23-05-2026, 07:55 PM
(Última modificación: 23-05-2026, 10:11 PM por Hasegawa Shin.)
¡El día finalmente había llegado! Entre tantos viajes, asuntos que resolver y entrenamientos individuales, Hasegawa, en su nuevo puesto como líder oficial de la División Setentaicinco, no había tenido tiempo de conocer las habilidades de cada compañero que conformaba la misma, ni tan siquiera sus formas de trabajar como conjunto, por ello organizó un entrenamiento en donde los cinco estarían presentes, dándoles la sorpresa de que les haría enfrentarse a él en un combate con inferioridad numérica.
Los saludos fueron típicos entre payasadas y una seriedad nueva, recientemente integrada, sin embargo, aún en la Avenida Ran, los murmullos resonaron primero, previo a la aparición de ocho presencias curiosas que avanzaban con una determinación de lo más admirable. Inicialmente no creía que con esas pintas se acercarían a un grupo uniformado de marines, y creyó entender que era debido a ese código de vestimenta el gesto desagradable en el rostro del enano. Pero justamente cuando se detuvieron frente a ellos, la trompeta resonó y la invitación fue presentada entendió que no se trataba de un error, ni mucho menos alguna coincidencia.
El día anterior había salido en el periódico, los medios de comunicación tradicionales estableciéndolo también como el líder de la División. Inicialmente creyó que al ser los únicos marines que fueron referenciados en esa edición, pues la Ochenta partió hacia la siguiente isla, el mencionado 'Chevalier' quería ilustres representantes de la justicia, sin embargo, cuando el discurso finalizó y la carta fue entregada a Dimitri, su conjetura se rompió, e ideas negativas comenzaban a rondar por su cabeza.
Lo primero que hizo, fue mirar a los ojos a Kael. Un gesto sencillo, en su porte más formal frente a los uniformados con libreas, ignorando parcialmente la emoción de Kuroshiro. Esa mirada significaba algo muy concreto: No se fiaba.
Aún mostrándose increíblemente sereno, se giró a George y escuchó con una paciencia total cada palabras que pronunciase hasta el final, en donde inmersa en una explosividad que pocas veces le vio, Nyra dio una serie de indicaciones y le aclaró que ya entrenarían otro día antes de llevarse a Hae-won con ella. En ese momento, donde sólo quedaban ahí Kael, Dimitri y él mismo, se pronunció al respecto.
—¿Me permites? —preguntó a George, extendiendo la mano para que le entregue la invitación, y releyéndola en búsqueda de algún detalle que justificase por qué ellos son los elegidos para esa mascarada. Todo parecía normal, con marcos y lenguaje que representaba a las altas esferas, la nobleza de la que tanto renegó durante toda su vida, y quizás por lo que le ha tocado ver, terminaba preocupándolo.
Guardó en el interior del uniforme la invitación, y entonces se dispuso a hablar. —¡Felicidades, Georgy! Le gustaste al tontatta con gigantismo. —expresó, una broma que podría considerarse cruel —Es lo que me gustaría creer. Porque si me guío por lo que genuinamente pienso... —suspiró, obviamente les iba a informar —Creí que nos invitaban por haber salido en el periódico junto a nuestra División, pero si el vocero le entregó la carta a Dimitri, es porque no estaba al tanto de quien nos lidera. Eso, o mi primera teoría es la acertada. Ten cuidado o te acuso con ChoiChoi. —señaló al castaño.
—No me gusta la nobleza. Por ende, tampoco me gusta esto. Si los Den Den no están permitidos, y después de las siete no dejarán ingresar a nadie, diría que es mejor estar precavidos que dejarnos llevar. La verdadera fiesta empezará a esa hora. —se giró a mirarlos a los dos —Te encargo lo que te pidió Nyri, Kael. Yo me iré a pasear un rato, llegaré ahí por mis propios medios, no se preocupen. —aclaró, y con la invitación guardada se dispuso a cumplir con su palabra, al fin y al cabo tenían poco más de seis horas de margen.
Lo primero fue sencillo, comprar la ropa para la ocasión. El tiempo tan ajustado le imposibilitó acudir a un sastre de calidad y confianza, pero en alguna tienda se encontró la ropa ideal, comprándola sin rechistar ni mucho menos escatimar en gastos. Una vez tuvo lo requerido, y confiando en que se prepararía en tiempo récord, comenzó a caminar en los alrededores del lugar al que los invitaron.
Preguntó a comerciantes cercanos, alguna que otra mujer con pintas de oler a dinero, tratando de seducirlas de manera superficial para indagar sobre intenciones o temática puntual de la fiesta, y descubriese algo o no, el "paseo" no finalizaría hasta entradas las tres de la tarde, donde tras haber recorrido bastantes puestos y sitios con frecuencia de gente, esperando no entrar a algún lugar peligroso a ciegas, finalmente se prepararía.
Tenía motivos de sobra para no confiarse. Kutsukku no había pasado hace mucho tiempo, y todas las historias provenientes de Minato y Samantha, junto a las traicioneras intenciones de sus familias no ayudaban a que su mente esté en paz o dispuesta a pasarla bien sin otros dilemas en consideración.
Pero iba a asistir, a lo mejor, era otro capricho del destino ubicarlos allí.
Shin llegó antes que todos, esperando, analizando el entorno. Las paranoias de su cabeza no le molestaban, al contrario, pensar en los peores escenarios posibles y saber que podía cambiarlos le otorgaba una confianza en sí mismo prácticamente suprema, y eso se notaba en su sonrisa. Hasegawa eligió llamar la atención, esconderse entre lo evidente y portar colores dignos de alguien más que dispuesto a brillar.
La chaqueta dorada envolviendo un conjunto negro, con bordeados del mismo tono excéntrico que también estaban presentes en su máscara, lo dotaban de una presencia reluciente, y desde su posición algo cercana a la entrada, vio finalmente el carro de donde bajaban sus compañeras. Al momento de observar a Nyra, fue genuinamente sorprendido, entreabriendo muy ligeramente los labios y alzando las cejas, sinónimos del shock positivo. Nunca la había visto lucir tan espectacular, y eso que marcar las tendencias de la moda en la División era una de sus máximas aptitudes, sin embargo, esa tarde se había superado con creces.
La sorpresa le duró poco, de todas formas. Una vez la División estuviese reunida, con todos portando unos aires increíblemente refinados, se acercó a ellos, dando una indicación más clara que el agua —Síganme el juego. —señaló, observando una última vez a Omuyaga. Sabía que él no pertenecía a la nobleza, pero se crio codeándose con la susodicha, por ende sabría mejor que él mismo, incluso, lo que debía hacerse, pues de los dos fue quien más dejó en su personalidad retazos de rectitud, algo de lo que Shin renegaba.
Del interior de su impresionante saco tomó la invitación, y cuando les llegó el turno, estando bien puntuales en el lugar, antes de que se abran las puertas, siquiera, fue quien tomó la palabra frente a quien se encargase de permitir o denegar el acceso al salón. El porte del albino había cambiado por completo, cada paso parecía medido al milímetro, incluso la forma en que observaba a las personas tenía un tempo perfecto, presentándose con un tono magnético, agradable y refinado.
—Buenas tardes, acudimos con invitación. —entregó la susodicha. Lento, medido. —Como verá, el ilustrísimo Chevalier de la Salle de Bal nos ha considerado entre sus invitados. Pretendemos gozar de la intimidad prometida, y respetar la del resto de asistentes. —un leve asentimiento, parecido más a una reverencia contenida, marca la finalización de sus palabras, manteniendo el contacto visual con el responsable.
Intentó no mencionar nombres, ni tampoco el número de División al que pertenecían. Con un poco de suerte conseguirían ingresar sin tener que lidiar con un foco sobre ellos, y disfrutar de la fiesta.
O en su defecto, descubrir si el motivo de la invitación escondía algo.
Los saludos fueron típicos entre payasadas y una seriedad nueva, recientemente integrada, sin embargo, aún en la Avenida Ran, los murmullos resonaron primero, previo a la aparición de ocho presencias curiosas que avanzaban con una determinación de lo más admirable. Inicialmente no creía que con esas pintas se acercarían a un grupo uniformado de marines, y creyó entender que era debido a ese código de vestimenta el gesto desagradable en el rostro del enano. Pero justamente cuando se detuvieron frente a ellos, la trompeta resonó y la invitación fue presentada entendió que no se trataba de un error, ni mucho menos alguna coincidencia.
El día anterior había salido en el periódico, los medios de comunicación tradicionales estableciéndolo también como el líder de la División. Inicialmente creyó que al ser los únicos marines que fueron referenciados en esa edición, pues la Ochenta partió hacia la siguiente isla, el mencionado 'Chevalier' quería ilustres representantes de la justicia, sin embargo, cuando el discurso finalizó y la carta fue entregada a Dimitri, su conjetura se rompió, e ideas negativas comenzaban a rondar por su cabeza.
Lo primero que hizo, fue mirar a los ojos a Kael. Un gesto sencillo, en su porte más formal frente a los uniformados con libreas, ignorando parcialmente la emoción de Kuroshiro. Esa mirada significaba algo muy concreto: No se fiaba.
Aún mostrándose increíblemente sereno, se giró a George y escuchó con una paciencia total cada palabras que pronunciase hasta el final, en donde inmersa en una explosividad que pocas veces le vio, Nyra dio una serie de indicaciones y le aclaró que ya entrenarían otro día antes de llevarse a Hae-won con ella. En ese momento, donde sólo quedaban ahí Kael, Dimitri y él mismo, se pronunció al respecto.
—¿Me permites? —preguntó a George, extendiendo la mano para que le entregue la invitación, y releyéndola en búsqueda de algún detalle que justificase por qué ellos son los elegidos para esa mascarada. Todo parecía normal, con marcos y lenguaje que representaba a las altas esferas, la nobleza de la que tanto renegó durante toda su vida, y quizás por lo que le ha tocado ver, terminaba preocupándolo.
Guardó en el interior del uniforme la invitación, y entonces se dispuso a hablar. —¡Felicidades, Georgy! Le gustaste al tontatta con gigantismo. —expresó, una broma que podría considerarse cruel —Es lo que me gustaría creer. Porque si me guío por lo que genuinamente pienso... —suspiró, obviamente les iba a informar —Creí que nos invitaban por haber salido en el periódico junto a nuestra División, pero si el vocero le entregó la carta a Dimitri, es porque no estaba al tanto de quien nos lidera. Eso, o mi primera teoría es la acertada. Ten cuidado o te acuso con ChoiChoi. —señaló al castaño.
—No me gusta la nobleza. Por ende, tampoco me gusta esto. Si los Den Den no están permitidos, y después de las siete no dejarán ingresar a nadie, diría que es mejor estar precavidos que dejarnos llevar. La verdadera fiesta empezará a esa hora. —se giró a mirarlos a los dos —Te encargo lo que te pidió Nyri, Kael. Yo me iré a pasear un rato, llegaré ahí por mis propios medios, no se preocupen. —aclaró, y con la invitación guardada se dispuso a cumplir con su palabra, al fin y al cabo tenían poco más de seis horas de margen.
Lo primero fue sencillo, comprar la ropa para la ocasión. El tiempo tan ajustado le imposibilitó acudir a un sastre de calidad y confianza, pero en alguna tienda se encontró la ropa ideal, comprándola sin rechistar ni mucho menos escatimar en gastos. Una vez tuvo lo requerido, y confiando en que se prepararía en tiempo récord, comenzó a caminar en los alrededores del lugar al que los invitaron.
Preguntó a comerciantes cercanos, alguna que otra mujer con pintas de oler a dinero, tratando de seducirlas de manera superficial para indagar sobre intenciones o temática puntual de la fiesta, y descubriese algo o no, el "paseo" no finalizaría hasta entradas las tres de la tarde, donde tras haber recorrido bastantes puestos y sitios con frecuencia de gente, esperando no entrar a algún lugar peligroso a ciegas, finalmente se prepararía.
Tenía motivos de sobra para no confiarse. Kutsukku no había pasado hace mucho tiempo, y todas las historias provenientes de Minato y Samantha, junto a las traicioneras intenciones de sus familias no ayudaban a que su mente esté en paz o dispuesta a pasarla bien sin otros dilemas en consideración.
Pero iba a asistir, a lo mejor, era otro capricho del destino ubicarlos allí.
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Shin llegó antes que todos, esperando, analizando el entorno. Las paranoias de su cabeza no le molestaban, al contrario, pensar en los peores escenarios posibles y saber que podía cambiarlos le otorgaba una confianza en sí mismo prácticamente suprema, y eso se notaba en su sonrisa. Hasegawa eligió llamar la atención, esconderse entre lo evidente y portar colores dignos de alguien más que dispuesto a brillar.
Apariencia de Shin
La chaqueta dorada envolviendo un conjunto negro, con bordeados del mismo tono excéntrico que también estaban presentes en su máscara, lo dotaban de una presencia reluciente, y desde su posición algo cercana a la entrada, vio finalmente el carro de donde bajaban sus compañeras. Al momento de observar a Nyra, fue genuinamente sorprendido, entreabriendo muy ligeramente los labios y alzando las cejas, sinónimos del shock positivo. Nunca la había visto lucir tan espectacular, y eso que marcar las tendencias de la moda en la División era una de sus máximas aptitudes, sin embargo, esa tarde se había superado con creces.
La sorpresa le duró poco, de todas formas. Una vez la División estuviese reunida, con todos portando unos aires increíblemente refinados, se acercó a ellos, dando una indicación más clara que el agua —Síganme el juego. —señaló, observando una última vez a Omuyaga. Sabía que él no pertenecía a la nobleza, pero se crio codeándose con la susodicha, por ende sabría mejor que él mismo, incluso, lo que debía hacerse, pues de los dos fue quien más dejó en su personalidad retazos de rectitud, algo de lo que Shin renegaba.
Del interior de su impresionante saco tomó la invitación, y cuando les llegó el turno, estando bien puntuales en el lugar, antes de que se abran las puertas, siquiera, fue quien tomó la palabra frente a quien se encargase de permitir o denegar el acceso al salón. El porte del albino había cambiado por completo, cada paso parecía medido al milímetro, incluso la forma en que observaba a las personas tenía un tempo perfecto, presentándose con un tono magnético, agradable y refinado.
—Buenas tardes, acudimos con invitación. —entregó la susodicha. Lento, medido. —Como verá, el ilustrísimo Chevalier de la Salle de Bal nos ha considerado entre sus invitados. Pretendemos gozar de la intimidad prometida, y respetar la del resto de asistentes. —un leve asentimiento, parecido más a una reverencia contenida, marca la finalización de sus palabras, manteniendo el contacto visual con el responsable.
Intentó no mencionar nombres, ni tampoco el número de División al que pertenecían. Con un poco de suerte conseguirían ingresar sin tener que lidiar con un foco sobre ellos, y disfrutar de la fiesta.
O en su defecto, descubrir si el motivo de la invitación escondía algo.
Let there be light
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