Dean parpadeó un par de veces mientras escuchaba a Shirohime, con aquella mezcla imposible entre coqueteo, delirios de grandeza y absoluta confianza en sí misma. Honestamente, empezaba a sospechar que la rubia era físicamente incapaz de mantener una conversación normal durante más de treinta segundos seguidos. Por lo menos tenía presencia y quizá, sus escenas puedan ser graciosas, siempre y cuando no lo involucren.
Su mirada siguió por inercia el movimiento exagerado con el que ella se giró y batió el cabello como si estuviera sobre un escenario frente a miles de personas. El albino mantuvo esa sonrisa leve y cansada que ya parecía instalarse de manera permanente cada vez que hablaba con ella.
- ¿“Me gustas mucho” es algo que le dices a todos los que conoces hace diez minutos o debería sentirme especial? - preguntó con calma, aunque claramente había un pequeño tono burlón escondido detrás de las palabras.
Cuando Shirohime volvió a elevar la voz proclamando destinos, paraísos y aquella supuesta “Shiroland”, Dean llevó lentamente una mano a su rostro, masajeándose apenas el puente de la nariz mientras soltaba un suspiro resignado. - Debe ser agotador vivir dentro de tu cabeza. - comentó - Aunque admito que tienes una confianza casi aterradora. - Ese es por ahora el aspecto que más tiene que destacar de la rubia, del resto... habrá que esperar.
Detrás de todo el teatro y las exageraciones, había algo extrañamente genuino en ella, Shirohime no parecía alguien que fingiera sus sueños o ideales, al contrario, hablaba de ellos con una convicción tan absurda que terminaba siendo difícil no creer que realmente veía ese “reino blanco” cada vez que cerraba los ojos.
La observó girar, posar y reír como si estuviera declarando el inicio de una nueva era frente a un ejército invisible, lo normal habría sido pensar que estaba completamente loca, pero después de todo lo que él había vivido, ya no estaba tan seguro de que soñar en grande fuera algo extraño en este mundo. Una pequeña sonrisa apareció apenas en la comisura de sus labios.
- Supongo que alguien tiene que compensar el exceso de trauma y problemas psicológicos del resto. - murmuró mientras cruzaba los brazos. - Tú elegiste hacerlo a través de discursos sobre gloria eterna y caballos mitológicos. Respeto el compromiso, al menos. - Suspiró casi resignado al entender que va a tener que escuchar esos discursos durante más tiempo del que le gustaría.
Guardó silencio varios segundos después de escuchar la respuesta de Shirohime a su pregunta más personal. La diferencia entre aquella chica escandalosa que proclamaba reinos imaginarios y la joven que acababa de hablar con honestidad era tan grande que por un momento sintió que estaba conociendo a una persona completamente distinta, sus ojos se perdieron por unos instantes antes de volver a mirar a la rubia quien pronunció el nombre de esa isla maldita... Sorbet.
Esa sola palabra bastó para que algo dentro suyo se tensara apenas, mo lo demostró externamente, pero la coincidencia fue suficiente para remover recuerdos que normalmente prefería mantener enterrados. Su sonrisa tranquila desapareció unos segundos mientras la observaba en silencio. - ...Entiendo. - respondió finalmente, con una voz mucho más baja que antes.
No hizo preguntas, no preguntó qué pueblo, qué pasó después o cómo sobrevivió sola, porque conocía demasiado bien las respuestas que suelen esconderse detrás de historias como esa.
Luego desvió la mirada hacia Kasui, el niño seguía callado, escondido parcialmente entre arbustos y golosinas, pero alcanzó a notar ese pequeño cambio en él tras la pregunta anterior. No creía que fuera casualidad que fuera casualidad, parecía el tipo de persona acostumbrada a responder rápido cuando se trataba de cosas triviales, pero completamente perdido cuando alguien le preguntaba algo sobre sí mismo, honestamente, entendía eso más de lo que le gustaría admitir. - No tienes que responder ahora. - comentó con calma mientras miraba al pequeño. - A veces ni siquiera uno mismo sabe por qué sigue avanzando. Y ponerle palabras a eso suele ser más difícil que partirle la cara a alguien. - Su tono no llevaba burla esta vez, solo sinceridad.
Después de eso, apoyó nuevamente la espalda contra la pared y cerró los ojos apenas unos segundos antes de responder la pregunta de Shirohime que había quedado flotando en el aire. - En mi caso… estoy aquí porque me cansé de ver cómo ciertas personas deciden quién merece vivir tranquilo y quién no. - Su voz salió estable, aunque más seca que antes. - Digamos que entre algunos piratas y la marina me dieron suficientes razones para no querer seguir mirando hacia otro lado. - No dio más detalles, no mencionó a Sorbet, y tampoco habló de su madre, ni de incendios, pero había algo en su expresión que dejaba claro que aquello no venía de una simple diferencia ideológica con el sistema actual.
Entonces el ambiente finalmente se rompió, Dean abrió un ojo lentamente al escuchar aquel anuncio dramático y urgente por parte de Shirohime. Permaneció completamente quieto unos dos segundos antes de soltar una corta risa por la nariz. -Increíble. - Murmuró mientras negaba suavemente con la cabeza. - Pasamos de traumas, gobiernos corruptos y crisis existenciales a esto. - Su mirada se desvió hacia la rubia con una pequeña sonrisa cansada. - Adelante, “princesa de blanco”. Nadie aquí planea detenerte en tu épica batalla contra la vejiga. -
Luego señaló vagamente una dirección del callejón. - Creo que había unos baños públicos cerca del mercado. Aunque probablemente deberías ir vestida antes de declarar otra guerra santa en medio de la isla. - Finalmente volvió a mirar a Kasui. - Y tú intenta no desaparecer mientras ella vuelve. No quiero tener que rastrear a un niño salvaje escondido entre arbustos. - Al no conocer a ninguno de los dos, no sabía muy bien si tenía que vigilarlos de cerca o dejarlos a sus anchas, ya que volverían a reunirse. Suspiró mientras intentaba decidir qué hacer... Quizá a ese chico se le ocurra algo, después de todo se autoproclamó como el líder, si, sin duda sabrá que hacer.
Su mirada siguió por inercia el movimiento exagerado con el que ella se giró y batió el cabello como si estuviera sobre un escenario frente a miles de personas. El albino mantuvo esa sonrisa leve y cansada que ya parecía instalarse de manera permanente cada vez que hablaba con ella.
- ¿“Me gustas mucho” es algo que le dices a todos los que conoces hace diez minutos o debería sentirme especial? - preguntó con calma, aunque claramente había un pequeño tono burlón escondido detrás de las palabras.
Cuando Shirohime volvió a elevar la voz proclamando destinos, paraísos y aquella supuesta “Shiroland”, Dean llevó lentamente una mano a su rostro, masajeándose apenas el puente de la nariz mientras soltaba un suspiro resignado. - Debe ser agotador vivir dentro de tu cabeza. - comentó - Aunque admito que tienes una confianza casi aterradora. - Ese es por ahora el aspecto que más tiene que destacar de la rubia, del resto... habrá que esperar.
Detrás de todo el teatro y las exageraciones, había algo extrañamente genuino en ella, Shirohime no parecía alguien que fingiera sus sueños o ideales, al contrario, hablaba de ellos con una convicción tan absurda que terminaba siendo difícil no creer que realmente veía ese “reino blanco” cada vez que cerraba los ojos.
La observó girar, posar y reír como si estuviera declarando el inicio de una nueva era frente a un ejército invisible, lo normal habría sido pensar que estaba completamente loca, pero después de todo lo que él había vivido, ya no estaba tan seguro de que soñar en grande fuera algo extraño en este mundo. Una pequeña sonrisa apareció apenas en la comisura de sus labios.
- Supongo que alguien tiene que compensar el exceso de trauma y problemas psicológicos del resto. - murmuró mientras cruzaba los brazos. - Tú elegiste hacerlo a través de discursos sobre gloria eterna y caballos mitológicos. Respeto el compromiso, al menos. - Suspiró casi resignado al entender que va a tener que escuchar esos discursos durante más tiempo del que le gustaría.
Guardó silencio varios segundos después de escuchar la respuesta de Shirohime a su pregunta más personal. La diferencia entre aquella chica escandalosa que proclamaba reinos imaginarios y la joven que acababa de hablar con honestidad era tan grande que por un momento sintió que estaba conociendo a una persona completamente distinta, sus ojos se perdieron por unos instantes antes de volver a mirar a la rubia quien pronunció el nombre de esa isla maldita... Sorbet.
Esa sola palabra bastó para que algo dentro suyo se tensara apenas, mo lo demostró externamente, pero la coincidencia fue suficiente para remover recuerdos que normalmente prefería mantener enterrados. Su sonrisa tranquila desapareció unos segundos mientras la observaba en silencio. - ...Entiendo. - respondió finalmente, con una voz mucho más baja que antes.
No hizo preguntas, no preguntó qué pueblo, qué pasó después o cómo sobrevivió sola, porque conocía demasiado bien las respuestas que suelen esconderse detrás de historias como esa.
Luego desvió la mirada hacia Kasui, el niño seguía callado, escondido parcialmente entre arbustos y golosinas, pero alcanzó a notar ese pequeño cambio en él tras la pregunta anterior. No creía que fuera casualidad que fuera casualidad, parecía el tipo de persona acostumbrada a responder rápido cuando se trataba de cosas triviales, pero completamente perdido cuando alguien le preguntaba algo sobre sí mismo, honestamente, entendía eso más de lo que le gustaría admitir. - No tienes que responder ahora. - comentó con calma mientras miraba al pequeño. - A veces ni siquiera uno mismo sabe por qué sigue avanzando. Y ponerle palabras a eso suele ser más difícil que partirle la cara a alguien. - Su tono no llevaba burla esta vez, solo sinceridad.
Después de eso, apoyó nuevamente la espalda contra la pared y cerró los ojos apenas unos segundos antes de responder la pregunta de Shirohime que había quedado flotando en el aire. - En mi caso… estoy aquí porque me cansé de ver cómo ciertas personas deciden quién merece vivir tranquilo y quién no. - Su voz salió estable, aunque más seca que antes. - Digamos que entre algunos piratas y la marina me dieron suficientes razones para no querer seguir mirando hacia otro lado. - No dio más detalles, no mencionó a Sorbet, y tampoco habló de su madre, ni de incendios, pero había algo en su expresión que dejaba claro que aquello no venía de una simple diferencia ideológica con el sistema actual.
Entonces el ambiente finalmente se rompió, Dean abrió un ojo lentamente al escuchar aquel anuncio dramático y urgente por parte de Shirohime. Permaneció completamente quieto unos dos segundos antes de soltar una corta risa por la nariz. -Increíble. - Murmuró mientras negaba suavemente con la cabeza. - Pasamos de traumas, gobiernos corruptos y crisis existenciales a esto. - Su mirada se desvió hacia la rubia con una pequeña sonrisa cansada. - Adelante, “princesa de blanco”. Nadie aquí planea detenerte en tu épica batalla contra la vejiga. -
Luego señaló vagamente una dirección del callejón. - Creo que había unos baños públicos cerca del mercado. Aunque probablemente deberías ir vestida antes de declarar otra guerra santa en medio de la isla. - Finalmente volvió a mirar a Kasui. - Y tú intenta no desaparecer mientras ella vuelve. No quiero tener que rastrear a un niño salvaje escondido entre arbustos. - Al no conocer a ninguno de los dos, no sabía muy bien si tenía que vigilarlos de cerca o dejarlos a sus anchas, ya que volverían a reunirse. Suspiró mientras intentaba decidir qué hacer... Quizá a ese chico se le ocurra algo, después de todo se autoproclamó como el líder, si, sin duda sabrá que hacer.
