22-11-2023, 08:01 PM
Alguien habló, pero Alzeid sólo escuchaba ladridos. Como al joven andrógino le gustaban los animales y no los consideraba inútiles, pudo entender algunas de las cosas que aquel animal había balbuceado. Que era uno de los líderes de la misión, que había que seguir sus normas, que entrarían tres personas… Aunque una de las elegidas era Alzeid, él lo había ignorado por completo. ¿Quién se creía que era para darle orden alguna? Suspiró. Y suspiró un par de veces más al ver que en el bajo de su vestido tenía una pequeña mancha de sangre. – Aquella mujer me ha arruinado el outfit por completo. – Susurró mientras lo frotaba con ambas manos. Dado que la mancha no se iba de ninguna manera, pensó en cambiar el diseño del vestido. Así, hizo un pequeño tajo, dividiendo la mancha en dos y elaborando una especie de volante en el bajo del vestido. Realizó lo mismo en el lado izquierdo para que quedase lo más simétrico y estético posible. Hecho esto, comenzó a girar sobre sí mismo... como si fuese un modelo. – ¡Listo! – No había nada más importante que cuidar la imagen de uno mismo. Aunque cuidar las pertenencias también era importante, ya que... digamos que un canino había dejado el informe de la misión a simple vista y, cómo no, Alzeid no había pasado esa oportunidad por alto. Así que él también conocía cuántas personas quedaban todavía por “cazar”. ¿Recordáis aquel día en la cafetería en donde perdió los nervios? Ese mismo día fue. ¿Pero para qué volver atrás en el tiempo ahora? El caso es que Alzeid jugaba con esta ventaja y ese fue uno de los motivos por los que ignoró por completo a Daryl. Pasó por su lado como si nada y entró directamente en la mina. Por un momento, parecía que Ikirami quería acercarse a Alzeid, pero algo hizo que cambiara de opinión. ¿Qué habrá sido? La verdad es que el joven andrógino se quedó pensando unos segundos sobre el tema, aunque lo que más le preocupaba es que la pelirroja pensase que por haber combatido juntas ya eran compañeras. Eso había sido algo accidental y un hecho no aprobado por Alzeid, así que lo mejor era olvidarlo. Pero quién sabe... quizá en un futuro lograban encajar. Pero ahora no era el momento, ya que Alzeid estaba enfadado.
Estaban dentro de la mina. Era un lugar normal, bastante típico para un espacio en donde se llevaban a cabo actividades encubiertas y delictivas. Era también una mina muy amplia, con una altura que superaba seguramente los diez metros, y aparentemente profunda. Con cada paso que daban parecía dar la impresión de que se dirigían hacia el centro de la tierra. También había muchas cajas, demasiadas quizá. Alzeid se acercó a un par de ellas para examinarlas. – Parece que sólo hay material de trabajo. – Susurraba mientras movía picos, palas y algunos que otros trapos, presumiblemente para limpiar los objetos. O el sudor. – ¿Cuántas personas trabajarán aquí? – Se preguntaba a sí mismo. Quizá aquella mina era lo que dotaba de un salario estable y mensual a toda la población y la misión simplemente impediría que las familias pudiesen llegar a fin de mes... – Ha ha ha... – Alzeid comenzó a reírse. ¿A quién le importaba esto? Él sólo tenía que acabar la misión cuanto antes. Apartó las cajas y continuó avanzando.
Tras unos pasos más, llegarían a una cámara rocosa todavía más amplia que los caminos que había seguido hasta el momento. Echó un vistazo atrás y parecía que el grupo le estaba siguiendo. – Perfecto. – Pensó. Había incluso algunos animales voladores, quizá canarios, encerrados y sin comida. Alzeid se acercó a una de las jaulas y les echó un poco de comida que había en unos sacos próximos a las jaulas, apoyados en la pared. – Pobres. ¿Qué desalmados os han abandonado así? – Evidentemente, no los habían abandonado. Pero Alzeid se refería a que no los habían alimentado, y eso le apenaba. Aunque no lo pareciese, le gustaban los animales. – Tranquilos. Glatus pagará por jugar con vuestras diminutas almas. – Acarició a uno de ellos.
Al alzar una vez más la mirada, observó sus alrededores mucho mejor que cuando llegó a aquella cámara. Frente al grupo, había tres caminos diferentes, cada uno de ellos dando a un lugar diferente, aleatorio y seguramente mucho más profundo. En uno de ellos, el ubicado más a la izquierda, podían percibirse una serie de ruidos metálicos que podrían ser indicativo de que alguien se encontraba por allí. ¿O quizá alguna máquina había quedado encendida? El resto de caminos resultaban mucho más tranquilos, así que Alzeid había optado por continuar por el más ruidoso. Cómo no. – ¿Vamos por aquí? – Miró hacia Irina, indicando con su dedo índice el camino más a su izquierda. – Estoy seguro de que tú también lo percibes... Mi alma está ansiosa. – En una clara alusión a los ruidos que provenían de ese camino. Con todo, cuando apareció la gigante detrás de ellos tan sólo Irina y Alzeid se habían dado cuenta, así que el joven andrógino pensó que esta ocasión sería similar. Sólo las personas elegidas podían darse cuenta de estos detalles. – Puedes montar y yo puedo esquiar. – Sonrió. Señaló sus pies, de los que salían unas cuchillas que simulaban al calzado para patinar sobre hielo.
En su cabeza, estaba todo pensado. Sólo estaba esperando por que Irina se aventurase con él.
Resumen
Karmas
Bélico
