23-05-2026, 01:06 PM
(Última modificación: 23-05-2026, 05:36 PM por Kibai.
Razón: Correcciones ortográficas menores
)
Día 51 de Otoño, Año 17.
Corriente Akai, Isla Matsuri.
Reino de Ran, 10:45 am.
Las mañanas en la Isla Matsuri no podían ser descritas de otra manera que casi paradisiacas. Con los vientos de levante, el aroma de todos los jardines florales que servían como sustento princiapl de la economía de la isla envolvían la ciudad de Ran en una nube de esencias frescas y agradables, de esas que provocaban que uno aspirase con fruición y que dibujaban una sonrisa en el rostro casi sin pretenderlo. Asimismo, en cuanto la ciudad comenzaba a despertar, los comerciantes, viajeros y trabajadores de las platanciones llenaban las calles con un bullicioso caos, organizado de manera impecable por los soldados del ejército del rey, que patrullaban las calles empedradas de adoquines de múltiples colores, solventando pequeñas disputas aquí y allá, pero ejerciendo una vigilancia rutinaria, propia de aquellos que no esperarían un peligro inmediato.
A lo largo de la calle principal, una gran avenida de casi quinientos metros de largo, dividida en dos carriles separdos por paterres repletos de flores blancas y rosadas, se hayan establecidas las principales tiendas de la ciudad, y también las más opulentas debido a los altos impuestos que deben aportar a las arcas reales para poder ofertar sus mercancías en esos lugares, quedando relegadas las tiendas más humildes a los callejones laterales que parten de la avenida principal cada cien metros. La flor y la nata de la sociedad de Ran se congrega en los exclusivos cafés de la plaza al final de la avenida, donde los distinguidos caballeros y damas intercambian frívolas cordialidades y veladas críticas entre si, sentados en las exquisitas mesas de nácar y marfil mientras disfrutan del sol matutino antes de que el mediodía convierta el espacio libre de sombra en algo demasiado acalorado para disfrutar cómodamente.
Avenida de Ran
Sin embargo, algo sorprendente va a romper con la apacible rutina de la ciudad. Un grupo de ocho hombres, ataviados con una a todas luces costosa librea de color granate con bordados en hilo dorado se abren paso a través de la multitud, escoltando a lo que de lejos, salvo para alguien con una estatura anormalmente alta, parecería un ser invisible. Sin embargo, cuando por fin la patrulla llegó frente a los miembros de la División 75, los cuales se hallaban disfrutando de un día de asueto en su intensa cruzada a favor de la Justicia, estos pudieron comprobar que el líder de los hombres se trataba de un individuo de apenas un metro veinte de altura, con una cabeza anormalmente grande para su cuerpo y un sombrero de tipo tricornio aún más grande, coronado por un mechón de plumas blancas y negras.
Chambelán de Le Chevalier
Aquel extraño individuo observó uno por uno a los marines, sin poder ocultar un pequeño gesto de desprecio en su rostro, como si pensase que hallarse delante de los miembros de la División 75 fuese algo muy por debajo de su deber. Tras ojear el sobre de color dorado que portaba bajo el brazo, soltó un exagerado suspiro de resignación y, cuadrándose en posición de firmes, echó mano de la trompeta que llevaba sujeta al costado por un hilo de seda blanca. Tomando aire, se llevó el intrumento a los labios.
— Distinguidas damas y honorables caballeros, su señoría el Ilustrísimo Chevalier de la Salle de Bal de la ciudad los invita cordialmente a asistir a su mascarade. Encontrararán todo lo que necesitan saber en la invitación. Tengan presente que las puertas del recinto de la fiesta se abrirán a las cinco en punto de la tarde y no se permitirá el acceso a nadie después de las siete, posean invitación o no. Una vez en el interior y para proteger la intimidad de nuestros invitados, les advertirmos que deberán dejar sus Den Den Mushis en la entrada, dónde serán convenientemente acomodados en los terrarios del Chevalier.
Carraspeando al ver que no iba a recibir una propina por su declamación, el hombrecillo se dirigió al que parecía tener más clase, Dimitri, alargándole el sobre. Tras hacer una cortén inclinación de cabeza a todos los miembros de la División, el conjunto al completo giró al unísono sobre sus talones y marcharon de vuelta por dónde habían venido.
El sobre contenía una cuartilla de papel grueso y levemente rugoso, con letras escritas en brillante tinta púrpura que rezaba lo siguiente:
Bon soir , mis estimados marines. Como Maestro de Ceremonias y Chevalier de la Salle de Bal, les invito cordialmente AL GRAN BAILE DE MÁSCARAS DE MATSURI! Recuerden llevar sus mejores galas
(se invitará educadamente a abandonar el lugar a aquellos que no cumplan con el code du vestimént) Disponganse a pasar una noche inmejorable en compañía de la flor y la nata de la sociedad de la isla y varios invitados sorpresa.
(se invitará educadamente a abandonar el lugar a aquellos que no cumplan con el code du vestimént) Disponganse a pasar una noche inmejorable en compañía de la flor y la nata de la sociedad de la isla y varios invitados sorpresa.
La Caja de Pandora

![[Imagen: 5T3lCci.jpeg]](https://i.imgur.com/5T3lCci.jpeg)