21-05-2026, 08:07 PM
En el lago dejamos el tiempo correr hasta que el sol se ocultó y llegó la noche. La zona estaba demasiada tranquila y no vimos actividad alguna, pese a que el sheriff con las palabras que me dedicó apuntase a ello. Como si de un campamento de verano fuese, reunimos los pocos materiales que había por la zona para encender una hoguera en el lugar y reunirnos alrededor de ella. Tampoco podíamos hacer mucho más, ya que no veíamos nada más sospechoso ni conocíamos esa isla. Tras haber comido y bebido, me tumbé en el terreno utilizando mis manos entrelazadas como una almohada improvisada, colocándolas debajo de mi cabeza a la vez que mi sombrero tapaba gran parte de mi cara. Abrazados por la oscuridad de la noche y arropados por el manto celestial, Viktor se animó a contarnos una historia. Realmente era un tipo interesante y tenerlo entre nosotros nos estaba aportando muchas cosas nuevas.
No tenía instrumentos a mano, pero si juntando ambas y soplando entre ellas a la vez que movía los dedos, pude improvisar una melodía para acompañar el relato que Viktor narraba y hacer más amena la noche. Un relato que hablaba de una plaga de ratas en un reino y cuyo héroe fue un flautista que se las llevó. Un héroe que pronto se tornó en villano al llevarse a los niños del reino cuando éste se negó a recompensar al músico. ¿Era el flautista el villano? ¿O el reino? Quizás ambos. Lo misterioso fue cuando Viktor llegó a una conclusión al relacionar esos conceptos con un mito que relacionaba a un rio y los muertos, mito que me recordaba al folclore que oía de niño en el Reino de Samba a través de las historias que los más ancianos contaban. Cuando el Shichibukai terminó, la risa de Karl me dio a entender que ella no creía en este tipo de mitos. — Pues a mí me ha gustado oír esa historia. — dije irguiéndome del suelo, apoyando mi brazo sobre mi rodilla izquierda flexionada.
En cuanto la semioni me dio la orden de hacer la primera guardia y que Fuguwu recogiese la moneda del lago, me puse en pie sacudiendo mis pantalones con ligeros golpes para quitarle el polvo de la arena y la arcilla que había por el terreno. — No sé si nos encontraremos con ese tal Caronte, o con el Sací Pererê... pero ahora que Viktor lo menciona, a los muertos se les entierra, ¿me seguís? — arrojé mi chaqueta y mi sombrero a un lado, para quedarme únicamente con mi máscara, mis guantes, mi pantalón y mis botas. Me alejé de la hoguera y me separé unos metros respecto a la zona que había entre las antorchas para comenzar la ginga, balanceándome de un lado a otro semiagachado. — No soy cerrajero pero quizás esta noche sí pueda ser la Pisadeira ¡kakahaha! — Tras una breve danza con la ginga, cogí velocidad para apoyar las manos en el suelo y hacer una voltereta lateral haciendo el paso del Aú, enlazándola con una segunda sin apoyar las manos con el paso del Aú sem mão y finalizando con una tercera voltereta, esta vez hacia atrás, impulsándome verticalmente al lanzar una patada ascendente y ganar altura con una Folha Seca. Ascendí boca abajo gracias a la potencia, agilidad e inercia de mis movimientos hasta alcanzar diez metros. En esa posición podría haber aprovechado el giro para intentar romper el terreno con un rankyaku pero, como no sabía qué podría ocurrir, mi cuerpo estalló en el aire deshaciéndose en una nube de arena que, a la máxima velocidad que podía, descendió de golpe al terreno que marcaban las dos antorchas, levantando una nube de polvo al chocar de forma violenta mi arena contra la del suelo. En esa forma podría mezclarme con la arena del terreno ya que mi plan era remover el lugar de forma subterránea, buscando algo que pudiese ser sospechoso. Quizás una entrada o algo que nos pudiese ayudar a hacer un trato con Caronte.
No tenía instrumentos a mano, pero si juntando ambas y soplando entre ellas a la vez que movía los dedos, pude improvisar una melodía para acompañar el relato que Viktor narraba y hacer más amena la noche. Un relato que hablaba de una plaga de ratas en un reino y cuyo héroe fue un flautista que se las llevó. Un héroe que pronto se tornó en villano al llevarse a los niños del reino cuando éste se negó a recompensar al músico. ¿Era el flautista el villano? ¿O el reino? Quizás ambos. Lo misterioso fue cuando Viktor llegó a una conclusión al relacionar esos conceptos con un mito que relacionaba a un rio y los muertos, mito que me recordaba al folclore que oía de niño en el Reino de Samba a través de las historias que los más ancianos contaban. Cuando el Shichibukai terminó, la risa de Karl me dio a entender que ella no creía en este tipo de mitos. — Pues a mí me ha gustado oír esa historia. — dije irguiéndome del suelo, apoyando mi brazo sobre mi rodilla izquierda flexionada.
En cuanto la semioni me dio la orden de hacer la primera guardia y que Fuguwu recogiese la moneda del lago, me puse en pie sacudiendo mis pantalones con ligeros golpes para quitarle el polvo de la arena y la arcilla que había por el terreno. — No sé si nos encontraremos con ese tal Caronte, o con el Sací Pererê... pero ahora que Viktor lo menciona, a los muertos se les entierra, ¿me seguís? — arrojé mi chaqueta y mi sombrero a un lado, para quedarme únicamente con mi máscara, mis guantes, mi pantalón y mis botas. Me alejé de la hoguera y me separé unos metros respecto a la zona que había entre las antorchas para comenzar la ginga, balanceándome de un lado a otro semiagachado. — No soy cerrajero pero quizás esta noche sí pueda ser la Pisadeira ¡kakahaha! — Tras una breve danza con la ginga, cogí velocidad para apoyar las manos en el suelo y hacer una voltereta lateral haciendo el paso del Aú, enlazándola con una segunda sin apoyar las manos con el paso del Aú sem mão y finalizando con una tercera voltereta, esta vez hacia atrás, impulsándome verticalmente al lanzar una patada ascendente y ganar altura con una Folha Seca. Ascendí boca abajo gracias a la potencia, agilidad e inercia de mis movimientos hasta alcanzar diez metros. En esa posición podría haber aprovechado el giro para intentar romper el terreno con un rankyaku pero, como no sabía qué podría ocurrir, mi cuerpo estalló en el aire deshaciéndose en una nube de arena que, a la máxima velocidad que podía, descendió de golpe al terreno que marcaban las dos antorchas, levantando una nube de polvo al chocar de forma violenta mi arena contra la del suelo. En esa forma podría mezclarme con la arena del terreno ya que mi plan era remover el lugar de forma subterránea, buscando algo que pudiese ser sospechoso. Quizás una entrada o algo que nos pudiese ayudar a hacer un trato con Caronte.
Resumen
Bélico
Gastos
Calor
Karmas aplicados
Enciclopedia de la capoeira
