25-05-2026, 10:58 PM
Incluso en su frustración, el cielo estrellado se seguía viendo igual de bien. Una laguna hacia la nada, donde los sueños vivos y muertos convergían, navegando entre los recuerdos que los formaron, memorias de carácter irreversible, tatuadas en su alma hasta que el corazón deje de latir.
Incluso más allá.
Son el recordatorio de por qué pelea. Las millones de vidas esperando a ser salvadas, los susurros de Himari haciéndole ver el mundo utópico que la llevó hasta el firmamento que sus iris cerúleas podían observar, pues al final, la nada y el todo morían en el mismo punto.
Y con sus ojos fijos allí, en compañía de toda su atención, es que ignoró los pasos acercándose hasta ser demasiado tarde. Una carcajada destronó del foco a los recuerdos que llenaban su espíritu de decisión, sentándose al instante y observando una presencia que se le hacía conocida. Entrecerró los párpados, intentando dilucidar de quién se trataba exactamente, y al observarlo sujetar el periódico, hizo la sumatoria mental que le faltaba.
Sujetó el licor, aún sin beber de la botella. También se mantuvo sentado, la confianza en sí mismo era tal, que no necesitaba ejercer alguna postura de guardia ni mucho menos, incluso con un pirata de su calibre delante. Sólo lo escuchó, intentando entender si fue el brillo de su luz lo que condujo su sendero hasta ese encuentro, o tenía alguna intención adicional. Al menos de momento, pudo detectar la misma emoción que lo consumía instantes atrás, pues Blinton se veía frustrado, tanto que ni un concepto tan amplio como la libertad era capaz de satisfacer esa insuficiencia que cargaba.
—Cill Blinton, capitán de los piratas Smokey. —alzó la botella, ligeramente más alto que su frente —Cien millones por tu cabeza, nada mal. —y entonces se dispuso a beber, un trago largo que no hacía más que reafirmar su comodidad ante un presunto peligro, especialmente luego de demostrar el conocimiento de su identidad, valor, y... "trabajo", aunque el ser pirata no podía ser considerado como tal.
Le devuelve la botella, y al mismo tiempo, adjunta una pregunta —¿Qué podría saber sobre la libertad un pirata como tú? —contrario a lo que podría parecer, la sonrisa tranquila del marine y el tono con cero agresión o retazos de ironía le demuestran a aquel hombre curiosidad genuina. Si quisiera atacarlo, ya lo habría hecho, y el mantenerse sentado era prueba suficiente de que sólo buscaba hablar.
Sujetase el cristal o no, Hasegawa hablaría un poco más, evitando dejarlo en una única incógnita —Te apuesto otra ronda a que te puedo dar una mejor definición de la que tienes. Porque nadie que entienda la libertad diría que no es suficiente. —la curva de sus labios se expande, apoyando ambas manos en sus rodillas, una pose típica de comunidades antiguas, o samuráis, pues las susodichas apuntaban a lados distintos, mientras aguardaba la respuesta del pirata con un brillo particular en su mirada.
Desafío.
Shin no se sentía intimidado, al final, de Cill sólo conocía el wanted y su capitanía en un grupo de más gente. Y si bien, estaba atento a su alrededor, previniendo una emboscada, la calma era su mayor arma, sabiendo que posee habilidades difíciles de contrarrestar para enemigos de su nivel, e incluso, de una talla superior. Bien lo sabía el teniente Curok Odail, si no fuese por los errores que cometió en aquel combate, quizás habría muerto sin saber qué era lo que lo estaba golpeando. Pretendía que sea el caso con los Smokey si se decantaban por hostilidades.
Incluso más allá.
Son el recordatorio de por qué pelea. Las millones de vidas esperando a ser salvadas, los susurros de Himari haciéndole ver el mundo utópico que la llevó hasta el firmamento que sus iris cerúleas podían observar, pues al final, la nada y el todo morían en el mismo punto.
Y con sus ojos fijos allí, en compañía de toda su atención, es que ignoró los pasos acercándose hasta ser demasiado tarde. Una carcajada destronó del foco a los recuerdos que llenaban su espíritu de decisión, sentándose al instante y observando una presencia que se le hacía conocida. Entrecerró los párpados, intentando dilucidar de quién se trataba exactamente, y al observarlo sujetar el periódico, hizo la sumatoria mental que le faltaba.
Sujetó el licor, aún sin beber de la botella. También se mantuvo sentado, la confianza en sí mismo era tal, que no necesitaba ejercer alguna postura de guardia ni mucho menos, incluso con un pirata de su calibre delante. Sólo lo escuchó, intentando entender si fue el brillo de su luz lo que condujo su sendero hasta ese encuentro, o tenía alguna intención adicional. Al menos de momento, pudo detectar la misma emoción que lo consumía instantes atrás, pues Blinton se veía frustrado, tanto que ni un concepto tan amplio como la libertad era capaz de satisfacer esa insuficiencia que cargaba.
—Cill Blinton, capitán de los piratas Smokey. —alzó la botella, ligeramente más alto que su frente —Cien millones por tu cabeza, nada mal. —y entonces se dispuso a beber, un trago largo que no hacía más que reafirmar su comodidad ante un presunto peligro, especialmente luego de demostrar el conocimiento de su identidad, valor, y... "trabajo", aunque el ser pirata no podía ser considerado como tal.
Le devuelve la botella, y al mismo tiempo, adjunta una pregunta —¿Qué podría saber sobre la libertad un pirata como tú? —contrario a lo que podría parecer, la sonrisa tranquila del marine y el tono con cero agresión o retazos de ironía le demuestran a aquel hombre curiosidad genuina. Si quisiera atacarlo, ya lo habría hecho, y el mantenerse sentado era prueba suficiente de que sólo buscaba hablar.
Sujetase el cristal o no, Hasegawa hablaría un poco más, evitando dejarlo en una única incógnita —Te apuesto otra ronda a que te puedo dar una mejor definición de la que tienes. Porque nadie que entienda la libertad diría que no es suficiente. —la curva de sus labios se expande, apoyando ambas manos en sus rodillas, una pose típica de comunidades antiguas, o samuráis, pues las susodichas apuntaban a lados distintos, mientras aguardaba la respuesta del pirata con un brillo particular en su mirada.
Desafío.
Shin no se sentía intimidado, al final, de Cill sólo conocía el wanted y su capitanía en un grupo de más gente. Y si bien, estaba atento a su alrededor, previniendo una emboscada, la calma era su mayor arma, sabiendo que posee habilidades difíciles de contrarrestar para enemigos de su nivel, e incluso, de una talla superior. Bien lo sabía el teniente Curok Odail, si no fuese por los errores que cometió en aquel combate, quizás habría muerto sin saber qué era lo que lo estaba golpeando. Pretendía que sea el caso con los Smokey si se decantaban por hostilidades.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
