Totalmente relajada ante aquella armonía perfecta, permanecí en silencio mientras los grillos iniciaban su pequeña sinfonía nocturna, mezclándose con el canto constante de las chicharras que parecían intentar transmitir un único mensaje al mundo. Todo se sentía extrañamente perfecto, tranquilo… casi irreal. Sin ninguna preocupación rondando en mi cabeza, comencé a retirar la bota que aún llevaba puesta y dejé que mis pies tocaran el césped húmedo. Como casi un reflejo mis dedos jugaron suavemente entre las pequeñas hojas verdes, provocándome leves cosquillas que me hicieron sonreír apenas –Jeje…– La brisa que corría en ese momento era tan fresca y relajante que no quería recordar ningún mal momento, ni pensamientos relacionados con la marina, responsabilidades o viejas preocupaciones. Por una vez, solo deseaba existir allí, bajo el cielo nocturno, disfrutando únicamente del presente y de aquella calma pasajera que abrazaba mi corazón lentamente.
Dejando la fruta reposar suavemente entre mis dientes, llevé ambas manos hacia los cordones que ajustaban el escote de mi vestido, desabrochándolos con calma bajando la guardia por unos instantes; sin embargo, aquella tranquilidad desapareció de golpe cuando de repente un silencio cubrió el lugar por completo. Los grillos dejaron de cantar, las chicharras callaron abruptamente y hasta el viento pareció contenerse, como si algo hubiese irrumpido en aquella zona apartada —Mmg…— murmuré apenas teniendo aun la fruta entre mis dientes, Un escalofrío comenzó a deslizarse por mi espalda dejándome claro que no estaba sola. ¿Sería algún animal salvaje oculto entre los arbustos… o quizá alguien observándome desde la oscuridad?
De pronto, un fuerte crujido proveniente del árbol que estaba detrás de mí me hizo estremecer por completo. Mi corazón dio un salto y al girarme rápidamente, pude ver una figura dorada descender a gran velocidad desde las ramas, mi vida pasó delante de mis ojos de una forma tan radical que al abrir la boca la manzana rodó hasta el suelo, Aquella figura aterrizó apenas un metro de distancia con una agilidad imposible de asimilar. El impacto fue brusco que sentí la vibración por unos segundos, provocando que un grito escapara de mis labios antes siquiera de comprender qué demonios estaba viendo.
Mi cerebro intentaba procesarlo desesperadamente. ¿Era un hombre…? ¿Era un leopardo? Sin duda poseía rasgos felinos, pero aquel cuerpo peligrosamente bien definido hacía que todo resultara todavía más absurdo, mis mejillas sonrojaron pero el miedo me gano --¡¿UN GATO TETÓN?!— fue lo primero que salió de mi boca, completamente horrorizada y confundida.
La impresión fue tan grande que me lancé hacia atrás sin control alguno, rodando torpemente sobre la roca en una vergonzosa voltereta hasta terminar sentada de golpe sobre mi trasero –Ahh…– un pequeño quejido salió de mis labios, el brusco movimiento provocó que el escote de mi vestido cediera por completo, resbalando hasta mi cintura y dejando al descubierto parte de mi ropa interior superior. Por unos segundos permanecí congelada, despeinada y totalmente avergonzada, mientras mi mirada alternaba entre acomodarme la ropa… y aquella extraña criatura dorada salida de mis peores delirios nocturnos. Entonces escuche como aquella identidad felina comenzaba a disculparse, excusandose a su misma tiempo mientras preguntaba por mi bienestar.
Cuando finalmente comprendí lo que estaba ocurriendo, solté un largo suspiro mientras me llevaba una mano a la frente, tratando de ordenar mis pensamientos, ¿era un hombre?… pero ¿con rasgos claramente felinos?. Parpadeé varias veces, aún sin estar segura de si mi mente me estaba jugando una broma y al levantarme con cautela, me acerque con cierta cautela para observar mejor su anatomía. Fue entonces cuando mi atención quedó completamente atrapada por aquella cola que se movía con suavidad detrás de él; impulsivamente me agaché y la tomé entre mis manos, tirando con delicadeza antes de acercarla curiosa a mi rostro para inspeccionarla mejor —Aaaaw…— murmuré sorprendida por lo peculiar de la textura, completamente absorta en aquel descubrimiento como si fuera lo más normal del mundo, no dude en frotar la punta de la cola contra mi nariz. Luego me incorporé de nuevo, acercándome con total naturalidad pese a la extrañeza de la situación. —¡Disculpado! y… ¡perdón!— solté de inmediato, sin pensar demasiado pues me habia dejado guiar por la curiosidad que por la etiqueta, mientras mis ojos recorrían su figura con interés científico más que otra cosa; incluso me quedé observando sus rasgos felinos con atención, no se en que momento pero mi mano estaba apretando sutilmente su pectoral derecho con total naturalidad, observando fijamente a los ojos, levante mi mano izquierda para dejar mi pulgar, en un signo de aprobación absoluta.
Buena porción…— confesé en voz baja mientras retiraba la mano finalmente, comenzando a acomodar mi vestido con cierta torpeza, volviendo a abrochar cuidadosamente cada hilo hasta cubrir nuevamente el escote. Luego me dejé caer sobre la roca en la que antes estaba sentada, como si el simple acto de sentarme pudiera devolverme la cordura perdida. Cerré los ojos un segundo, intentando convencerme de que todo aquello no era más que un sueño extraño, de esos que se desvanecen al despertar —Bueno… ¿cómo funciona esto? ¿Debo correr?… ¿Voy a morir?— murmuré finalmente, abriendo los ojos con una mezcla de nervios y resignación. La realidad comenzaba a pesarme de golpe, a mi lado estaba un felino enorme con forma humana, una presencia imposible de ignorar. Tragué saliva lentamente, sintiendo cómo la duda se instalaba en mi mente con total claridad. ¿Era yo la presa en esta situación… o solo una espectadora atrapada en algo que no entendía?.
Karma

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