20-05-2026, 11:26 PM
Las personas de aquel lugar disfrutaban del día, una brisa refrescante y un cúmulo de nubes que cubrían el cielo hacían más que agradable la temperatura y el clima del lugar. Cobijados por las nubes y el frescor proporcionado por la brisa, que era acompañada por agradables olores provenientes de plantas y flores que rodeaban la zona, niños jugaban por los campos, bajo la supervisión de sus respectivos padres, algunos más livianos en el control que otros. Algunos aprovechaban la calma y tranquilidad para descansar en la sombra de un árbol, que conjuntamente a aportarles sombra y cobijo del viento, también les servía como apoyo para sus espaldas y cabezas, sobre todo aquellos cuyas raíces, al no hallar humedad y agua en la tierra, buscaba el líquido vital en la superficie, permitiendo que usaran las mismas a modo de almohada para apoyar sus cabezas y cerrar los párpados unos instantes.
La mayoría de aquella gente no se preocupaba por la llegada de personas que no reconocieran, como si fuera una situación habitual en aquellas localidades. Los pocos que se percataban, y hacían ademán de denotar que lo hacían, de la presencia del joven de aspecto extravagante, teniendo en consideración la imagen habitual de los presentes.
Su presencia parecía no despertar alarma, parecía no tener más que un aire de extrañeza en aquellos que jamás hubieran coincidido con alguien de tal apariencia, sin saber exactamente a que atribuir el aspecto y fisionomía distintivo que posee el muchacho al compararlo con los demás presentes, si fuera una especie de enfermedad o mutación, o fuera una raza diferente. Muchos desconocían por completo la existencia de razas distintas a la propia, por lo que se sorprendían con relativa facilidad al ver alguien diferente.
La entrada en la taberna es recibida como la de prácticamente cualquier cliente, fuera habitual, esporádico o, como es el caso, nuevo, de la tasca. Nadie pondría más atención que un saludo o un segundo de observación al muchacho, que se habría dirigido a una zona apartada, como si quisiera mantenerse a parte de los demás.
El tabernero echó una mirada al zagal al escuchar su solicitud, un trago de lo más barato que tuviera en carta. Su expresión neutra, incierta la lectura de sus micro expresiones, era alguien que sabía como mantener a raya sus reacciones, por mucho que considerara un insulto y una necedad solicitar lo más económico en un local, siempre servía al cliente su comanda.
No se demoraría en dejar frente la chico una jarra de cerveza, su coloración no era demasiado oscura, lo que indicaba que era una bebida de baja tasa de alcohol, y con poca carga de sabor, no como otras de mayor coloración, hasta la negra, que estaría cargada de sabor y matices.
- ¿Ya oíste de los ataques? Me sorprende que sigan haciendo vida cotidiana sabiendo eso… - Se escucharía una conversación perdida en mitad del lugar. Al parecer hay algo ocurriendo en el lugar, algo que no se podía entrever al llegar, algo que parecía ocultarse en la seguridad y privacidad de la noche. Aunque la noche estaba al arribo, quizás supiera algo más cuando el manto del firmamento se tintara de un tono oscuro, casi azabache.
¿Qué hará el joven pirata? Permanecerá en el local, o buscará un punto donde poder investigar.
La mayoría de aquella gente no se preocupaba por la llegada de personas que no reconocieran, como si fuera una situación habitual en aquellas localidades. Los pocos que se percataban, y hacían ademán de denotar que lo hacían, de la presencia del joven de aspecto extravagante, teniendo en consideración la imagen habitual de los presentes.
Su presencia parecía no despertar alarma, parecía no tener más que un aire de extrañeza en aquellos que jamás hubieran coincidido con alguien de tal apariencia, sin saber exactamente a que atribuir el aspecto y fisionomía distintivo que posee el muchacho al compararlo con los demás presentes, si fuera una especie de enfermedad o mutación, o fuera una raza diferente. Muchos desconocían por completo la existencia de razas distintas a la propia, por lo que se sorprendían con relativa facilidad al ver alguien diferente.
La entrada en la taberna es recibida como la de prácticamente cualquier cliente, fuera habitual, esporádico o, como es el caso, nuevo, de la tasca. Nadie pondría más atención que un saludo o un segundo de observación al muchacho, que se habría dirigido a una zona apartada, como si quisiera mantenerse a parte de los demás.
El tabernero echó una mirada al zagal al escuchar su solicitud, un trago de lo más barato que tuviera en carta. Su expresión neutra, incierta la lectura de sus micro expresiones, era alguien que sabía como mantener a raya sus reacciones, por mucho que considerara un insulto y una necedad solicitar lo más económico en un local, siempre servía al cliente su comanda.
No se demoraría en dejar frente la chico una jarra de cerveza, su coloración no era demasiado oscura, lo que indicaba que era una bebida de baja tasa de alcohol, y con poca carga de sabor, no como otras de mayor coloración, hasta la negra, que estaría cargada de sabor y matices.
- ¿Ya oíste de los ataques? Me sorprende que sigan haciendo vida cotidiana sabiendo eso… - Se escucharía una conversación perdida en mitad del lugar. Al parecer hay algo ocurriendo en el lugar, algo que no se podía entrever al llegar, algo que parecía ocultarse en la seguridad y privacidad de la noche. Aunque la noche estaba al arribo, quizás supiera algo más cuando el manto del firmamento se tintara de un tono oscuro, casi azabache.
¿Qué hará el joven pirata? Permanecerá en el local, o buscará un punto donde poder investigar.
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