[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#6
"Creo que no te faltaba razón, Kibai," concedió Stroud al mink mientras caminaban por la nieve, después de un rato de permanecer sumergido en sus pensamientos durante la travesía, "si se tratase de un chantaje, ya habrían declarado sus condiciones. Esto huele a algo peor. Monopolizar la fuerza médica de la isla... ¿para qué?," preguntó retóricamente, sus ojos grises examinando el paraje nevado a su alrededor mientras continuaban avanzando. El leopardo tenía razón: era demasiado extraño. El único motivo por el que podrían esperar para dar un precio a su chantaje sería terminar de tener a todos los médicos, o simplemente desear que una parte significativa de la población llegase a enfermar antes, pero no parecía que fuese el caso. En efecto, parecía que algo más se cocía allí. "Pero no creo que podamos descartar a los revolucionarios. Siempre andan metidos en algo."

A medida que las botas de la División al completo avanzaban a través de la densa nieve, bajo el espléndido sol que continuaba radiando sobre la isla, Stroud se percató de que empezaba a haber movimiento en el blanquecino paraje. Se detuvo, haciendo un gesto al resto. Asintió ante las palabras del mink. "No, se ve que no era mentira del todo," asintió, apretándose las correas de sus guantes tachonados mientras observaba cómo aquellas enormes bestias los emboscaban como un gran ejército. "Pero habrá que ver hasta qué punto esos bichos están aquí por voluntad propia, y hasta qué punto esta no es una situación de la que se hayan aprovechado," apuntó. Era ciertamente muy conveniente que el castillo en que se decía que alojaban a los secuestrados estuviese tan firmemente defendido por aquellos guardias, a los que nadie echaría la culpa de nada. Fuera una conveniente circunstancia de la que se hubiesen aprovechado, o fruto de alguna suerte de control ejercido sobre ellos, era mucho más discreto —y barato— que apuntalar una guardia permanente que se ocupase de asaltar a los viajeros en aquellos caminos.

Se habían empezado a movilizar. Disponían de una organización envidiable, y se habían distribuido de forma inteligente a lo largo del camino, bloqueándolo por completo y forzándolos a luchar o a huir. Su aspecto era temible, enormes bestias de pelo níveo que se adaptarían perfectamente a su entorno, con aquellas colosales zarpas capaces de destrozar a cualquier viajero desprevenido. Verlos en tal número era, además de abrumador, espectacular. El lado más aventurero y explorador de Stroud quiso tomar nota de todo, dibujarlos en una libreta y documentarlos en profundidad, pero aquello debería esperar. Tras la calma tensa que se había producido tras su repentina aparición en el camino de la montaña, tras una súbita ráfaga de viento, los Lapahn se habían lanzado al ataque, casi en formación. Debían reaccionar. "Los del flanco derecho, ¿eh?," pensó Stroud para sí ante las palabras de Kibai, poniéndose en movimiento y dirigiéndose hacia . No era mala estrategia. Si jugaban al juego que les proponían las bestias, acabarían sepultados por su abrumadora superioridad numérica. La jugada inteligente era, tal y como seguramente hubiese concluido su compañero, servirse de sus números para ponerlos en su contra y crear un entorno en que pudiesen ocuparse de ellos con mayor sencillez.

Él no tenía una Raimei, pero tenía sus puños. Corrió contra el flanco derecho; los movimientos de las criaturas eran rápidos, pero él lo era más. Se lanzó contra el frente de aquel flanco, cara a cara con las bestias, y, como un boxeador, comenzó a atacar, recortando la distancia al mínimo y aprovechándose del gran tamaño de sus contrincantes. Un uppercut, otro, uno al cuerpo, un jab, un cross... Uno a uno, los enormes Lapahn comenzaron a caer frente a sus golpes, derrumbándose como grandes monolitos, y comenzando a formar una suerte de muro o montón que se iba agolpando frente al Marine, progresivamente formando una barrera que entorpecía el paso del resto del flanco hacia su posición. Sobre el blanco pulcro de la nieve comenzaban a formarse, aquí y a allá, pequeños charcos y goterones de rojo, a medida que caían frente a él. Sirviéndose de la ventaja estratégica que estaba creando, el resto del combate resultó mucho más sencillo, a medida que los cuerpos de los Lapahn se amontonaban en torno al mismo punto, empequeñeciendo el rango de maniobra del que disponía el resto y formando una suerte de cuello de botella de cadáveres por el que tendrían que pasar para avanzar hasta ellos y atacarles. Kibai había hecho lo mismo, pero al otro lado. A Stroud le resultaba satisfactorio en grado sumo ver cómo la División funcionaba como una máquina tan perfectamente engrasada.

El ancho del camino, gracias a aquellos parapetos improvisados con los cadáveres de los Lapahn, había disminuido significativamente hacia el final de su asalto, y los uniformados pasaban a disponer de un control del terreno frente a sí del que antes carecían. Stroud continuó la faena, tumbando a más Lapahn, sus nudillos hinchándose y amoratándose bajo la firme cubierta de los guantes tachonados que portaba, pequeñas salpicaduras de sangre  contrastando con lo impecable de su uniforme y, en menor medida, de su piel. Sin embargo, aún quedaba prácticamente la mitad de aquel ejército salvaje en pie. La lucha no había terminado.

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3352 + 0 = 3352
Energia: 3064 - 734 = 2330
Espiritu: 802 + 0 = 802


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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Stroud Nanashi - 22-05-2026, 12:58 PM

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