24-05-2026, 05:36 AM
Hyak solía estar siempre en las nubes. No era extraño que, en pleno medio día, se le pudiera ver mirando hacia el cielo, distraído, absorto en sus pensamientos; sin embargo, no por eso era un idiota…En materias laborales, de negocios y ¿Por qué no decirlo? En sus conquistas, solía prestar tanta atención a sus alrededores como si fuera un depredador estudiando a su posible presa. Por eso, todo lo que hacía aquel pelirrojo que lo recibió en la entrada, quedaba anotado en su corta memoria. Él no tenía idea de cuanto lo complacía.
Escucharlo hablar con tanta ingenuidad era todo un deleite. Se vio tentado a sonreír de medio lado o, bien, a soltar una risa sarcástica ¡Oh! En verdad el chico se creyó todo lo que le dijo sobre el miedo. Era perfecto.
Aunque no podía culparlo, a fin de cuentas, el mismo médico sabía muy bien que podía ser un actor de primera, alguien que fingía bastante bien esa fragilidad que decidía mostrar al mundo para ocultar sus verdaderos colores.
¿Qué era el mejor del mundo? Sí, definitivamente, podía considerarse como tal, pero no por las razones tan altruistas que el pelirrojo podía estar pensando. No…Era el mejor porque cumplía muy bien su papel de víctima.
No respondió a nada de lo que dijo, se limitó a asentir con cansancio, a dedicarle algún puchero o una sonrisa inocente pero fingida. Como deseaba conocer más a fondo al tal Takano. Sabía que se divertiría un montón con él.
*****
Vaya cambio era el estar en el pasillo, a solas con Takano, a estar en la oficina con el hombre que importaba en ese lugar, con quien había venido a hacer negocios de verdad. El ambiente, en general, a pesar de que no era por completo estricto, al menos para el médico, sí que era mucho más formal, aunque eso no lo detuvo de mofarse del pelirrojo por su evidente inocencia en los temas que implicaban un evidente doble sentido o, por supuesto, tampoco le impidió explicar la razón por la que había llegado mucho más temprano al encuentro pactado.
Pudo ver la molestia en los ojos del pelinegro, Jin…Sí, así se llamaba, intentaría recordarlo al menos durante la reunión, aunque tuviera que hacer un esfuerzo inusual, aunque, a pesar de todo, agradeció que el hombre entendiera sus razones.
El pelirrosa inclinó su cabeza en señal de agradecimiento y dejó escapar una sonrisa educada mientras miraba justo los ojos de un celeste helado de aquel hombre frente a él.
—Si no es mucha molestia para usted y para Chili estaré más que agradecido por ese detalle, así evitaré interrumpir cualquier otro encuentro importante con el felino bicolor o con algún otro que pueda tener en su lista —. No habían hablado lo suficiente para decir aquello en voz alta, no es que fuera un viejo amigo con quien podía bromear de esas formas; sin embargo, había ocasiones en las que en pelirrosa parecía no tener filtro al momento de expresarse, por más que su tono y sus expresiones lucieran tan formales y educadas, sus palabras podían llegar a traicionarlo. —Y claro que superaré sus expectativas, Jin…No debería tener ninguna duda con respecto a eso…yo mismo no las tengo ¿O acaso le parezco un manojo de nervios que va a su primera entrevista laboral? —Se reacomodó mejor en su asiento para luego juguetear con un mechón de su cabello, todo mientras que escuchaba la explicación del hombre con quien estaba a punto de sellar un trato…Sí, podía decirlo con seguridad, como él mismo dijo, no tenía dudas de ello. Nunca dudaba de sus capacidades en la medicina.
—Rafael —. El nombre salió de sus labios con lentitud, saboreando cada sílaba para poder recordarlo, aunque fuera por un par de horas. No podía esperar a conocerlo. Se preguntaba cómo sería y si, en verdad, sería capaz de cumplir cada una de sus expectativas con respecto a su mercancía, pues era más que quisquilloso al momento de elegir con que tipo de producto le convenía o no trabajar. —Le creo si me dice que es de los mejores en su trabajo y en verdad espero que así sea, Jin…porque no me gusta cuando un asistente me decepciona ¿Sabe? Suele resultar bastante molesto cuando las cosas no se cumplen al pie de la letra…más cuando involucra clientes tan…delicados ¿Si me entiende? —Esperaba una respuesta por parte del pelinegro, aunque, de repente, el ambiente se llenó con la voz de alguien más: Takano. Casi había olvidado que también estaba con ellos en la habitación.
No supo si fue por como reaccionó o si fue porque lo hizo en el momento menos oportuno, pero el médico, que ahora estaba parado frente al pelinegro y a un lado del pelirrojo, soltó una risa que tuvo que contener al tapar su boca con una de sus manos. No quería darle más alas al chico y que terminara siendo regañado por su jefe…de nuevo…aunque sí que podía comentarle alguna que otra cosa sobre la elección de un apodo tan peculiar.
—Sí, recuerdo ese apodo…es más fácil que tu nombre, además…va contigo…Si fueras un tipo de salsa serías algo como esa…una salsa picante, aunque con un toque dulce —. La voz del médico salió con un tono más aterciopelado y menos estricto que cuando hablaba con el otro hombre, además, sonreía como si fuera un chico común y corriente, alguien tan amable que el otro hombre apenas y podría adivinar su profesión real…si no fuera porque seguro estaba enterado de porque fue citado en el sitio. —Y a mi también me hace feliz poder verte…es bueno recordar rostros tan agradables —dijo antes de que el chico saliera por la puerta y de que su atención volviera por completo hacia lo que importaba en realidad.
—No, definitivamente, creo que no capta ni una sola indirecta, pero es lo que lo hace interesante ¿No lo cree? —A pesar de su comentario su expresión iba del entretenimiento a la formalidad, sabía que ahora, sin la presencia del otro chico, era momento de que las cosas se pusieran en verdad serias. Momento de comportarse como el profesional que era.
—Por favor, agradezco que no se repita. No me gusta trabajar en sitios en donde no me siento bienvenido, aunque…respeto que cumplan tan bien sus órdenes, parecen perros bien entrenados —. Se llevó una mano a la boca, tapándola por la sorpresa de haberse expresado de esa manera…Sí, empezaba a ponerse cómodo y eso podía traicionarlo. —Espero que no le moleste que los llame de esa manera, claro…aunque puede corregirme, a fin de cuentas, es usted dueño y señor de este sitio —. La seriedad había vuelto a su voz y a su expresión, incluso a su andar, que ahora parecía más refinado que antes, casi etéreo…era como si su peculiar belleza no terminara de encajar del todo con aquello para lo que había sido citado.
No dijo más mientras seguía al pelinegro por un pasillo en el que perderse era imposible. La línea recta en la que tantas puertas estaban cerradas resultaba un trecho sencillo hacia el final del “túnel”, incluso para alguien con tan mala orientación como el pelirrosa que, a estas alturas, no comía ansias ni se desesperaba, de hecho, se recostó con calma en una pared cercana mientras esperaba que el pelinegro abriera la puerta que debería llevarlo al laboratorio o, como el pelirrosa prefería llamarlo: el quirófano.
Cuando escuchó el click de la cerradura y el leve rechinar de las bisagras de la puerta, el médico se movió. Avanzó lo necesario para entrar y, con rapidez, sus ojos se acostumbraron a la luz blanquecina del recinto, aunque no podía decir lo mismo del aire frío que los rodeaba, que se concentró más al momento en que la puerta se cerró…No es como que no estuviera acostumbrado a ese tipo de ambiente dentro de los quirófanos, pero siempre le resultaba incómodo trabajar en un “clima” que detestaba, por más que adorara su trabajo, menos mal que su bata tenía bolsillos en los que pudo meter sus manos para brindarse algo de calor.
—Es increíble…Parece un sitio bastante completo, si me lo pregunta o, bueno, al menos viéndolo a simple vista —. El pelirrosa tembló al hablar, no por la excitación de encontrar tan buen sitio para trabajar, si no por el frío que empezaba a calar en sus huesos…Esperaba poder ponerse sus guantes y mascarilla pronto, eso lo ayudaría. —Pero de todos modos revisaré y procuraré que los implementos estén esterilizados para el momento en que empiece la operación…y…hablando de eso…
Se movió con gracia por el lugar. Nunca había estado en esa habitación antes, pero sus movimientos hacían que el cuarto pareciera suyo y de nadie más.
—… ¿Puede decirme a quién tendré el gusto de operar hoy? Porque supongo que traerá a alguien para realizar un trasplante en vivo y en directo y, además...Espero que Rafael se haya tomado la molestia de conseguir enfermeros competentes que puedan asistirme —. Al hablar, el médico se acercó a la mesa metálica que estaba a un lado de la camilla y pasó sus ojos por los instrumentos que reposaban sobre ella, todos cubiertos con una tapadera de plástico que, a simple vista, lucía bastante estéril, aun así, no pudo evitar caminar hasta quedar frente a un autoclave que estaba en una esquina…No podía confiarse del trabajo de otros, no…prefería limpiar sus herramientas el mismo.
—Puedo usar todo lo que está aquí cuanto quiera ¿No es así? Porque no sé cuanto demore aquel hombre al que mencionó antes…Rafael…pero preferiría empezar a esterilizar las herramientas que podría llegar a usar, ya sabe, para que estén limpias cuando sea el momento de la verdad y…de paso…debo decirle una cosa más —. Se acercó al hombre hasta quedar a menos de medio metro de él, lo miró de frente, algo que no le costó, pues estaban a la misma altura.
—Sé que usted es el jefe en este lugar, pero en el quirófano, prefiero que hagan lo que yo diga y si va a observar, debe seguir mis órdenes ¿Sabe? Me gusta trabajar con orden y limpieza, así que evite fumar aquí dentro, por favor y también…sígame, tendrá que desinfectarse también y ponerse una ropa más estéril si quiere quedarse a observar —. Señaló a una parte de la habitación en la que había una puerta de vidrio oscuro en la que había una señal de una ducha, además, a un lado de esta había un closet también de vidrio, pero de un tono más claro, lo suficiente para que se pudiera ver que en el interior había batas y otros accesorios necesarios para ser usados durante una operación.
—Obvio que yo también debo desinfectarme…espero que tengan más de una ducha aquí…aunque lo normal es que solo lave mis brazos y mis manos, pero como acabo de llegar de la calle…supongo que tendré que ser más estricto con eso...si no le importa, claro —. Para cuando terminó de hablar, ya se había adelantado para llegar hasta la puerta de vidrio que conectaba con la ducha que el médico tanto anhelaba.
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