21-05-2026, 08:00 PM
Reí un poquito más cuando exclamó con tanta convicción y la comida aún en la boca. Me hacía feliz verlo disfrutar tanto de mi comida. Este tipo de cosas eran las que hicieron querer ser cocinera. ¡Y tampoco me extrañaba que tuviera hambre! Seguramente esta era la primera vez en bastante tiempo que comía en calma, sin tener que irse rápido para volver a entrenar.
Pero más me llamó la atención la pregunta que me hizo, principalmente por las incógnitas que despertaron en mí como respuesta.
Lo primero que hizo fue aclararme que el amor no tenía una diferencia de “tamaño” con una amistad real, sino que era diferente. No era capaz de imaginar “cómo” podría ser diferente, pero entendía a lo que se refería en el sentido de que el sentimiento que tenía por mi maestro era tan fuerte como el de una amistad real, aunque no se le pareciese en nada.
Me llamó la atención que comentara que no se sabe “en qué momento” se nota. Otras personas me habían hablado de cosquilleos en el estómago como una señal, y Ritsu me explicó que eso no era necesario que se diese para que alguien te gustara, y mucho menos para el amor. De hecho, según él, el amor era paz, como un refugio incluso cuando todo tu mundo se agita a tu alrededor. Alguien en quien puedes confiar plenamente pase lo que pase. Pero, en ese caso, ¿en qué se distinguía entonces de la amistad también?
Con la explicación de Shin ocurría algo similar. Habló de sentimientos que iban transformándose progresivamente. Al principio me confundió, porque algo así ocurría con la amistad también, pero luego creí entenderlo, más o menos… «Querer algo con esa persona que no compartirías con nadie más...». La amistad podía ser para muchos, pero el amor es para uno sólo, después de todo.
Cuando miró al mar, me ofreció una nueva revelación: el amor es distinto para cada uno. En cierta forma, me sorprendió. ¿Cómo era posible que existieran tantas canciones, historias y poemas alrededor de un sentimiento que todos reconocían como el mismo, si cambiaba para cada persona? Pero tenía sentido, teniendo en cuenta que cada cual lo describía a su manera.
Para Shin, su respuesta era la complicidad.
Mi rostro se giró hacia el lado contrario, curiosa por aquel término, al tiempo que él también lo hizo con el suyo. Cuando mis iris volvieron a cruzarse con los suyos, sólo confirmé lo que ya sabía: yo ya sentía complicidad hacia él.
El albino lo supo, y por eso comenzó a explicar de nuevo. Al principio seguí sin comprenderlo del todo, porque yo ya quería que trabajásemos en equipo y él ya sabía cosas de mí que me costaría mucho decir a nadie más…
La mención de los celos me sirvió para enmarcarlo mejor. Se parecía a lo que había dicho antes de querer compartir algo únicamente con esa persona y nadie más. Y durante toda la vida, además. ¿Y te dabas cuenta así, de golpe?
—¡O simplemente cuando te das cuenta de que quieres besar a tu amigo!
Mi sonrisa creció ante aquel inesperado estallido de expresión. Se estaba esforzando mucho por conseguir que lo entendiera, y definitivamente era de las personas que mejor me lo había explicado hasta el momento.
Iba a disculparme por hacer preguntas complejas, pero un pequeño cambio en su mirada me contuvo de hablar.
Al principio pensé que quizás lo había imaginado, que podría haber sido un movimiento algo más repentino en la vela a causa de una brisa del viento, pero el atisbo de calidez en su mirada pareció improntarse en su voz.
No esperaba una anécdota tan personal, pero eso sólo me hizo escuchar con aún más atención. No terminé de entender cómo es que su padre concretó una reunión para conocer a su División, ¿quizás era alguien dentro de la Marina? Realmente me costó imaginar el desagrado que tuvo que sentir al saber que ella era hija de esclavos, y por un instante me planteé qué pensaría de mí al saber que mi historia era similar o, hasta cierto punto, peor. Siendo que hasta entonces esa había sido su vida, entendía por qué Shin le hizo aquel comentario sobre sus mundos.
—¿Sabes lo que hizo? —el brillo de sus iris avivó el de los míos, esperando expectante su respuesta—. ¡Me dio tal bofetada que me sacó los lentes de lugar!
Una ligera risa se me escapó de inmediato, pudiendo imaginarme perfectamente la escena con la ayuda de su gran interpretación.
—¡Creo que yo la habría aplaudido si la hubiera visto!
Me gustaba aprender más sobre él. Podía ver perfectamente por qué el valor de Himari le había llamado hasta aquel punto la atención. Me encantó cómo se fijó en ella primero por su personalidad que en su apariencia. Ritsu ya me había dicho que eso era importante para el amor, y así le había ocurrido a Shin. Por un pequeñísimo instante del que apenas fui consciente, sentí una ligerísima punzada de envidia. Ojalá algún día alguien pudiera hablar de mí con la mitad de emoción con la que Shin hablaba de ella.
Seguí escuchando como una niña pequeña ante el mejor cuento del mundo, y me hizo gracia imaginar cómo habría sido para él que ella lo hubiera rechazado, siendo que nadie lo había hecho antes. Sin duda, le había hecho experimentar muchas cosas que no había sentido antes. Si no hubiera sido por aquel último suspiro, habría estado tentada de aplaudir de manera silenciosa ante la escena final en la que ambos terminaron siendo pareja oficial.
Las historias siempre me han ayudado mucho a aprender cosas nuevas, y esta no era la excepción, aunque mi hilo de pensamiento de desvió ante una inesperada aclaración sobre la compensación.
—¡Pero las compensaciones no hay que hacerlas obligados, Shin! Muchas veces se hacen porque se quiere —aclaré con una sonrisa, esperando a ver si se le pasaba el pique.
Pero había una salvedad.
—Excepto dar tu vida. Nunca pienses en eso.
Mi alegría decreció en favor de una renovada atención, incapaz de no revivir por un momento aquella noche en Kutsukku y la conversación con Dimitri al respecto. Analicé sus palabras, repitiéndolas en mi mente. Su visión de los mártires chocaba con la que había tenido yo hasta entonces, pero me hizo comprender mejor su perspectiva.
—Arriesgarse a morir y estar preparado para morir son dos cosas muy diferentes, pequeña Nyri.
Su convicción despertó la mía y su toque en mi nariz avivó de nuevo mi sonrisa. Aquello, a sus ojos, era otra manera de mostrar fuerza… y yo le había prometido que sería fuerte, igual que lo era él.
—¡Vale! —asentí llevando la mano con su pulsera a mi colgante, cerrando un instante los ojos antes de devolverle una mirada de completa seguridad—. Voy a intentar aprender y estudiar más para que siempre se me ocurran maneras en las que nadie tenga que dar su vida.
Pero su cansancio llevaba demasiado tiempo haciéndose evidente en su mirada, sus gestos y también en aquel último movimiento... y eso empezaba a preocuparme. Por un momento pensé en decir que era yo la que estaba cansada, lo cual era cierto, aunque no llegara al mismo nivel que él. Sin embargo, algo ocurrió entonces que me hizo darme cuenta de algo.
Las capas de tela empapada empezaban a hacer su efecto, y mis manos se movieron solas hasta mi nariz justo antes de que se me escapara un sonidito agudo que bien podría haber recordado a un juguetito de goma.
—Uy… —me sorprendí yo misma, riendo ligeramente para sentirme un poquito menos avergonzada—. ¿Sabes? Creo que lo del baño nocturno no ha sido una buena idea… La próxima vez, mejor hacerlo durante el día y con ropa un poquito más apropiada —reí con suavidad—. ¿Te parece bien si recogemos ya?
Si quería volver dando un paseo o usando su poder, eso se lo dejaba a él. En parte, me asustaba un poco la posibilidad de que finalizara aquella excepción y que realmente no fuera a haber más…
Pero más me llamó la atención la pregunta que me hizo, principalmente por las incógnitas que despertaron en mí como respuesta.
Lo primero que hizo fue aclararme que el amor no tenía una diferencia de “tamaño” con una amistad real, sino que era diferente. No era capaz de imaginar “cómo” podría ser diferente, pero entendía a lo que se refería en el sentido de que el sentimiento que tenía por mi maestro era tan fuerte como el de una amistad real, aunque no se le pareciese en nada.
Me llamó la atención que comentara que no se sabe “en qué momento” se nota. Otras personas me habían hablado de cosquilleos en el estómago como una señal, y Ritsu me explicó que eso no era necesario que se diese para que alguien te gustara, y mucho menos para el amor. De hecho, según él, el amor era paz, como un refugio incluso cuando todo tu mundo se agita a tu alrededor. Alguien en quien puedes confiar plenamente pase lo que pase. Pero, en ese caso, ¿en qué se distinguía entonces de la amistad también?
Con la explicación de Shin ocurría algo similar. Habló de sentimientos que iban transformándose progresivamente. Al principio me confundió, porque algo así ocurría con la amistad también, pero luego creí entenderlo, más o menos… «Querer algo con esa persona que no compartirías con nadie más...». La amistad podía ser para muchos, pero el amor es para uno sólo, después de todo.
Cuando miró al mar, me ofreció una nueva revelación: el amor es distinto para cada uno. En cierta forma, me sorprendió. ¿Cómo era posible que existieran tantas canciones, historias y poemas alrededor de un sentimiento que todos reconocían como el mismo, si cambiaba para cada persona? Pero tenía sentido, teniendo en cuenta que cada cual lo describía a su manera.
Para Shin, su respuesta era la complicidad.
Mi rostro se giró hacia el lado contrario, curiosa por aquel término, al tiempo que él también lo hizo con el suyo. Cuando mis iris volvieron a cruzarse con los suyos, sólo confirmé lo que ya sabía: yo ya sentía complicidad hacia él.
El albino lo supo, y por eso comenzó a explicar de nuevo. Al principio seguí sin comprenderlo del todo, porque yo ya quería que trabajásemos en equipo y él ya sabía cosas de mí que me costaría mucho decir a nadie más…
La mención de los celos me sirvió para enmarcarlo mejor. Se parecía a lo que había dicho antes de querer compartir algo únicamente con esa persona y nadie más. Y durante toda la vida, además. ¿Y te dabas cuenta así, de golpe?
—¡O simplemente cuando te das cuenta de que quieres besar a tu amigo!
Mi sonrisa creció ante aquel inesperado estallido de expresión. Se estaba esforzando mucho por conseguir que lo entendiera, y definitivamente era de las personas que mejor me lo había explicado hasta el momento.
Iba a disculparme por hacer preguntas complejas, pero un pequeño cambio en su mirada me contuvo de hablar.
Al principio pensé que quizás lo había imaginado, que podría haber sido un movimiento algo más repentino en la vela a causa de una brisa del viento, pero el atisbo de calidez en su mirada pareció improntarse en su voz.
No esperaba una anécdota tan personal, pero eso sólo me hizo escuchar con aún más atención. No terminé de entender cómo es que su padre concretó una reunión para conocer a su División, ¿quizás era alguien dentro de la Marina? Realmente me costó imaginar el desagrado que tuvo que sentir al saber que ella era hija de esclavos, y por un instante me planteé qué pensaría de mí al saber que mi historia era similar o, hasta cierto punto, peor. Siendo que hasta entonces esa había sido su vida, entendía por qué Shin le hizo aquel comentario sobre sus mundos.
—¿Sabes lo que hizo? —el brillo de sus iris avivó el de los míos, esperando expectante su respuesta—. ¡Me dio tal bofetada que me sacó los lentes de lugar!
Una ligera risa se me escapó de inmediato, pudiendo imaginarme perfectamente la escena con la ayuda de su gran interpretación.
—¡Creo que yo la habría aplaudido si la hubiera visto!
Me gustaba aprender más sobre él. Podía ver perfectamente por qué el valor de Himari le había llamado hasta aquel punto la atención. Me encantó cómo se fijó en ella primero por su personalidad que en su apariencia. Ritsu ya me había dicho que eso era importante para el amor, y así le había ocurrido a Shin. Por un pequeñísimo instante del que apenas fui consciente, sentí una ligerísima punzada de envidia. Ojalá algún día alguien pudiera hablar de mí con la mitad de emoción con la que Shin hablaba de ella.
Seguí escuchando como una niña pequeña ante el mejor cuento del mundo, y me hizo gracia imaginar cómo habría sido para él que ella lo hubiera rechazado, siendo que nadie lo había hecho antes. Sin duda, le había hecho experimentar muchas cosas que no había sentido antes. Si no hubiera sido por aquel último suspiro, habría estado tentada de aplaudir de manera silenciosa ante la escena final en la que ambos terminaron siendo pareja oficial.
Las historias siempre me han ayudado mucho a aprender cosas nuevas, y esta no era la excepción, aunque mi hilo de pensamiento de desvió ante una inesperada aclaración sobre la compensación.
—¡Pero las compensaciones no hay que hacerlas obligados, Shin! Muchas veces se hacen porque se quiere —aclaré con una sonrisa, esperando a ver si se le pasaba el pique.
Pero había una salvedad.
—Excepto dar tu vida. Nunca pienses en eso.
Mi alegría decreció en favor de una renovada atención, incapaz de no revivir por un momento aquella noche en Kutsukku y la conversación con Dimitri al respecto. Analicé sus palabras, repitiéndolas en mi mente. Su visión de los mártires chocaba con la que había tenido yo hasta entonces, pero me hizo comprender mejor su perspectiva.
—Arriesgarse a morir y estar preparado para morir son dos cosas muy diferentes, pequeña Nyri.
Su convicción despertó la mía y su toque en mi nariz avivó de nuevo mi sonrisa. Aquello, a sus ojos, era otra manera de mostrar fuerza… y yo le había prometido que sería fuerte, igual que lo era él.
—¡Vale! —asentí llevando la mano con su pulsera a mi colgante, cerrando un instante los ojos antes de devolverle una mirada de completa seguridad—. Voy a intentar aprender y estudiar más para que siempre se me ocurran maneras en las que nadie tenga que dar su vida.
Pero su cansancio llevaba demasiado tiempo haciéndose evidente en su mirada, sus gestos y también en aquel último movimiento... y eso empezaba a preocuparme. Por un momento pensé en decir que era yo la que estaba cansada, lo cual era cierto, aunque no llegara al mismo nivel que él. Sin embargo, algo ocurrió entonces que me hizo darme cuenta de algo.
Las capas de tela empapada empezaban a hacer su efecto, y mis manos se movieron solas hasta mi nariz justo antes de que se me escapara un sonidito agudo que bien podría haber recordado a un juguetito de goma.
—Uy… —me sorprendí yo misma, riendo ligeramente para sentirme un poquito menos avergonzada—. ¿Sabes? Creo que lo del baño nocturno no ha sido una buena idea… La próxima vez, mejor hacerlo durante el día y con ropa un poquito más apropiada —reí con suavidad—. ¿Te parece bien si recogemos ya?
Si quería volver dando un paseo o usando su poder, eso se lo dejaba a él. En parte, me asustaba un poco la posibilidad de que finalizara aquella excepción y que realmente no fuera a haber más…
