24-05-2026, 01:22 PM
(Última modificación: 24-05-2026, 01:25 PM por Voz Seductora.)
Kenzo se lanzó valiente a por aquella horda de autómatas con apariencia de aldeanos feudales, e impactó un poderoso puñetazo sobre el primero de todos ellos que vio, una abuelita algo enchepada que llevaba consigo una cesta con hogazas de pan. El impacto fue brutal y desintegró al robot con una fuerza colosal, pero hasta ahí llegó la valentía del muchacho, pues el resto de la horda de autómatas se lanzó sobre él para golpearle con todo lo que tenían. Azadas, horcas, hoces, martillos, rastrillos, panes, huesos, puerros, y restos de la abuela que acababa de destrozar. Era una marabunta, una montaña de seres de metal que se iban acumulando y amontonando encima de Kenzo uno a uno hasta formar un montículo, una masa sin forma de acero y circuitos que parecía latir con pulso propio envolviendo por completo al más joven de los Alas Negras.
¿Cómo era posible que esto le hubiera pasado? Era un luchador experimentado, llevaba toda la vida peleando prácticamente y se había confiado pensando que un único puñetazo suyo podría destruir por completo a cien personas o más... ¿Acaso la explosión de MDU-05 había afectado a sus circuitos de humano? No había otra explicación posible, pero todo error se paga y esta no era la excepción. Y para Kenzo, en su situación y en su estado, más errores de este estilo podrían suponer la muerte... más aun estando sepultado por doscientos noventa y nueve aldeanos mecánicos que sin sonido alguno pero con una sonrisa eterna, buscaban golpear, pinchar, rajar, o dañar de cualquier forma el cuerpo del Heredero del Diablo.
¿Sería este el fin del D.? ¿Se impondría el metal al músculo? ¿El legado de Yojimbo moriría con él aquí?
Quizá hubiese sido más inteligente huir, o pensar en otra estrategia... sus compañeros Jolyne y Tobías, los tiradores de su banda, habían resuelto sus problemas. Garnet se había buscado nuevos quebraderos de cabeza, y otras cosas, y Triana parecía estar desesperada y vida aun sólo por el capricho de su madre. Quizá Kenzo hiciese más falta en otra parte, por ejemplo, ayudando a su amigo Garnet a librarse del poder del amor, o ganando tiempo para que Triana pudiera escapar.
Su sacrificio para frenar la horda era algo que alguien tenía que hacer, pero de nada serviría frenarla si moría en el intento y estos avanzaban hacia los demás.
¡Date prisa Gokú Kenzo!
¿Cómo era posible que esto le hubiera pasado? Era un luchador experimentado, llevaba toda la vida peleando prácticamente y se había confiado pensando que un único puñetazo suyo podría destruir por completo a cien personas o más... ¿Acaso la explosión de MDU-05 había afectado a sus circuitos de humano? No había otra explicación posible, pero todo error se paga y esta no era la excepción. Y para Kenzo, en su situación y en su estado, más errores de este estilo podrían suponer la muerte... más aun estando sepultado por doscientos noventa y nueve aldeanos mecánicos que sin sonido alguno pero con una sonrisa eterna, buscaban golpear, pinchar, rajar, o dañar de cualquier forma el cuerpo del Heredero del Diablo.
¿Sería este el fin del D.? ¿Se impondría el metal al músculo? ¿El legado de Yojimbo moriría con él aquí?
Quizá hubiese sido más inteligente huir, o pensar en otra estrategia... sus compañeros Jolyne y Tobías, los tiradores de su banda, habían resuelto sus problemas. Garnet se había buscado nuevos quebraderos de cabeza, y otras cosas, y Triana parecía estar desesperada y vida aun sólo por el capricho de su madre. Quizá Kenzo hiciese más falta en otra parte, por ejemplo, ayudando a su amigo Garnet a librarse del poder del amor, o ganando tiempo para que Triana pudiera escapar.
Su sacrificio para frenar la horda era algo que alguien tenía que hacer, pero de nada serviría frenarla si moría en el intento y estos avanzaban hacia los demás.
¡Date prisa Gokú Kenzo!
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