[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#7
El arquero de la división 60, el hombre que, a pesar de todo lo que pasó antes de reunirse con  otros marines, siempre tuvo en mente formar una división de marines para trabajar en conjunto para cumplir su misión de ayudar y proteger a los civiles indefensos, finalmente se encuentra en una situación donde ponen a prueba sus ideales y su verdadera determinación por cumplirlos. La primera prueba fue la decisión de ayudar a la niña o ir a por el sujeto de la campana, siendo que el pelirrojo se mantuvo fiel a su mentalidad y objetivo al unirse a la marina, ayudar a quien lo necesitara, y en ese momento una niña que busca ayuda para su madre enferma era la opción primordial a sus ojos, y afortunadamente sus compañeros pensaron igual. Al ir con la niña pudieron dar un primer tratamiento a la madre y al menos asegurarse que estuviera fuera de peligro inmediato, al mismo tiempo descubrieron que alguien secuestró a todos los médicos de la isla, incluido el padre de Hoffel por lo que eso explica que la mujer no pudiera ser atendida.

Durante el camino el arquero mantiene su costumbre de mantener la vigilancia continuamente, siempre quedándose un poco más rezagado que sus compañeros pero a una distancia en la que en caso de necesidad pudieran reunirse rápidamente, así podría dar cobertura a los demás antes de que los alcancen, y podrían ayudarle en caso de que alguien se acercara demasiado al pelirrojo. Mientras caminan los tres miembros presentes de la división hablan sobre sus sospechas respecto a los causantes de todo esto, mientras que Kibai, como siempre, extiende sus insectos de forma inteligente. Durante la conversación Stroud hace una pregunta puramente retórica antes de asegurar que es demasiado pronto para descartar a los revolucionarios, y menciona algo que el joven cazador de la marina también piensa, qué es lo que pretenden pues de ser un chantaje salvo quieran esperar a que la gente enferme para que la amenaza cale más profundo ya habrían informado lo que quieren a cambio. Sea lo que sea el joven pelirrojo no piensa dejar que se salgan con la suya, y por lo que conoce de sus compañeros, ninguno de ellos parece también estar dispuesto a dejarlos sueltos.

Los ojos de Bertram, siempre atentos a los detalles y a su entorno, se percatan de que el camino está rodeado de rocas y los árboles están bastante próximos unos de otros, lo que hace que los flancos sean difícilmente asaltados, haciendo que las amenazas vengan mayormente por el frente o la retaguardia. Justo mientras caminan hacia el castillo sucede lo que tanto la madre de la niña como el hombre de la campana dijeron, una gran oleada de bestias les corta el paso, contando son como unos 300 Lapahns, bestias enormes y peligrosas, seguramente la causa de que el ejército no pueda movilizarse abiertamente, o al menos parte de ella. Los ojos rojos del marine se fijan en todos ellos, y se percata de que no son simples animales, se mueven inteligentemente, buscando acorralar a los marines por lo que mientras sus compañeros siguen avanzando y los animales se mueven, el arquero nota como su compañero cubre sus flancos con sus avispas, algo que saca una pequeña sonrisa al pelirrojo que no destaca precisamente en su capacidad para seguir movimientos a gran velocidad, más bien busca ralentizarlos o anticiparse a sus movimientos.

En el momento que las bestias se lanzan a por ellos, Kibai y Stroud se lanzan de frente contra la maraña de conejos, conteniendo a la mayoría entre ellos, y ralentizando al resto con los cuerpos de sus compañeros caídos haciendo que el arquero pueda alejarse lo bastante para poner a prueba su idea, algo arriesgado, pero viendo que sus compañeros tumbaron a la mayoría ellos solos, Bertram sonríe y hace que su espíritu se expanda como una oleada de presión, limitando el alcance del mismo a unos 10  metros a su alrededor, haciéndolo en el momento que el resto de conejos empieza a lanzarse a por él y manteniéndolo mientras vienen, viendo como todas las bestias empiezan a detenerse en seco su avance, algunas quedando completamente paralizadas y otras, algo más alejadas, huir despavoridas del lugar por el instinto más primitivo de todos, el instinto de supervivencia que provoca que evitas cualquier situación que percibas como una gran amenaza.  El arquero mira a las criaturas y entiende que realmente lo que hacen es su naturaleza, buscar presas para alimentarse y alimentar a sus crías, pero él se niega a ser comida por lo que evitó eso a toda costa.

Escuchando el comentario de Kibai sobre la comida y la despensa la reacción de Bertram es inmediata

-Trehehehe podemos dejar el resto en el pueblo cuando terminemos para que la gente lo aproveche, sir. Pero nuestro objetivo se encuentra ahí detrás, ese pequeño teleférico es nuestro acceso al castillo, pero seguramente si realmente están todos allí será la zona más vigilada.-

Las palabras de Bertram son claras, el peligro apenas comienza y por ello es que pese a que ve a los conejos paralizados o huyendo no aparta los ojos y se mantiene atento a lo que ocurre a su alrededor, listo para reaccionar a cualquier nuevo peligro o por si los conejos regresan a atacar en contra de sus instintos más básicos.

Carcaj de Bertram
berchanpandared



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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Bertram Gaufrid - 23-05-2026, 12:44 AM

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