24-05-2026, 12:28 AM
(Última modificación: 26-05-2026, 09:29 PM por Kael Omuyaga.
Razón: Aclaración
)
No se puede definir la mañana como tranquila en un lugar donde, en la base del G-39, lugar de gestión militar Marine, los miembros de la División 75 toman su tiempo desde una temprana hora en la mañana para realizar un entrenamiento conjunto. Los encargados de la gestión de la guardia de las calles eran por supuesto los miembros locales, y por ello, sus temporales huéspedes hoy tenían la capacidad de actuar con libertad.
Quizás, por tal y cómo toma las cosas en lo más reciente de los acontecimientos, Kael tenía sus propias ideas aquella de acerca actividad conjunta, pensamientos que calla, y que no acompañan al resto de sus acciones. El interior de su fortaleza mental podía guardar una inmensa cantidad de secretos, pero en el exterior, su forma de ser habitual mantiene con mínimos una interacción extensa para evitar cualquier pensamiento sobre él.
Y al final, allí estuvieron.
Toda aquella idea de un entrenamiento conjunto mantuvo su mente ocupada durante las horas que transcurrieron en la mañana, recordando las habilidades de cada uno de sus compañeros, o lo que podía de los mismos sin descuidar el suyo propio. Los pistoleros habían llamado su atención, pero no consideró mayores problemas en su entrenamiento. Uno de los dos mostraba muchísima más habilidad con las armas de fuego que el otro, pero eso podría ser falta de un entrenamiento que, en esencia, debía arreglar por su cuenta, y se debía solventar con una munición algo más especial que afortunadamente ya poseía.
Shin, por su parte, dedicaba sus esfuerzos y entrenamientos de una forma mucho más controlada, y sabe que en el fondo, incluso si estuviese cometiendo algún error que en su mundana visión pudiese ver en él, no podría llegar a decirle nada al respecto, por lo que no centró más allá del mínimo en sus rápidos ejercicios.
En cambio...sí que hubo alguien quien cambió por completo. Nyra comenzó a utilizar un estilo de combate algo diferente, lejos del camino de la katana, usando un arma ligera, de mayor rango y tamaño, y con una maestría mayor a la que poseía con el filo de la espada. Estaba sorprendido; tenía talento, o quizás muchísimo esfuerzo construido a sus espaldas, pero lo supo ver reflejado en sus movimientos. Aquello le hizo ver una idea, algo en lo que su tiempo debía invertir gracias a sus conocimientos, y fue a expresarle su idea...antes de ser interrumpido en el acto, camino hacia ella.
— Distinguidas damas y honorables caballeros, su señoría el Ilustrísimo Chevalier de la Salle de Bal de la ciudad los invita cordialmente a asistir a su mascarade.
"¡¿Mascarade?!" Su sentido de la alta sociedad golpeó su estomago con más fuerza que una gota de Uchimizu. Aquello había atacado sus muros con una roca impulsada en una catapulta, y sin convertirse en un asedio, comenzó a trabajar en ideas y pensamientos.
Shin le ofreció una mirada, y la misma cargaba con más palabras de las que podría expresar en varios minutos, una conexión que llevaba sin sentir desde hacía más tiempo del que sentía poder recordar. Kael se la devolvió, entendiendo cada una de sus emociones escondidas.
―¡¡Kael!!―Su rostro evidenciaba sus emociones. Nyra estaba nerviosa, contenta, emocionada...parecía no entender el peso ni significado de una invitación tan formal para unos miembros de la Marina. Kael soltó un suspiro.―¡necesitamos un coche de caballos para llegar hasta allí! ¡Dos distinguidas damas no podemos ir con tacones y elegantes vestidos andando hasta allí! ¡Se nos van a estropear! ¡Tú te encargas! ¡Muchas graaaciaaaas~! ¡Ya entrenamos mañana, Shiiin~!
El tiempo cayó sobre sus hombros. A pleno comienzo de la mañana debía actuar con presteza, y por suerte, su salvación estuvo en el abandono de las chicas del entrenamiento, algo que le permitiría hacer lo propio sin perder ni un solo segundo.
―Trataré de gestionarlo, no te preocupes.
Por supuesto, aquella era una pésima idea, y tenía que buscar la forma de solventar los distinguidos problemas que su división ofrece ante una invitación de tales magnitudes.
Shin parece que le había leído la mente.
—Te encargo lo que te pidió Nyri, Kael. Yo me iré a pasear un rato, llegaré ahí por mis propios medios, no se preocupen.
―Me encargaré. A todas luces lo haré, pero tengo que darme prisa. Hay algo que debo hacer antes.―Miró a su compañero, al que ese día le reflejaba más un color castaño en su cabello.―¿Te importaría llamarme cuando sepas que estáis los tres a no mucho de estar listo para partir? Llegaré con el tiempo justo.
Tomaría las cosas que se habían quedado en la sala de entrenamiento, y saldría directo con paso ligero, consciente de lo mucho que debe trabajar antes de la hora designada. Si esa hoja y esa tinta eran tan excesivamente costosos por sí solos, no podía reparar en gastos.
Si había algo que jamás se podía permitir, que tenía grabado en su ser completamente a fuego, era la puntualidad. El de cabello azabache sabía lo que era llegar tarde, porque el albino tenía una tendencia a llegar mucho más temprano que el resto, aunque no se le viera incluso pasada la hora acordada en el punto de encuentro. Él gestionaba cada minuto como si valiera más que una joya preciosa. Sus minutos eran diamantes, y con una puntualidad medida, otorgaba a los segundos del resto un valor similar al del oro, siempre manteniendo la fina línea entre los cinco minutos de cortesía para el resto, y los diez minutos previos a la hora con tal de mantener las correctas formas que había aprendido desde su tierna niñez.
En su vuelta del exterior de la ciudad trajo consigo el carruaje hasta la puerta del G-39. Él, por suerte y por costumbre, solía prepararse para cualquier posible imprevisto, y con conocimiento de causa, tenía memorizado el lugar donde tuvo la capacidad de alquilar por un día aquel vehículo a un precio más económico de lo que cabría haber esperado, así cómo un lugar donde poder cambiarse tras un baño de lo más pulcro, mucho mayor que el que podría haberse dado en la base militar. Negociaciones hicieron falta, sutiles como su forma de ser en solitario, pero precisas como un experto comprador de pocas palabras. Es por eso que el vehículo portaba la elegancia de la noche a pesar de las horas, cumpliendo con los colores de su atuendo, y permitiendo al resto asistir sin caminar en lo que esperaba fueran muy elegantes trajes y vestidos.
Del interior salió él mismo, como un anfitrión en invitación para que sus compañeros se adentrasen en su humilde morada móvil. Acostumbrados a la rectitud de Kael, aquel momento solo realzaba aún más lo que ellos ya podían intuir de él. Había abandonado su sobriedad militar habitual en pos de una elegancia oscura en un traje que gritaba estar hecho a medida, vistiendo un traje de impecable confección en tonos negros y carbón profundo, como si la noche misma hubiese sido tejida sobre su cuerpo, algo que no entonaba con la poca capacidad de preparación que habían tenido para aquel evento.
La larga chaqueta estaba adornada con discretos bordados dorados que recorrían solapas y costuras como delicados trazos de tinta antigua, algo similar a la calidad usada para la escritura de la carta entregada, pero con un uso mucho más considerado. Bajo esta, un chaleco de intrincados patrones oscuros reforzaba aquella sofisticación silenciosa, acompañado por una camisa negra y una corbata anudada con una pulcritud enfermiza, incapaz de tolerar ni la más mínima arruga ni desorden si buscaba ser excelsa y perfecta.
Los guantes oscuros estaban confeccionados con cuero de cuervo negro de Matsuri, ocultando sus manos casi por completo en un abrazo preciso, ajustados hasta más allá de sus muñecas, desapareciendo bajo las mangas de su misma chaqueta.
Su preparación, pulcritud y elegancia habían sido llevadas al límite, pudiendo recordar así, tras tantos años, lo que era sentirse en la alta mesa de la sociedad. ¿Y la razón? Son demasiadas para expresarlas sin perderse en la exactitud de los detalles, pero como siempre, se pueden resumir en tan sólo un único argumento que parecía grabado en los diccionarios con su rostro como ejemplo visual: Su capacidad de planificación estaba a otro nivel.
Fue el último en acceder, una vez el resto ya hubiese tomado su asiento cómodamente. En el interior del vehículo, dió un pequeño toque con los nudillos en la ventanilla que daba hacia el cochero, dando la señal listos para partir, y preparados para lo que estuviese por venir...o no.
Shin...parecía dispuesto a opacar los colores de la pareja de la setenta y cinco, algo que el azabache esperaba hubiese sido pura coincidencia.
—Síganme el juego.
Parecía que había ideado un plan, y decidió seguirle la corriente. Quizás él conocía mejor los protocolos, pero debían mantener las apariencias que, por supuesto, todo el mundo habría tenido a bien saber si habían leído el periódico del día anterior. Puede intuir como su mejor amigo busca evitar la luz de los focos, pero aquello había dejado de ser una opción mucho antes de comenzar.
Por supuesto, Kael no perdió el tiempo, ni siquiera a la espera de ser recibidos en la entrada. Sacó del interior de la chaqueta un pequeño frasco, un perfume que llevaba escondido en un tamaño extremadamente pequeño, y que comenzó a colocar sobre sus puntos cardinales poco a poco, sutilmente, mientras esperaba a que todo el proceso para entrar acabase.
Había elegido el Aleigram Nosiam, un perfume amaderado con toques sutiles a licor y tabaco, nada invasivo, y que aún así le permitía permanecer en la memoria de quien lograse acercarse lo suficiente. Aquel olor tan representativo y discreto a partes iguales se había vuelto uno de sus favoritos, pues en contacto con la tela de su traje, no solo eliminaba el aroma exagerado del perfume de Hae-won, sino que además, usaba el mismo para mezclar su vainilla impregnada en él durante el viaje como un aditivo, creando un aroma único y distinto, muy bien analizado desde antes de adentrase en Grand Line.
Quizás no destacasen por encima del resto, aquellos señores más ostentosos con sus acompañantes tan pomposas como para perder la vista en las mismas, pero desde luego, aquel que lleva toda su vida tratando de ser uno más entre ellos, había conseguido el mejor resultado dentro de sus reducidas capacidades.
Al final, tanto el arte de la moda como los conocimientos de un mercader son determinantes a la hora de conseguir la mejor de las apariencias.
Quizás, por tal y cómo toma las cosas en lo más reciente de los acontecimientos, Kael tenía sus propias ideas aquella de acerca actividad conjunta, pensamientos que calla, y que no acompañan al resto de sus acciones. El interior de su fortaleza mental podía guardar una inmensa cantidad de secretos, pero en el exterior, su forma de ser habitual mantiene con mínimos una interacción extensa para evitar cualquier pensamiento sobre él.
Y al final, allí estuvieron.
Toda aquella idea de un entrenamiento conjunto mantuvo su mente ocupada durante las horas que transcurrieron en la mañana, recordando las habilidades de cada uno de sus compañeros, o lo que podía de los mismos sin descuidar el suyo propio. Los pistoleros habían llamado su atención, pero no consideró mayores problemas en su entrenamiento. Uno de los dos mostraba muchísima más habilidad con las armas de fuego que el otro, pero eso podría ser falta de un entrenamiento que, en esencia, debía arreglar por su cuenta, y se debía solventar con una munición algo más especial que afortunadamente ya poseía.
Shin, por su parte, dedicaba sus esfuerzos y entrenamientos de una forma mucho más controlada, y sabe que en el fondo, incluso si estuviese cometiendo algún error que en su mundana visión pudiese ver en él, no podría llegar a decirle nada al respecto, por lo que no centró más allá del mínimo en sus rápidos ejercicios.
En cambio...sí que hubo alguien quien cambió por completo. Nyra comenzó a utilizar un estilo de combate algo diferente, lejos del camino de la katana, usando un arma ligera, de mayor rango y tamaño, y con una maestría mayor a la que poseía con el filo de la espada. Estaba sorprendido; tenía talento, o quizás muchísimo esfuerzo construido a sus espaldas, pero lo supo ver reflejado en sus movimientos. Aquello le hizo ver una idea, algo en lo que su tiempo debía invertir gracias a sus conocimientos, y fue a expresarle su idea...antes de ser interrumpido en el acto, camino hacia ella.
— Distinguidas damas y honorables caballeros, su señoría el Ilustrísimo Chevalier de la Salle de Bal de la ciudad los invita cordialmente a asistir a su mascarade.
"¡¿Mascarade?!" Su sentido de la alta sociedad golpeó su estomago con más fuerza que una gota de Uchimizu. Aquello había atacado sus muros con una roca impulsada en una catapulta, y sin convertirse en un asedio, comenzó a trabajar en ideas y pensamientos.
Shin le ofreció una mirada, y la misma cargaba con más palabras de las que podría expresar en varios minutos, una conexión que llevaba sin sentir desde hacía más tiempo del que sentía poder recordar. Kael se la devolvió, entendiendo cada una de sus emociones escondidas.
―¡¡Kael!!―Su rostro evidenciaba sus emociones. Nyra estaba nerviosa, contenta, emocionada...parecía no entender el peso ni significado de una invitación tan formal para unos miembros de la Marina. Kael soltó un suspiro.―¡necesitamos un coche de caballos para llegar hasta allí! ¡Dos distinguidas damas no podemos ir con tacones y elegantes vestidos andando hasta allí! ¡Se nos van a estropear! ¡Tú te encargas! ¡Muchas graaaciaaaas~! ¡Ya entrenamos mañana, Shiiin~!
El tiempo cayó sobre sus hombros. A pleno comienzo de la mañana debía actuar con presteza, y por suerte, su salvación estuvo en el abandono de las chicas del entrenamiento, algo que le permitiría hacer lo propio sin perder ni un solo segundo.
―Trataré de gestionarlo, no te preocupes.
Por supuesto, aquella era una pésima idea, y tenía que buscar la forma de solventar los distinguidos problemas que su división ofrece ante una invitación de tales magnitudes.
Shin parece que le había leído la mente.
—Te encargo lo que te pidió Nyri, Kael. Yo me iré a pasear un rato, llegaré ahí por mis propios medios, no se preocupen.
―Me encargaré. A todas luces lo haré, pero tengo que darme prisa. Hay algo que debo hacer antes.―Miró a su compañero, al que ese día le reflejaba más un color castaño en su cabello.―¿Te importaría llamarme cuando sepas que estáis los tres a no mucho de estar listo para partir? Llegaré con el tiempo justo.
Tomaría las cosas que se habían quedado en la sala de entrenamiento, y saldría directo con paso ligero, consciente de lo mucho que debe trabajar antes de la hora designada. Si esa hoja y esa tinta eran tan excesivamente costosos por sí solos, no podía reparar en gastos.
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Previamente, Kael ha estado aquí
Previamente, Kael ha estado aquí
ost
Si había algo que jamás se podía permitir, que tenía grabado en su ser completamente a fuego, era la puntualidad. El de cabello azabache sabía lo que era llegar tarde, porque el albino tenía una tendencia a llegar mucho más temprano que el resto, aunque no se le viera incluso pasada la hora acordada en el punto de encuentro. Él gestionaba cada minuto como si valiera más que una joya preciosa. Sus minutos eran diamantes, y con una puntualidad medida, otorgaba a los segundos del resto un valor similar al del oro, siempre manteniendo la fina línea entre los cinco minutos de cortesía para el resto, y los diez minutos previos a la hora con tal de mantener las correctas formas que había aprendido desde su tierna niñez.
En su vuelta del exterior de la ciudad trajo consigo el carruaje hasta la puerta del G-39. Él, por suerte y por costumbre, solía prepararse para cualquier posible imprevisto, y con conocimiento de causa, tenía memorizado el lugar donde tuvo la capacidad de alquilar por un día aquel vehículo a un precio más económico de lo que cabría haber esperado, así cómo un lugar donde poder cambiarse tras un baño de lo más pulcro, mucho mayor que el que podría haberse dado en la base militar. Negociaciones hicieron falta, sutiles como su forma de ser en solitario, pero precisas como un experto comprador de pocas palabras. Es por eso que el vehículo portaba la elegancia de la noche a pesar de las horas, cumpliendo con los colores de su atuendo, y permitiendo al resto asistir sin caminar en lo que esperaba fueran muy elegantes trajes y vestidos.
carruaje
Del interior salió él mismo, como un anfitrión en invitación para que sus compañeros se adentrasen en su humilde morada móvil. Acostumbrados a la rectitud de Kael, aquel momento solo realzaba aún más lo que ellos ya podían intuir de él. Había abandonado su sobriedad militar habitual en pos de una elegancia oscura en un traje que gritaba estar hecho a medida, vistiendo un traje de impecable confección en tonos negros y carbón profundo, como si la noche misma hubiese sido tejida sobre su cuerpo, algo que no entonaba con la poca capacidad de preparación que habían tenido para aquel evento.
La larga chaqueta estaba adornada con discretos bordados dorados que recorrían solapas y costuras como delicados trazos de tinta antigua, algo similar a la calidad usada para la escritura de la carta entregada, pero con un uso mucho más considerado. Bajo esta, un chaleco de intrincados patrones oscuros reforzaba aquella sofisticación silenciosa, acompañado por una camisa negra y una corbata anudada con una pulcritud enfermiza, incapaz de tolerar ni la más mínima arruga ni desorden si buscaba ser excelsa y perfecta.
Los guantes oscuros estaban confeccionados con cuero de cuervo negro de Matsuri, ocultando sus manos casi por completo en un abrazo preciso, ajustados hasta más allá de sus muñecas, desapareciendo bajo las mangas de su misma chaqueta.
Su preparación, pulcritud y elegancia habían sido llevadas al límite, pudiendo recordar así, tras tantos años, lo que era sentirse en la alta mesa de la sociedad. ¿Y la razón? Son demasiadas para expresarlas sin perderse en la exactitud de los detalles, pero como siempre, se pueden resumir en tan sólo un único argumento que parecía grabado en los diccionarios con su rostro como ejemplo visual: Su capacidad de planificación estaba a otro nivel.
traje de Kael
Lástima, claro está, que no hubiese pensado en el resto de sus compañeros durante aquellos días previos en la ciudad para lo mismo.
Un detalle era presente, notorio para aquellos con atención a los detalles: Kael no portaba ningún aroma. La colonia parecía haber sido olvidada, y tan solo el olor del jabón más neutro podría llegar a aquel con el olfato más refinado, o el que estuviese más cerca de su compañero.
―Debo admitir que, cuando hablaste del carruaje, pensé que exagerabas. Ahora comprendo que habría sido un crimen permitir que una dama como tú llegase a pie.―Comentó con una muy trabajada sonrisa en su rostro, demasiado natural, abriendo la puerta del carruaje, y extendiendo su zurda en dirección a Kuroshiro, ofreciéndole un apoyo para subir al carruaje con mayor facilidad, como todo caballero haría. Tan solo realizaría lo propio con Hae-won si su compañero St. George no le daba la más mínima pista sobre si haría lo mismo, cosa que por supuesto no esperaba de él.―Veo que el mayor problema de esta noche será que los invitados compitan con vosotros dos. Sabéis como brillar sin tan siquiera intentarlo.
Un detalle era presente, notorio para aquellos con atención a los detalles: Kael no portaba ningún aroma. La colonia parecía haber sido olvidada, y tan solo el olor del jabón más neutro podría llegar a aquel con el olfato más refinado, o el que estuviese más cerca de su compañero.
―Debo admitir que, cuando hablaste del carruaje, pensé que exagerabas. Ahora comprendo que habría sido un crimen permitir que una dama como tú llegase a pie.―Comentó con una muy trabajada sonrisa en su rostro, demasiado natural, abriendo la puerta del carruaje, y extendiendo su zurda en dirección a Kuroshiro, ofreciéndole un apoyo para subir al carruaje con mayor facilidad, como todo caballero haría. Tan solo realizaría lo propio con Hae-won si su compañero St. George no le daba la más mínima pista sobre si haría lo mismo, cosa que por supuesto no esperaba de él.―Veo que el mayor problema de esta noche será que los invitados compitan con vosotros dos. Sabéis como brillar sin tan siquiera intentarlo.
Fue el último en acceder, una vez el resto ya hubiese tomado su asiento cómodamente. En el interior del vehículo, dió un pequeño toque con los nudillos en la ventanilla que daba hacia el cochero, dando la señal listos para partir, y preparados para lo que estuviese por venir...o no.
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El carruaje llegó con calma, deteniendo su avance cerca de la entrada principal al evento mientras algunos invitados se colocaban frente a la puerta. A diferencia de la vez anterior, esta vez fue el cochero quién abrió la puerta de los invitados, permitiéndose así un pequeño gesto para recoger algunas monedas que, por supuesto, Kael entregó discretamente tras bajar en último lugar, recibiendo la gratitud en forma de sonrisa complacida del hombre, mientras en la distancia, observa a su vistoso amigo acercándose hacia ellos.
Shin...parecía dispuesto a opacar los colores de la pareja de la setenta y cinco, algo que el azabache esperaba hubiese sido pura coincidencia.
—Síganme el juego.
Parecía que había ideado un plan, y decidió seguirle la corriente. Quizás él conocía mejor los protocolos, pero debían mantener las apariencias que, por supuesto, todo el mundo habría tenido a bien saber si habían leído el periódico del día anterior. Puede intuir como su mejor amigo busca evitar la luz de los focos, pero aquello había dejado de ser una opción mucho antes de comenzar.
Por supuesto, Kael no perdió el tiempo, ni siquiera a la espera de ser recibidos en la entrada. Sacó del interior de la chaqueta un pequeño frasco, un perfume que llevaba escondido en un tamaño extremadamente pequeño, y que comenzó a colocar sobre sus puntos cardinales poco a poco, sutilmente, mientras esperaba a que todo el proceso para entrar acabase.
Había elegido el Aleigram Nosiam, un perfume amaderado con toques sutiles a licor y tabaco, nada invasivo, y que aún así le permitía permanecer en la memoria de quien lograse acercarse lo suficiente. Aquel olor tan representativo y discreto a partes iguales se había vuelto uno de sus favoritos, pues en contacto con la tela de su traje, no solo eliminaba el aroma exagerado del perfume de Hae-won, sino que además, usaba el mismo para mezclar su vainilla impregnada en él durante el viaje como un aditivo, creando un aroma único y distinto, muy bien analizado desde antes de adentrase en Grand Line.
Quizás no destacasen por encima del resto, aquellos señores más ostentosos con sus acompañantes tan pomposas como para perder la vista en las mismas, pero desde luego, aquel que lleva toda su vida tratando de ser uno más entre ellos, había conseguido el mejor resultado dentro de sus reducidas capacidades.
Al final, tanto el arte de la moda como los conocimientos de un mercader son determinantes a la hora de conseguir la mejor de las apariencias.
Elegancia calculada
