22-05-2026, 06:01 AM
Verano, año 6
Baterilla, Muelle
Baterilla, Muelle
Recuerdo perfectamente el día que conocí a Jesse, aunque supongo que para contar esa historia primero debo hablar de cómo era mi vida en aquel entonces, ese día caminaba en dirección al puerto cargando varias cajas de cartón entre los brazos, dentro llevaban panes recién horneado, mi andar me llevaba directamente al negocio de la familia Hoshino, local humilde. Mis hermanos mayores y mi padre ya se encontraban allí organizando todo para partir a alta mar, así que me habían pedido que llevara el pan antes de que zarparan. Siempre odié esos días.
Cada vez que mi familia debía salir a pescar, la casa quedaba demasiado silenciosa, a veces pasaban cuatro o cinco noches antes de que regresaran, y durante ese tiempo yo permanecía sola en la isla, únicamente bajo el cuidado de la señora Raquel, una anciana vecina que se encargaba de vigilar que no me ocurriera nada mientras ellos estaban fuera, ella tenía un gato gordo y malhumorado que me observaba como si hubiese invadido su territorio cada vez que entraba a su casa, pero amaba jugar con él cuando me dejaba, pero fuera de es, estaba sola. No teníamos más familiares en la isla, nadie más aparte de nosotros. Por las noches debía regresar caminando por mi cuenta hasta la parte más alta del pueblo, donde nuestra casa estaba construida, el trayecto era largo.
Cuando finalmente llegué al puerto aquella mañana, encontré el muelle lleno de movimiento por mis hermanos que iban de un lado a otro cargando redes, cadenas y cubetas de carnada, otros pescadores revisaban cuerdas o subían barriles al barco mientras las gaviotas revoloteaban encima atraídas por el olor del pescado fresco. Mi padre, por otro lado, permanecía dentro del negocio haciendo inventario con una rapidez casi desesperada como si el tiempo nunca fuera suficiente antes de zarpar. Recuerdo haber entrado al local empujando la puerta de madera con el hombro.
El negocio era pequeño, construido con tablas envejecidas por la humedad y el salitre, a ambos lados había grandes canastos llenos de hielo donde descansaban peces de distintos tamaños, algunos moluscos y varios crustáceos, el aire olía intensamente a mar, algo a lo que ya me había acostumbrado desde niña, dejé las cajas sobre una de las mesas mientras mi padre seguía escribiendo números en un cuaderno desgastado. Parecía completamente concentrado, frente a él había un mapa extendido donde marcaban las zonas en las que esperaban encontrar ciertos peces y mariscos. Mis hermanos discutían sobre azuelos y rutas de pesca mientras él anotaba las cantidades, revisaba provisiones y daba órdenes sin detenerse ni un momento. Todos parecían tener prisa ese día, y yo en medio de todo aquel movimiento, únicamente pensaba en que dentro de unas horas volvería a quedarme sola.
—- Papá…
—- ¡Ah, Miyori! que bueno que has llegado, tu viejo está a punto de irse, ¿has traído el pan? —- dijo sonriente mientras colocaba una mano sobre mi cabeza y acariciaba los mechones tenues de mi frente.
—- ¡Si!
—- ¡Muy bien!, es parte de las provisiones que llevamos para alimentarnos pero también…. —- se acercó a mí como cómplice y me susurró un poco al oído. —- Es el secreto para atrapar tantos atún posible, no le digas a tus hermanos. —-- Me confió su secreto, aunque años después descubrí que todos ellos lo sabían también.
—- ¡Papá, es hora de irnos! —- Gritaron mis hermanos desde el barco, a lo que mi padre se apartó de mí y me tomó en brazos para segundos después caminar unos cuantos pasos hacia la entrada de la fachada, ahí pude ver a mis otros hermanos que esperaban pacientes, al verme alzaron sus manos al aire y se despedían con sonrisas ante mí.
—- ¡Hermanita prometo traerte muchas ostras de mar! —- dijo mi hermano Kenta, quién de todos era el que más me consentía, aunque sería injusta si los comparase entre ellos, todos tenían su forma de mostrarme afecto.
—-¡Cuidate mucho, Miyo, tus hermanos vendrán pronto a cuidarte!
—- Bien, es momento de irnos, cuidate mucho y no olvides hacerle mucho caso a la señora Raquel… —-- Dijo mi padre mientras me dejaba de nuevo en el suelo y se despedía con otra caricia sobre mi cabeza, en ese entonces tenía ocho años, y me encargaba del puesto de pescadería desde los 6 años, pero no sola, esta era mi primera vez sola entonces estaba muy nerviosa, ¿Y si me equivocaba?, pero mi padre tenía confianza en mí, no podía defraudarlo.
—-¡Lo haré, seré una gran vendedora!
Miyori 8 años
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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