La marina se viste de prada [pasado][kagura]
#7
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Palabras confundidas, frases inconclusas, rostro sonrojado cada segundo más por la vergüenza. Kael no era un hombre que se aprovechase de aquellas situaciones, pero sabía que todo eso lo generaba él, y esa chica, como casi todas las que estuvieron pasando por esa situación justo antes de ella, estaba cayendo en esa red que ni siquiera tejió a propósito.

Su ceño se frunció ligeramente al ver como ella le apartó con desdén. ¿Estaba dispuesta a volver a desnudarse a pesar del esfuerzo por vestirla? Acababa de vestirse, y ya estaba perdiendo los estribos. Un calor nacido de su propio interior la estaba amenazando, y eso él no podía permitirlo. Su único problema, es que las palabras que la siguieron le pillaron completamente desprevenido, causándole algo de confusión que no llegó a expresar en sus facciones.

—Todo lo contrario.—Respondió, esta vez deteniendo todo su trabajo para asegurar que aquello se entendiese a la perfección.—Precisamente porque considero que eres una marine ejemplar es que tenemos que hacer que la gente lo vea. No importa que seas algo si no lo aparentas en la foto. Si no, ¿de qué nos servirá hacer toda esta propaganda?

—Quizás tengo un problema con llevar la ropa encima… pero puedo controlarlo ¿sabes?... No es tan difícil si me lo propongo 

Eso decía, pero sus acciones la traicionaban, desarticulando su argumento en el mismo momento en que lo pronunció. Kael fue testigo de cómo con una habilidad tan alta en una tarea tan absurda la mujer se deshacía del uniforme, ofreciendo, una vez más, la vista completa de su cuerpo con tan solo la ropa más íntima de una mujer más adulta de lo que ella era. En esta ocasión, el de cabello azabache no pudo evitar ver cómo todo aquello ocurría. Apartar la mirada implicaría importancia, pero no hacerlo sería descortesía, y él no tenía intención de dar ninguna de las dos imágenes.

La chica le ofreció la espalda, dejando que la cascada mandarina inundase su mirada mientras trataba de entender por un momento los pensamientos de la contraria. Tan solo tenía un par de ideas que le daban cierto sentido a lo que ella estaba haciendo, y no quería tener razón en ninguna de ellas, por lo que, con cierta reticencia, simplemente quedó a la espera.

—P-Perdón… jajaja…

—...—A esa acción no pudo hacerle caso omiso. Por su reacción había sido un accidente, uno completamente tácito, algo que dentro de toda esa absurda situación podía "entender" sin ver en él una intención detrás, pero lo vió. Fue testigo de ello, solamente por estar delante, por tener su mirada de frente sin apartarla, porque ella no se lo pidió, porque no tenía ningún interés en ocultar su cuerpo. Su mente no lo procesó, y su cuerpo no le dió importancia.—¿Hay algo que quieras decirme? 

Se quitó de en medio. 

Se acercó directamente hasta la cortina usada para el probador improvisado, paso firme, ligero, y la entereza de alguien que solo vela por el resultado de su trabajo, levantándola al momento, dispuesto a colocar aquella pared frente a la puerta con un único motivo: no arruinar su reputación.

—No entiendo por qué quieres que te maquille en esas condiciones, pero si eso te mantiene quieta para que pueda trabajar, entonces aceptaré para que podamos acabar cuanto antes.—Respuesta meditada, usó las palabras correctas para evitar malentendido en el exterior, cuando notó que quizás había alguna persona colocando la oreja tras la misma, cuando sus pasos se acercaron hasta la misma.—Serán tonos cálidos entonces. Creo que el rojo y el naranja quedarán estupendos en tus pómulos.

Tomó una bocanada de aire con sutileza, la suficiente para no notarse cansado, recobrando la ínfima entereza perdida por la confusión. La sorpresa había venido por tener delante a una marine tan extremadamente particular, pero eso no le hizo no poder centrarse de nuevo, y estaba predispuesto aún con todo a lograr llevarla a lo más alto de aquella exposición fotográfica.

—Voy a comenzar. Por favor, quedate totalmente quieta.—Recortó la distancia entre ambos, manteniendo un dedicado contacto a toda la belleza de su rostro, esculpiendo su obra en su cabeza antes de comenzar a pintar. La chica era bella, y él podía hacerla resaltar aún más.

Sus dedos se movieron con toda la precisión que sabían expresar en su arte, apartando algunos mechones anaranjados que caían cerca de sus ojos para despejar el lienzo sobre el que iba a trabajar. El contacto suave en sus movimientos era totalmente opuesto a alguien como él, pero incluso alguien tan rígido comprende cómo ciertos detalles sólo podían tratarse con delicadeza.

Los tonos cálidos comenzaron a aparecer poco a poco entre pinceles y yemas de los dedos: terracotas suaves, naranjas apagados, rojos desaturados, colores que no buscaban transformar a esa marine en alguien distinta, sino extraer algo que ya estaba allí, oculto bajo aquella energía avergonzada que le ofrece a su desinteresado pintor. El maquillaje rodeó lentamente sus ojos con sombras cálidas, alargando apenas la mirada hacia los extremos para darle una sensación más felina, más intensa, pero sin romper nunca la naturalidad de sus facciones. Él sabía perfectamente cuándo detenerse, pero no lo haría hasta lograr proyectar ante sus ojos lo que su mente había dibujado.

La luz del oasis, tenue y parcialmente dorada por el reflejo de la arena, terminó convirtiéndose en una herramienta más para él. Aprovechó cada sombra natural que se formaba sobre el rostro de la muchacha para profundizar apenas ciertos contrastes, marcando la línea de sus pestañas inferiores con mucha sutileza.

La profunda oscuridad de sus pupilas descendió lentamente hacia sus labios mientras trabajaba sobre los últimos detalles, añadiendo un tono rojizo tenue que conservaba la frescura que le pedían los tonos cálidos, aunque ligeramente mordida por una sensación contenida difícil de explicar. Un tono coqueto, femenino, quizás demasiado para una marine en aquella situación, pero caprichosa en un juicio personal.

Una emoción atrapada entre la cercanía y la distancia. Quizás solo estaba jugando con su propia imaginación, o tal vez probaba algo distinto, pero no le desagradaba. Cuanto más avanzaba, más evidente se hacía que el joven marine no estaba maquillando únicamente un rostro bonito. Estaba construyendo una imagen capaz de transmitir algo atractivo de mirar directamente, precisamente porque resultaba como una humana más, pero al mismo tiempo, destacando por encima del resto.

Sus ojos volvieron a los de ella apenas unos segundos más de lo necesario.

—No cierres los ojos todavía.—Comentó con su tono carente de emoción mientras acomodaba ligeramente el ángulo de su rostro con dos dedos sobre el mentón femenino.—La mirada es lo más importante. Si eso falla, todo lo demás pierde valor.

Le estaba quedando un trabajo mucho más detallado de lo que esperaba.
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RE: La marina se viste de prada [pasado][kagura] - por Kael Omuyaga - 22-05-2026, 11:11 AM

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