Un fantasma del pasado [Presente Relativo - T3] [Priv. Tezca]
#3
Un hilo de humo salió de los labios de la mujer y chocó directo contra el rostro del desesperado muchacho y después de eso, la risa baja y aterciopelada de la dama se mezcló con el ruido del cristal de las copas que resonaban en el bar.

—¿Tanta desesperación decides mostrar? El Norova que conozco nunca habría permitido que lo viéramos tan urgido por unas migajas información —. Habló de manera casual mientras que una de sus manos decidió que era buena idea reacomodar los dorados cabellos del muchacho, con una delicadeza tal que su tacto solo era comparable con la seda. —Por favor, no me decepciones, jovencito —. Dejó de mirar al chico y llamó al bartender para pedir un trago para ella misma; sin embargo, a pesar de su aparente desinterés, la mirada oscura de la mujer de cortos cabellos canosos adquirió un matiz pensativo, justo como el de alguien que intenta unir las piezas de un lejano pasado.

—¿Tu padre? —El anciano, en cambio, hipeó antes de dar otro sorbo a una bebida que había pedido en algún punto de la conversación. Sus ojos, bañados por un matiz brillante, casi lacrimoso, además de la rojez en su rostro y la tartamudez en su habla, denotaban que la borrachera era tanta como para que apenas pudiera hilar un par de cosas de la conversación. —¿Nombre? Ja… ¿Cómo no vas a saber su nombre si dices ser su hijo? ¡Que divertido eres, muchacho! —Su mano pesada chocó con la espalda del rubio y le dio un par de fuertes palmadas que resonaron en la piel ajena, definitivamente, no estaba midiendo su fuerza.

La mujer, en cambio, con su nuevo trago en mano, rodó los ojos y quiso desviar la atención del hombre del pobre chico desesperado.

—Deja de jugar con él. Quiere respuestas y tu eras bastante cercano a Norova ¡Espabila! —Exasperada por la actitud de su compañero, la helada bebida que debía ir a su boca terminó regada sobre el rostro del hombre…No fue un accidente, fue premeditado. —No me hagas pedir hielo para meterlo en el cuello de tu camisa —. El viejo borracho refunfuñó y se levantó de su asiento al sentir su cara y parte de su vestimenta mojada. Tanta era su molestia aparente que uno de los meseros se acercó para entregarle una toalla de tela y otro más le entregó una bolsa con hielo, un vaso con agua y una pastilla que, a ojos de todos, parecía algún tipo de medicamento.

Madame de Rosier exhaló, al menos su gesto los había librado de las interrupciones de Clair, eso le daba espacio para pensar mejor en qué decir.

—Es probable que regrese —dijo mientras veía como los meseros intentaban lidiar con el desastre que dejaba Monsieur Clair a su paso, por ahora el hombre se había alejado un par de metros, aunque aun se escuchaban sus protestas, pero…lo cierto es que cada vez se apaciguaban más. —Mientras tanto, te puedo contar lo que recuerdo de tu padre… ¡Increíble! Nunca me enteré de que él tuviera un hijo, aunque…ciertamente, al día de hoy me pregunto cuantas cosas sobre él nos habrá ocultado —. La conversación, por fin, parecía tomar un matiz mucho más serio que antes, incluso la voz de la mujer dejaba de lado la coquetería para abrir paso a un tono más formal.

—No puedo decirte donde está él. Hace más de 20 años que no lo veo, nos dejó sin dejar rastro...pero puedo decirte que viajó con nosotros por un tiempo, cuando recién empezábamos nuestros negocios mercantiles en el mar —. Quizá era información poco relevante, pero ella supuso que el chico querría saber que tipo de vida habría llevado el hombre que le dio la vida. —Era un excelente comerciante, se le daba muy bien los negocios y tenía una labia excelente para convencer a las personas de…de lo que sea…Así fuera sobre comprar un producto o, incluso, para influir en sus decisiones políticas. Aprendimos mucho de él, pero conmigo siempre fue bastante reservado… ¿Un nombre dices? Hasta hoy creí que su nombre era Norova, pero verlo en tu cartel me hace pensar que solo era su apellido —. La mujer dejó entrever una sonrisa amarga, empezaba a cuestionar que tan real había sido el tiempo compartido con quien consideró su amigo.

—Aunque…si te sirve de algo, Monsieur Clair solía llamarlo Cici…Norova solo reía ante eso y rodaba los ojos, pero respondía al ridículo apodo —. Ella se encogió de hombros, ahora que entendía que Norova era solo un apellido, le parecía que soltar esa pequeña información, por más mínima que fuera, tal vez podía ayudar al chico. —Tal vez entre esas letras puedas encontrar algo sobre su verdadero nombre… ¿Cómo saberlo? —Dio una calada larga a su cigarrillo y, justo en ese instante, el asiento contiguo a Tezca volvió a ocuparse por el borracho, quien ahora tenía sobre su frente una bolsa de hielo y su actitud parecía haberse apaciguado.

—Cici…Norova…sí, claro…recuerdo ese nombre —. La voz del hombre aún sonaba entrecortada, pero ya no tenía en su rostro esa energía descontrolada de antes. La pastilla que le dieron había controlado los efectos del alcohol más la droga que había consumido…era un calmante de efecto rápido que usaban en el bar para que los clientes siguieran consumiendo más y más durante la noche. —Perdona, chico…pero verte de repente me ha hecho creer que veía a un fantasma. La última vez que escuché de Cici creí que había muerto.

Cuando el hombre dijo eso, incluso Madame de Rosier alejó su cigarrillo de su boca y no disimuló el asombro en su cara.

—¿Supiste de él después que nos dejó sin decir nada?

—Supe poco —. El viejo se encogió de hombros. Aun tenía la bolsa de hielo en su frente y no miraba a la cara ni a la Madame ni a Tezca. Clair miraba hacia el techo. —El viejo Barnaby lo encontró hace un tiempo… ¿Hace unos cinco años? Quizá más, no estoy seguro…No sé qué pasó con ellos dos…Barnaby nunca quiso decir nada a nadie, pero dijo que Cici estaba mejor muerto que vivo. Es extraño, esos dos se llevaban bien…él podría contarte más, si es que logras hacer que hable.

Los ojos de Madame de Rosier estaban abiertos de par en par, había dejado de fumar y de beber. Se centró solo en las palabras de su viejo amigo y, por un instante, deseó ser 20 años más joven y poder comportarse de la misma manera impetuosa que antes, solo para darle un zape en la cabeza al hombre por no haberle contado a ella ni a nadie más algo tan importante como eso… ¿Cómo es que Clair siempre se las arreglaba para conseguir información tan importante? ¿Y por qué tenía la mala costumbre de soltarla de una manera tan casual? Como si no fuera a tener ningún impacto.

—¡Ah! También me dijo que cuando lo vio en aquel tiempo estaba viajando con una tripulación importante…algo del Pol…C… ¡Ah! No recuerdo el nombre del grupo, pero ya te digo chico…tu padre quizá esté jugando dominó con San Pedro —. Soltó una risotada que dejaba en claro que aun estaba bajo los efectos de alguna sustancia. —Es más… ¡UN BRINDIS POR NOROVA CICI! —Dejó a un lado la bolsa de hielo y tomó en una de sus manos el trago que el joven rubio había dejado sobre la barra.

—¡Clair, compórtate! Atraes la atención de las demás personas… ¿Podrías dejar de avergonzarme por una noche? —La mujer movió su cabeza en negación y luego miró al chico para disculparse con él. —Perdónalo, no se mide cuando está borracho…aunque es bueno recopilando información. Si dice que el viejo Barnaby sabe algo, es seguro que sea cierto… ¡Oh! Por supuesto, seguramente no sabes quién es él —. Habló de nuevo con un tono más calmado. —Es uno de los comerciantes más notables en esta isla…es famoso aquí desde antes de que nosotros pudiéramos establecernos. A él llega mucha información y cualquiera que se digne a comerciar aquí seguro que ha establecido alguna conexión con él…Jmmm… ¿Sabes algo?

La señora se acercó al chico y uno de sus dedos pasaron por el cuello de su camisa, jugando con el dobladillo de esta. —Podría llevarte con él…por supuesto, solo si aceptas entretenerme cuando tu reunión con el viejo Barnaby termine…tal vez seas tan bueno como tu padre —. Le guiñó un ojo al joven y sonrió de medio lado. Su lado coqueto volvía a aparecer.

—Puedo asegurarte que conozco a Barnaby desde hace años. Ahora mismo su barco está anclado en otro muelle. Llegar a él no sería difícil para…

—¡Ah! Vieja pervertida… ¡Ese chico podría ser tu hijo! —. Parecía que los efectos de la pastilla empezaban a pasar, aunque en verdad es porque el viejo volvió a tomar de un solo trago, el contenido del vaso de Tezca. —No te preocupes, muchacho…si quieres saber de Cici…yo puedo…Hip…llevarte con el…hip…viejo Barnaby…y no voy a cobrarte ningún favor sucio como esta loca de patio…Solo lo haré porque eres el hijo de un viejo am…amigo…hip...

Clair se levantó de la silla y trastabilló, apoyándose con fuerza en el hombro del rubio para no caer, luego lo tomó del brazo, intentando jalarlo para que fuera con él, aunque Madame de Rosier sostuvo al chico por su otro brazo, impidiendo que se levantara de su asiento.

—Vamos, vieja pervertida, suéltalo…

—¿Cómo crees que vas a llevarlo con Barnaby en esa condición? Caerías al mar con solo intentar bajar del barco.

En medio de la discusión estaba el rubio, quien no tenía más remedio que ser el mediador entre ambos señores que parecían más bien adolescentes discutiendo por un premio.

Era decisión de Tezca elegir con quien aventurarse a conocer al tal Barnaby.



Relicario
[Imagen: hyakocheja.png]


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RE: Un fantasma del pasado [Presente Relativo - T3] [Priv. Tezca] - por Hyákinthos - 23-05-2026, 06:57 AM

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