21-05-2026, 07:22 AM
(Última modificación: 21-05-2026, 07:23 AM por Zhang Guolao.)
Caminar un poco le había ayudado a calmarse. Respiró y luego exhaló; tener la mente tranquila era necesario para el campo de batalla.
Zhang, aquel viejo burro, llevaba a la pequeña en brazos, mientras meditaba un poco con su burro inferior acerca de lo que estaba pasando.
—Hmmmmm...—murmuró Zhang para sí mismo, lo que hizo que la pequeña se despertara de su letargo helado. —¿Cómo estás, pequeña? ¿Cómo te sientes? —preguntó Zhang.
Pero, como si hubiese estado esperando este instante, comenzó a guiar al burro directo a la biblioteca. Caminaron por medio del bosque y aquel camino iba serpenteando de acuerdo con las indicaciones de la niña.
No podía permitirse herirla de nuevo. —¿Una entrada, la única?—. Sus palabras no alentaron al viejo, quien aún podía oler el fuego ante sus ojos. Zhang apretó los dientes, reprimiendo las malas palabras frente a la gyojin.
—Este parece ser el camino que me dices. Lo siento, pero debes quedarte acá, los incendios no son para pequeños; nosotros nos encargamos —le dijo Zhang, regalándole una sonrisa para tranquilizarla.
La pequeña se bajó y le acompañó por unos metros más, donde, sin mediar muchas palabras, se adentró al bosque mientras apuntaba a la entrada de rocas.
El crepitar de las llamas comenzaba a escucharse a lo lejos; aquel grupo de bandidos podría estar resguardando. —Una entrada, la única —repitió las palabras de la pequeña de nuevo.
Terminó de recortar camino, oculto entre los árboles y la nieve. Zhang, a unos 8 metros de distancia de la entrada a la biblioteca, transformó su cuerpo en una torrencial masa de nieve.
Para cuando una "sombra" se proyectó en la entrada de la garganta, no se trataba de un hombre corriendo, sino del frente de la veloz avalancha en la que Zhang se había convertido.
El sonido de las armas de Kai se activó y el disparo resonó con fuerza, pero sus reflejos no estaban preparados para este "objetivo" intangible y abismal.
La arremetida fue un parpadeo. Antes de que el humo del disparo lograra salir de los cañones, la avalancha ya había cruzado la entrada, dejando al hombre alado preso del poder nevado. Zhang no se detuvo; congelando el suelo a su paso, cruzó aquella garganta de rocas —que al final no era tan larga— y avanzó en línea recta hacia el corazón de la biblioteca.
El poder de la nieve y el frío que generaba ayudaron a mermar un poco aquel incendio. Al detenerse, Zhang volvió a su forma física y observó el entorno para entender qué sucedía. Miró hacia atrás: al hombre alado en la entrada, y se preparo para cualquier contraataque. —Ríndete lacayo de Leena, hemos venido junto a mi Capitana Bai, a salvar este lugar—
Zhang, aquel viejo burro, llevaba a la pequeña en brazos, mientras meditaba un poco con su burro inferior acerca de lo que estaba pasando.
—Hmmmmm...—murmuró Zhang para sí mismo, lo que hizo que la pequeña se despertara de su letargo helado. —¿Cómo estás, pequeña? ¿Cómo te sientes? —preguntó Zhang.
Pero, como si hubiese estado esperando este instante, comenzó a guiar al burro directo a la biblioteca. Caminaron por medio del bosque y aquel camino iba serpenteando de acuerdo con las indicaciones de la niña.
No podía permitirse herirla de nuevo. —¿Una entrada, la única?—. Sus palabras no alentaron al viejo, quien aún podía oler el fuego ante sus ojos. Zhang apretó los dientes, reprimiendo las malas palabras frente a la gyojin.
—Este parece ser el camino que me dices. Lo siento, pero debes quedarte acá, los incendios no son para pequeños; nosotros nos encargamos —le dijo Zhang, regalándole una sonrisa para tranquilizarla.
La pequeña se bajó y le acompañó por unos metros más, donde, sin mediar muchas palabras, se adentró al bosque mientras apuntaba a la entrada de rocas.
El crepitar de las llamas comenzaba a escucharse a lo lejos; aquel grupo de bandidos podría estar resguardando. —Una entrada, la única —repitió las palabras de la pequeña de nuevo.
Terminó de recortar camino, oculto entre los árboles y la nieve. Zhang, a unos 8 metros de distancia de la entrada a la biblioteca, transformó su cuerpo en una torrencial masa de nieve.
Para cuando una "sombra" se proyectó en la entrada de la garganta, no se trataba de un hombre corriendo, sino del frente de la veloz avalancha en la que Zhang se había convertido.
El sonido de las armas de Kai se activó y el disparo resonó con fuerza, pero sus reflejos no estaban preparados para este "objetivo" intangible y abismal.
La arremetida fue un parpadeo. Antes de que el humo del disparo lograra salir de los cañones, la avalancha ya había cruzado la entrada, dejando al hombre alado preso del poder nevado. Zhang no se detuvo; congelando el suelo a su paso, cruzó aquella garganta de rocas —que al final no era tan larga— y avanzó en línea recta hacia el corazón de la biblioteca.
El poder de la nieve y el frío que generaba ayudaron a mermar un poco aquel incendio. Al detenerse, Zhang volvió a su forma física y observó el entorno para entender qué sucedía. Miró hacia atrás: al hombre alado en la entrada, y se preparo para cualquier contraataque. —Ríndete lacayo de Leena, hemos venido junto a mi Capitana Bai, a salvar este lugar—
Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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