23-05-2026, 02:04 PM
Una mujer de palabra, me sorprendió de gran manera escuchar como parece ostentar mucho dinero en la cuenta hizo que comenzara a sentir curiosidad. Claro no era la media que la gente estuviera dispuesto a pagarle los tragos, no era un beodo pero tampoco un novato que se emborracha con una sola cerveza. — Estas muy segura, respeto eso. — Le seguí tras su ademan, de camino directo a la taberna. Cómo es de esperar el curioso moreno le ve hasta la manera de caminar, no es como que pudiera leer a las personas con eso, pero siempre trata de prestar atención a los detalles.
Cómo un buen pandillero de poca monta, se acomodó de una manera que me mostró cierta falta de refinación. Solo observé y tomé el asiento por el espaldar para colocarlo hacia adelante y poder sentarme a mis anchas y que pudiera usar el espaldar de la silla para pasar mis brazos flexionados. Le miré y no pude controlar el bufido a su pregunta. No era burla pero sonaba un poco ridículo el hecho de que las personas tengan poderes o cosas así. — Jajah. No se de que me estas hablando, pero no se venden por separados por que yo nací así de guapo y de alado. Si tanto quieres, me puedo pensar darte un paseo. — No quería ofrecer nada más alla de eso ya que ella ciertamente es una desconocida.
Levanté mi mano al aire y la mujer de escote sugerente y vestido de camarera, estas mujeres siempre son un deleite para la vista y nunca carecen de personalidad. Siempre se les puede leer con la primera mirada. Me hizo pensar que ellas tienen ese uniforme universal que a todos los hombres enloquece, ya sea por la falda o por el corsé que hace ver su figura o tal vez es por que somos unos borrachos sebosos. Mi mirada se cruzó con la mujer y al ver mi mano ella misma fue a buscarnos algo para beber. Baje mi brazo y miré de nuevo la cómoda apostadora.
— Cuéntame un poco más sobre eso, ciertamente estaría encantado de saber sobre esas frutas de las que hablas. — Ahora mismo ya necesitaba enterarme del chisme sobre esto. Yo no era el más conocedor, mi inteligencia no brillaba por ser mi fuerte, pero siempre podía darme el tiempo de escuchar las conversaciones. Me llenan un poco de cultura popular que debo saber. No es como que viviera en una cueva, pero si había vivido bastante reprimido durante mucho tiempo.
— Tambien tengo curiosidad. ¿Siempre apuestas con el primero que se te cruce? Eso es un juego peligroso. No sabes quién por ahí es un pirata que hace cobros con sangre. — Claro que esa era una broma, sin carcajada pero con una sonrisa de harlequin que dejaba ver la costura de burlona de su frase. Las jarras llegaron y notaba que estaban proporcionadas al tamaño de cada persona por lo que la mía era considerablemente más grande.
Ese brindis era claro por que había visto otros tipos de alas pero ninguna había sido buena para volar salvo las alas que son oscuras como las suyas. Le regalé una sonrisa a mi compañero de mesa en lo que estaba atento a sus historias, ella parecía una bandida, así que de seguro tenía buenas cosas que contarme.
Cómo un buen pandillero de poca monta, se acomodó de una manera que me mostró cierta falta de refinación. Solo observé y tomé el asiento por el espaldar para colocarlo hacia adelante y poder sentarme a mis anchas y que pudiera usar el espaldar de la silla para pasar mis brazos flexionados. Le miré y no pude controlar el bufido a su pregunta. No era burla pero sonaba un poco ridículo el hecho de que las personas tengan poderes o cosas así. — Jajah. No se de que me estas hablando, pero no se venden por separados por que yo nací así de guapo y de alado. Si tanto quieres, me puedo pensar darte un paseo. — No quería ofrecer nada más alla de eso ya que ella ciertamente es una desconocida.
Levanté mi mano al aire y la mujer de escote sugerente y vestido de camarera, estas mujeres siempre son un deleite para la vista y nunca carecen de personalidad. Siempre se les puede leer con la primera mirada. Me hizo pensar que ellas tienen ese uniforme universal que a todos los hombres enloquece, ya sea por la falda o por el corsé que hace ver su figura o tal vez es por que somos unos borrachos sebosos. Mi mirada se cruzó con la mujer y al ver mi mano ella misma fue a buscarnos algo para beber. Baje mi brazo y miré de nuevo la cómoda apostadora.
— Cuéntame un poco más sobre eso, ciertamente estaría encantado de saber sobre esas frutas de las que hablas. — Ahora mismo ya necesitaba enterarme del chisme sobre esto. Yo no era el más conocedor, mi inteligencia no brillaba por ser mi fuerte, pero siempre podía darme el tiempo de escuchar las conversaciones. Me llenan un poco de cultura popular que debo saber. No es como que viviera en una cueva, pero si había vivido bastante reprimido durante mucho tiempo.
— Tambien tengo curiosidad. ¿Siempre apuestas con el primero que se te cruce? Eso es un juego peligroso. No sabes quién por ahí es un pirata que hace cobros con sangre. — Claro que esa era una broma, sin carcajada pero con una sonrisa de harlequin que dejaba ver la costura de burlona de su frase. Las jarras llegaron y notaba que estaban proporcionadas al tamaño de cada persona por lo que la mía era considerablemente más grande.
— Salud. Por las alas negras. —
Ese brindis era claro por que había visto otros tipos de alas pero ninguna había sido buena para volar salvo las alas que son oscuras como las suyas. Le regalé una sonrisa a mi compañero de mesa en lo que estaba atento a sus historias, ella parecía una bandida, así que de seguro tenía buenas cosas que contarme.
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mesera
