[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#5
Mientras caminaban hacia las Drum Rookies, Kibai tomó de nuevo con sumo cuidado la bufanda que había recibido de manos de la pequeña Hoffen. La prenda era gruesa, tejida a mano sin duda por la madre de la criatura, y prometía guarecer adecuadamente a quien la vistiese del acuciante frío de Drum. El mink aspiró de nuevo contra la bufanda, llenado sus fosas nasales con el aroma de humano que subyacía por debajo del olor del tabaco y la madera acariciándole la cabeza a la pequeña.

"No te preocupes Hoffen. Traeremos a tu padre de vuelta. Esta gente ya ha sufrido más que de sobra."

El cambio en el zumbido de las escuadras delanteras de avispas sacó a Kibai de sus pensamientos. Levantando la cabeza observó el panorama que tenían enfrente, mientras los escuadrones delanteros se replegaban de nuevo hacia la División. Un gran número de conejos de gran tamaño comenzó a salir de entre los árboles que había en el bosquecillo frente a ellos, a unos cincuenta metros de su posición actual.

Los animales eran realmente gigantescos, con algunos ejemplares de hasta cuatro metros de altura, y parecían perfectamente capaces de sostenerse sobre sus patas traseras. Sus cuerpos eran bastante menos esbeltos que los de un conejo corriente, con abdómenes abombados y cabezas pequeñas en relación a su cuerpo, dónde un par de ojos de un extraño color rojizo fijaban su atención en el trío de marines.

Kibai agazapó un poco su posición, mirando de reojo a sus compañeros.

— Señor, creo que tenemos compañía... Son Lapahn, conejos gigantes nativos de esta isla. Unos bichos bastante agresivos, y con un gusto curioso por la carne humana. Al parecer lo que contraba aquel hombre en la ciudad no era mentira del todo. Creo que hemos encontrado a los animales salvajes que amenazaban las caravanas de suministros.

Mientras hablaba, los ojos de Kibai se movian a todos lados, escaneando el terreno a izquierda y derecha. El camino del bsoque se ecnontraba en un punto bastante ancho, de unos cuarenta metros de lado a lado. Un gran montículo de rocas cerraba el exttremo oeste, mientras que los árboles de hoja perenne que abundaban en Drum se erguían al lado este. Por suerte, estos parecían estar lo suficientemente próximos los unos a los otros como para evitar que las enormes bestias que tenían enfrente maniobrasen comodamente.

— "Eso explica por que nos están abordando de frente. Puede que este sea el único coto de caza en el que puedan moverse en manada de manera eficaz."

Los conejos gigantes comenzaron a moverse, dividiéndose en tres columnas que cubrián todo el ancho del camino. Kibai suspiró, ante de dar un chasquido con la mano derecha. Las avispas de Kibai, que habían comenzado a retroceder en cuanto los conejos habían aparecido, se acumularon en dos esferas de color amarillo y negro, una a cada lado de Bertram. El mink sabía que su compañero brillaba en el combate a distancia, pero podía tener más dificultades en el cuerpo a cuerpo.



En ese instante, una ráfaga de viento silbó como un llanto agudo proveniente de las enormes montañas del horizonte. Como si aquello fuese una señal de la naturaleza, los conejos se lanzaron a la carrera hacia los marines. Las pupilas de Kibai se aguzaron a la vez que sus manos volaban hacia las empuñaduras de Arashi y Raimei.

— "Maldita sea, son rápidos..."

Pero desde luego, el mink había enfrentado cosas mucho peores. Como un relápago de color blanco, azul y amarillo, Kibai se lanzó hacia el frente, dejando caer su capa en el proceso para tener mayor movilidad.

— COMANDANTE, LOS DEL FLANCO DERECHO SON SUYOS!

Realizando un movimiento circular con sus armas, Kibai atravesó como una centella a los primeros animales, abriendo sus gargantes con un corte giratorio. Sin pararse, pateó al siguiente animal en el pecho, usándolo para impulsarse de nuevo a su posición inicial, cortando varios tendones y rajando corvas en el proceso, derribando a otros cuantos de sus atacantes.

— "Tenemos que limitar su avance, o nos arrasarán por mera superioridad numérica..."

Percantándose del enorme tamaño de aquellos seres, Kibai decidió emplear aquello en su beneficio. Con la esperanza de que Stroud llegase a una conclusión parecida, el mink se concentró en acabar con los animales que se abalanzaban sobre el flanco izqierdo del camino, creando poco a poco un cuello de botella al acumular cuerpos unos sobre los otros. Cada vez que un conejo trataba de saltar o pasar por encima de sus hermanos era recibido por un tajo fulgurante que lo hacía unirse a la montaña de cadáveres o bien caer rodando hacia la base, dónde estorbaba al resto de los animales en sus intentos de superar la inesperada barricada que Kibai procuraba alimentar constantemente con más cuerpos que se retorcían entre estertores.

Tras varios minutos, los cuarenta metros de ancho del camino se habian reducido considerablemente del lado de Kibai. La muralla de cadáveres había crecido en altura hasta alcanzar los siete metros, y los cuarenta metros de ancho del camino se gabían reducido en al menos otros nueve. El mink acabó con otros dos animales desde la cima de la montaña de cuerpos antes de dar un salto hacia abajo, plantándose en su lado de aquel imporvisado cuello de botella. Su ropa y las hojas de sus espadas estaban teñidas de sangre, al igual que sus dientes, los cuales había usado en más de una ocasión para desgarrar el cuello de alguno de los Lapahn que se había acercado demasiado. Haciendo un molinete con ambos filos para librarse del exceso de sangre en las hojas que podría resbalar hacia las guardas, Kibai exhaló profundamente mientras se disponía a enfrentarse a los siguientes dos conejos que ya se lanzaban hacia él.

El mundo del mink se convirtió en una niebla de sangre. Los conejos, aunque alguno de vez en cuando aún trataba de escalar la muralla de cuerpos y obligaba a Kibai a dar un salto para eliminarlo, se veían obligados a atacar directamente en el espacio más reducido del camino, lo que facultaba a éste para, ayudado por el hecho de que ahora tenía una segunda espada, acabar con ellos de una manera mucho más rápida y eficaz.

En un momento dado, Kibai dio un salto, aterrizando sobre los hombros de uno de los Lapahn y hundiendo las hojas de Arashi y Raimei en su cráneo. Aprovechando su momentánea atalaya, el mink ojeó hacia el fondo, calculando las decenas de enemigos, tranquilamente más de un centenar que aún quedaban en pie. Regresando al suelo de una pirueta, Kibai se secó el sudor de la frente, observando de reojo a sus compañeros de división.

— Chicos, voy a ser sincero, no creo que tengamos tanto espacio en la nevera del Royal para toda esta carne. Y por mucho que me guste estrenar la espada de Bertram, no quiero pasarme matando conejos todo el día. 

Kibai soltó un rugido desafiante hacia los restantes animales que quedaban, manteniendo la guardia doble aguardando al siguiente Lapahn que osase acercársele.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2570 + 0 = 2570
Energia: 2433 - 735 = 1698
Espiritu: 739 + 0 = 739


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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Kibai - 21-05-2026, 09:02 PM

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