23-11-2023, 02:17 AM
(Última modificación: 23-11-2023, 02:24 AM por Erika Storm.)
No me había percatado de que cogí la mano de Ikirami en un acto reflejo de alegría. Me dijo que le apetecía estar en la terraza señalándome una mesa y llevándome hacia ella. Suavemente, le solté la mano, todavía estando roja y encogiéndome de hombros, decidí seguirla hacia la mesa. Le apetecía algo picante y beber lo que yo quisiera, me giré y grité a uno de los camareros de Niko - ¡Mozo! ¡Trae el plato más picante que tengas! Y... - Miré a la pelirroja realmente con duda, no sabía qué gustos tenía para la bebida. Yo era mucho más vulgar y ella mucho más elegante, pero me dijo que pidiese lo que yo quisiera para beber, así que bueno - ¡2 jarras grandotas de cerveza! ¡Y fresquitas! - El camarero me levantó el dedo en señal de Okay mientras limpiaba otra mesa. Estábamos una enfrente de la otra, la noche estaba bonita, el buen ambiente de la taberna, la música de dentro del sitio conseguía salir afuera y hacer que todo fuera más agradable.
La pelirroja empezó a comentarme el propósito del porqué fuimos a buscar en aquel almacén. Cosas a destacar es que me confesó que era una marine pero sin apenas rango. Se cameló a un superior para que le permitiera poder hacer una misión un poco más movidita y se le concedió - Ehe, no se pudo resistir a tus encantos ¡Bien jugado! - le dije guiñándole un ojo y con una sonrisa de par en par en mi cara. De repente, bajó un poquito el tono de voz para que solo yo le escuchase, y me mencionó que encontró algo de un tal Glatus, al cual, su intuición, le decía que era un pirata - No me suena de nada, en esta isla suelen aparecer pocos, pero... - me coloqué con las piernas cruzadas en el asiento y las manos metidas en el agujero que hacían - ... Si es un pirata, espero que le den por culo y se lo carguen. Son unos sinvergüenzas - Le dije mientras miraba a mi derecha, el cual se podía apreciar la iluminación del pueblo en la oscura noche. Ikirami se disculpó por todo lo que me contó.
- No te disculpes pelirroja, realmente... - Me encogí de hombros mientras miraba a mis pies y poco a poco subía hasta mirarla a sus ojos - ... Estás siendo sincera conmigo, ¿no? Si es así... lo aprecio - Le dije mientras me llevaba mi mano derecha a mi hombro izquierdo, mostrando cierta debilidad con mis palabras. Pero de repente llegó el camarero a nuestra mesa. En su bandeja trajo dos jarras grandes de cerveza que dejó en la mesa y un plato que nunca había visto. Pero solo con olerlo podía notar que aquello picaba como el mismísimo infierno - ¡Joder! ¡Esto tiene que arderte en la boca! ¿Cómo se llama este plato? - Le pregunté al camarero - Se llama Tteokbokki, pastelitos de arroz con una salsa muy picantes ¡Que aproveche! - Dijo el camarero yéndose a atender a otra mesa - Bueno, pues habrá que probarlo, ¿No? - Le dije sonriéndola y con los ojos cerrados - Menos mal que también tenemos cerveza fresquita - Dije levantando la jarra rápidamente para pegarle un buen trago.
Mientras bebía, la pelirroja me preguntó sobre mi vida. Me pilló de sopetón. Alguien se estaba interesando por mí, hacía años que, por no decir que, casi toda mi vida, esto no me pasaba. Dejé la jarra otra vez en la mesa mientras me llevaba mi mano derecha a mi coleta del mismo lado y la tocaba como si de un pompón se tratase - Bueno... Mi vida no es fácil. Desde que llegué aquí vivo como puedo. Me instalé en una casa abandonada que hay en el bosque a las afueras y la remodelé para que al menos pudiera llamarse... hogar - Volví a la misma posición de antes, teniendo las manos metidas entre mis piernas cruzadas - Dedicar bueno... no tengo algo tan chulo como tú, pelirroja. Sobrevivo como puedo. Quizás, no de la manera que quisiera, pero por desgracia no sé hacer otra cosa que no sea toquetear con trastos y chatarra... - agaché la cabeza, en un acto de vergüenza - Es lo que me ha tocado, y tengo que lidiar con ello... supongo - Dije mientras me tocaba mis manos suavemente - En cuanto a mi futuro... no lo sé - Miré hacia un lado - ¿Sabes pelirroja? Soy un desastre. Para todo. Todo lo que toco lo destrozo. Todo lo que se acerca a mí, acaba alejándose. Es como si estuviera maldita de alguna manera - Dije mientras me apretaba las piernas con mis manos - Por eso, mis planes de futuro no los contemplo. Solo me dejo llevar... - Alcé la mirada para mirar a Ikirami - ... Y no suele salir bien - Me entristecí. Durante unos segundos mi cuerpo era pesado, no podía cargar con él, como si una nube oscura me tapase completamente todo lo que había a mi alrededor. Pero el sonido de la música y el jaleo me despertó, no podía estar así delante de alguien, así que saque fuerzas de donde fuese para animarme - ¡Pero bueno, no todo es perfecto, pelirroja! ¡Así es la vida! ¡Ihahaha! - Reí de una manera un tanto nerviosa y poco clara, para, acto seguido, pegarle otro trago a la cerveza. Apoyé mi codo izquierdo en la mesa y mi cabeza en la mano y miré fijamente a los ojos de Ikirami - Y bueno, dime... ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Vas a ir a por ese tal... Glatus? - Cerré levemente mis parpados - Y cuando termines tu misión... ¿Te irás? -
La pelirroja empezó a comentarme el propósito del porqué fuimos a buscar en aquel almacén. Cosas a destacar es que me confesó que era una marine pero sin apenas rango. Se cameló a un superior para que le permitiera poder hacer una misión un poco más movidita y se le concedió - Ehe, no se pudo resistir a tus encantos ¡Bien jugado! - le dije guiñándole un ojo y con una sonrisa de par en par en mi cara. De repente, bajó un poquito el tono de voz para que solo yo le escuchase, y me mencionó que encontró algo de un tal Glatus, al cual, su intuición, le decía que era un pirata - No me suena de nada, en esta isla suelen aparecer pocos, pero... - me coloqué con las piernas cruzadas en el asiento y las manos metidas en el agujero que hacían - ... Si es un pirata, espero que le den por culo y se lo carguen. Son unos sinvergüenzas - Le dije mientras miraba a mi derecha, el cual se podía apreciar la iluminación del pueblo en la oscura noche. Ikirami se disculpó por todo lo que me contó.
- No te disculpes pelirroja, realmente... - Me encogí de hombros mientras miraba a mis pies y poco a poco subía hasta mirarla a sus ojos - ... Estás siendo sincera conmigo, ¿no? Si es así... lo aprecio - Le dije mientras me llevaba mi mano derecha a mi hombro izquierdo, mostrando cierta debilidad con mis palabras. Pero de repente llegó el camarero a nuestra mesa. En su bandeja trajo dos jarras grandes de cerveza que dejó en la mesa y un plato que nunca había visto. Pero solo con olerlo podía notar que aquello picaba como el mismísimo infierno - ¡Joder! ¡Esto tiene que arderte en la boca! ¿Cómo se llama este plato? - Le pregunté al camarero - Se llama Tteokbokki, pastelitos de arroz con una salsa muy picantes ¡Que aproveche! - Dijo el camarero yéndose a atender a otra mesa - Bueno, pues habrá que probarlo, ¿No? - Le dije sonriéndola y con los ojos cerrados - Menos mal que también tenemos cerveza fresquita - Dije levantando la jarra rápidamente para pegarle un buen trago.
Mientras bebía, la pelirroja me preguntó sobre mi vida. Me pilló de sopetón. Alguien se estaba interesando por mí, hacía años que, por no decir que, casi toda mi vida, esto no me pasaba. Dejé la jarra otra vez en la mesa mientras me llevaba mi mano derecha a mi coleta del mismo lado y la tocaba como si de un pompón se tratase - Bueno... Mi vida no es fácil. Desde que llegué aquí vivo como puedo. Me instalé en una casa abandonada que hay en el bosque a las afueras y la remodelé para que al menos pudiera llamarse... hogar - Volví a la misma posición de antes, teniendo las manos metidas entre mis piernas cruzadas - Dedicar bueno... no tengo algo tan chulo como tú, pelirroja. Sobrevivo como puedo. Quizás, no de la manera que quisiera, pero por desgracia no sé hacer otra cosa que no sea toquetear con trastos y chatarra... - agaché la cabeza, en un acto de vergüenza - Es lo que me ha tocado, y tengo que lidiar con ello... supongo - Dije mientras me tocaba mis manos suavemente - En cuanto a mi futuro... no lo sé - Miré hacia un lado - ¿Sabes pelirroja? Soy un desastre. Para todo. Todo lo que toco lo destrozo. Todo lo que se acerca a mí, acaba alejándose. Es como si estuviera maldita de alguna manera - Dije mientras me apretaba las piernas con mis manos - Por eso, mis planes de futuro no los contemplo. Solo me dejo llevar... - Alcé la mirada para mirar a Ikirami - ... Y no suele salir bien - Me entristecí. Durante unos segundos mi cuerpo era pesado, no podía cargar con él, como si una nube oscura me tapase completamente todo lo que había a mi alrededor. Pero el sonido de la música y el jaleo me despertó, no podía estar así delante de alguien, así que saque fuerzas de donde fuese para animarme - ¡Pero bueno, no todo es perfecto, pelirroja! ¡Así es la vida! ¡Ihahaha! - Reí de una manera un tanto nerviosa y poco clara, para, acto seguido, pegarle otro trago a la cerveza. Apoyé mi codo izquierdo en la mesa y mi cabeza en la mano y miré fijamente a los ojos de Ikirami - Y bueno, dime... ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Vas a ir a por ese tal... Glatus? - Cerré levemente mis parpados - Y cuando termines tu misión... ¿Te irás? -

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