchando todas y cada una de las palabras que decía con aquel tono tan dulce y tranquilizador. Cualquiera se atrevía a decir que estaba a punto de pegarle un tiro.
Con aquellos sutiles movimientos de cadera que Akira podía contemplar de Masami, y aquel ligero aroma a lavanda que se acentuaba más cada vez que cambiaba el rumbo, Akira tenía mal olfato, pero sin duda, su compañera desprendía un fuerte olor a esta planta, y era realmente agradable. Solo diferenciaba olores fuertes y en sus últimos días solo había olido la sal del ambiente, del agua y la humedad de la selva, y nada más. Su olor era como un descanso mental.
Y con la atención puesta en el aroma a lavanda, casi lo pudo haber pillado desprevenido mientras bajaba su mano hacia la funda trasera de su pistola. Por un momento pensó que se iba a tocar el culete, intentando seguir con aquel jueguecito tontorrón, pero aquel veloz movimiento de su brazo hizo que Akira se dejara caer hacia atrás, todavía sujeto en la rama, para dar una vuelta sobre ella ayudándose del peso de su cuerpo y la fuerza que estaba ejerciendo con los pies y las manos bien sujetas a la rama. Por un momento pareció que la rama estaba suelta y era capaz de girar sobre sí misma, pero tras ese rápido movimiento de muñeca por parte de Masami y la rápida reacción de Akira, ambos seguían en las mismas posiciones. Solo que ahora el brazo de Masami seguía extendido en dirección a Akira y la boquilla de su pistola echando humo.
—¡PERO BUENO! ¡ANDA QUE AVISAS! ¡YO QUE CREÍA QUE YA NO ESTABAMOS CON ESO DEL ENTRENAMIENTO! ¡¿DE QUÉ VAS?! —le gritó mientras la señalaba con la punta del dedo y el brazo derecho completamente extendido. Aquello lo había pillado totalmente por sorpresa, suerte que tenía algo de reflejos y era rápido, porque sino se hubiera llevado un balazo entre ceja y ceja—. ¡¿PERO QUÉ MANERA DE COQUETEAR ES ESA?! ¡¿PEGÁNDOME UN TIRO?!
Pronto se volvió a poner de pie y recuperar esa actitud confiada, calentó un poco las articulaciones aún subido en la rama, y aprovechó el siguiente movimiento de su compañera, que se estaba transformando en serpiente: tobogán. Su cuerpo aumentaba de tamaño de manera considerable mientras sus piernas se empezaban a unir y a convertirse en una cola con un cascabel. Antes siquiera que su compañera pudiera terminar su transformación, Akira y había pegado un salto y estaba utilizando su cuerpo escamado para deslizarse hacia el suelo como si fuera un niño en un parque, tirándose desde lo más alto del tobogán, y él solito, sin ayuda de sus padres.
—¡¡¡Tchakikkikikiyaaaah, ahora sí empieza lo bueno Masami!!! —la parte buena de que tuviera piel de serpiente es que, si le acariciaba hacia la cabeza, le molestaría mucho, pero al deslizarse sobre ella en dirección al cascabel, era tan suave que le daba hasta gusto—. ¡Otra vez! ¡Otra vez! —saltaba de alegría una vez llegó abajo, habiendo girado rápidamente sobre sí antes de caer al suelo para no perder el contacto visual con su compañera. Pero rápidamente la cola de Masami empezó a enrollarse como un muelle y se acordó de lo que estaban haciendo—. Oh ya, el entrenamiento… Bueno… ¡Pues toma esta, PATADA PISTÓN! —susurró y gritó a la vez que se lanzaba con la pierna estirada hacia el abdomen de su compañera, aprovechando la inercia del salto previo para contraer la pierna y estirarla como si tiraran de ella con fuerza, liberando así la tensión de su cuerpo para propinarle un buen golpe.
—Venga tesoro, ¿querías ver lo rápido que soy? Pues vas a enloquecer con este pelito rubio. Para ti va a ser como ver como ver polvo de estrellas, guiños con destello, purpurina tesoro, visto y no visto —y le volvió a guiar el ojo, manteniendo ese coqueteo burlón y utilizando la muletilla de su compañera para aclimatar la situación. No le propinó un segundo golpe, Masami tenía razón, no era la más fuerte de la división y casi la ubican en otro grupo, y por Akira no podía abusar de ella. Estaban entrenando, no era un combate a muerte, primero quería saber si era capaz de soportar sus golpes para continuar con el juego. Tal vez, cuando terminaran de entrenar, le podía explicar el potencial que habían visto en ella y por qué, a veces, a los marines no tan fuertes les asignaban a divisiones con un número más bajo del que quizá se esperaban en un principio.
—Vamos corazón, deja esa pistola y atácame como verdaderamente sabes, no es justo que tú te contengas y yo no —¿le había llamado corazón? Realmente estaba sintiéndose a gusto imitando, en cierto sentido, la manera de comportarse de Masami. Ella decía “tesoro”, pero a Akira le había salido llamarla “corazón” con bastante naturalidad. Nunca antes había hablado así con nadie, y le gustaba.
—Corazón…
—Espera, ¿balas de verdad? ¿No vas a usar de fogueo? —pero pronto Masami siguió con su discurso, cortando toda posible interacción del artista marcial, quien se dedico simplemente a escucharla con detenimiento. Mientras tanto, ella seguía moviéndose lentamente por la arena, parecía relajada, pero alerta, y en esas también se encontraba Akira, con los ojos bien abiertos, atento al balanceo de su cuerpo, y con las orejas bien abiertas, escuchando todas y cada una de las palabras que decía con aquel tono tan dulce y tranquilizador. Cualquiera se atrevía a decir que estaba a punto de pegarle un tiro.
Con aquellos sutiles movimientos de cadera que Akira podía contemplar de Masami, y aquel ligero aroma a lavanda que se acentuaba más cada vez que cambiaba el rumbo, Akira tenía mal olfato, pero sin duda, su compañera desprendía un fuerte olor a esta planta, y era realmente agradable. Solo diferenciaba olores fuertes y en sus últimos días solo había olido la sal del ambiente, del agua y la humedad de la selva, y nada más. Su olor era como un descanso mental.
Y con la atención puesta en el aroma a lavanda, casi lo pudo haber pillado desprevenido mientras bajaba su mano hacia la funda trasera de su pistola. Por un momento pensó que se iba a tocar el culete, intentando seguir con aquel jueguecito tontorrón, pero aquel veloz movimiento de su brazo hizo que Akira se dejara caer hacia atrás, todavía sujeto en la rama, para dar una vuelta sobre ella ayudándose del peso de su cuerpo y la fuerza que estaba ejerciendo con los pies y las manos bien sujetas a la rama. Por un momento pareció que la rama estaba suelta y era capaz de girar sobre sí misma, pero tras ese rápido movimiento de muñeca por parte de Masami y la rápida reacción de Akira, ambos seguían en las mismas posiciones. Solo que ahora el brazo de Masami seguía extendido en dirección a Akira y la boquilla de su pistola echando humo.
—¡PERO BUENO! ¡ANDA QUE AVISAS! ¡YO QUE CREÍA QUE YA NO ESTABAMOS CON ESO DEL ENTRENAMIENTO! ¡¿DE QUÉ VAS?! —le gritó mientras la señalaba con la punta del dedo y el brazo derecho completamente extendido. Aquello lo había pillado totalmente por sorpresa, suerte que tenía algo de reflejos y era rápido, porque sino se hubiera llevado un balazo entre ceja y ceja—. ¡¿PERO QUÉ MANERA DE COQUETEAR ES ESA?! ¡¿PEGÁNDOME UN TIRO?!
Pronto se volvió a poner de pie y recuperar esa actitud confiada, calentó un poco las articulaciones aún subido en la rama, y aprovechó el siguiente movimiento de su compañera, que se estaba transformando en serpiente: tobogán. Su cuerpo aumentaba de tamaño de manera considerable mientras sus piernas se empezaban a unir y a convertirse en una cola con un cascabel. Antes siquiera que su compañera pudiera terminar su transformación, Akira y había pegado un salto y estaba utilizando su cuerpo escamado para deslizarse hacia el suelo como si fuera un niño en un parque, tirándose desde lo más alto del tobogán, y él solito, sin ayuda de sus padres.
—¡¡¡Tchakikkikikiyaaaah, ahora sí empieza lo bueno Masami!!! —la parte buena de que tuviera piel de serpiente es que, si le acariciaba hacia la cabeza, le molestaría mucho, pero al deslizarse sobre ella en dirección al cascabel, era tan suave que le daba hasta gusto—. ¡Otra vez! ¡Otra vez! —saltaba de alegría una vez llegó abajo, habiendo girado rápidamente sobre sí antes de caer al suelo para no perder el contacto visual con su compañera. Pero rápidamente la cola de Masami empezó a enrollarse como un muelle y se acordó de lo que estaban haciendo—. Oh ya, el entrenamiento… Bueno… ¡Pues toma esta, PATADA PISTÓN! —susurró y gritó a la vez que se lanzaba con la pierna estirada hacia el abdomen de su compañera, aprovechando la inercia del salto previo para contraer la pierna y estirarla como si tiraran de ella con fuerza, liberando así la tensión de su cuerpo para propinarle un buen golpe.
—Venga tesoro, ¿querías ver lo rápido que soy? Pues vas a enloquecer con este pelito rubio. Para ti va a ser como ver como ver polvo de estrellas, guiños con destello, purpurina tesoro, visto y no visto —y le volvió a guiar el ojo, manteniendo ese coqueteo burlón y utilizando la muletilla de su compañera para aclimatar la situación. No le propinó un segundo golpe, Masami tenía razón, no era la más fuerte de la división y casi la ubican en otro grupo, y por Akira no podía abusar de ella. Estaban entrenando, no era un combate a muerte, primero quería saber si era capaz de soportar sus golpes para continuar con el juego. Tal vez, cuando terminaran de entrenar, le podía explicar el potencial que habían visto en ella y por qué, a veces, a los marines no tan fuertes les asignaban a divisiones con un número más bajo del que quizá se esperaban en un principio.
—Vamos corazón, deja esa pistola y atácame como verdaderamente sabes, no es justo que tú te contengas y yo no —¿le había llamado corazón? Realmente estaba sintiéndose a gusto imitando, en cierto sentido, la manera de comportarse de Masami. Ella decía “tesoro”, pero a Akira le había salido llamarla “corazón” con bastante naturalidad. Nunca antes había hablado así con nadie, y le gustaba.
—Corazón…
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