26-05-2026, 12:04 AM
(Última modificación: 26-05-2026, 05:42 AM por Hasegawa Shin.)
Día 63, Otoño. Año 17. Corriente Akai, Isla Matsuri. Reino de Ran.
Hora: 14:55.
Hora: 14:55.
Ah, las puertas, que invento tan noble...
Destinadas a la privacidad, a separar habitaciones con un marco capaz de limitar los sonidos entrantes a un nuevo espacio, a ejercer de protección férrea si las situaciones lo ameritaban. Fieles compañeras, útiles para decorarlas desde ambos lados y dotar de una personalidad acorde a la propia considerando que al colocarlas, su destino es permanecer allí, quietas, hasta que su vida útil superase cualquier umbral de reparación.
Las hay de todo tipo, variando entre diversos tamaños dadas las variopintas razas del mundo. De hecho, no dudaba sobre la existencia de puertas colosales, únicamente lógicas en su razón de ser bajo el conocimiento de criaturas como los wotan de diez metros que ha enfrentado. También varían en sus materiales, muchas creadas con tal mimo y propósito que se hacían indestructibles hasta para muchas de las entidades más fuertes del mundo.
Entonces, si eran un invento tan honorable, ¿por qué...?
—¡NYYYYYYYYRAAAAAAAAAA!
Sin previo aviso, su voz se escuchó en las afueras de la habitación de Kuroshiro. Era como un eco, sonaba enlatada, aunque su buen oído percibiría semejante sonido casi de inmediato, creciente en intensidad, acercándose. ¿El problema? Es que precedía algo más estruendoso, y es que ni siquiera le dio tiempo a reaccionar.
De un segundo a otro, entre destellos dorados que simbolizaban el uso de su fruta del diablo, y sonidos equivalentes a buenas cantidades de dinamita ejerciendo efecto, la puerta explotó. Salió volando y chocó contra una pared cercana, evitando dañar a la humink o sus pertenencias, dejando su privacidad completamente expuesta y desvelando la silueta del albino entre un polvo que gradualmente iba descendiendo.
Ahí estaba él, portando el uniforme pertinente dentro de la sede del G-39, con un chichón sobresaliendo de sus cabellos albinos y las gafas de sol negras con el cristal resquebrajado. Eso sí, la sonrisa alegre, altanera y egocéntrica que casi siempre vive en sus labios se mantenía intacta, ocultando junto a lo que quedaba de la protección sobre sus ojos las pequeñas lágrimas debido al dolor que emergían en la comisura de sus párpados.
Sí, desactivó la Pika a último momento para estamparse contra la puerta y tumbarla.
¿Por qué? Bueno...
—¡Nyra, Nyra, Nyra! —moviéndose como un niño emocionado por ir a un parque de atracciones, o recibiendo regalo nuevo, con ambos puños a la altura de su pecho y saltitos de un lado a otro, continuó el escándalo —¡Deja lo que estés haciendo! ¡Serás secuestrada por el grandioso Hasegawa Shin! ¡Heredero de la unión entre las familias Hasegawa y Hiroshi! ¡Futuro mejor marine de la historia! ¡Guapo, atractivo, bello! ¡Y...! —cambió de pose, a una digna de los modelos que salían en algunas revistas, ajustándose las gafas rotas y... tratando de obviar el chichón sobresaliente de su cabeza. ¿Crecía con cada segundo? Impresionante.
—¡Guapo! —repitió, como si el golpe lo hubiese dejado más payaso de lo normal. —¿El motivo? —entonces, se quitó las gafas, utilizando su fruta para hacer emerger estrellas de su rostro, enalteciendo la belleza de la cual se jactaba, y revelando, de paso, que lo de la puerta le había dolido.
—Te llevaré a conocer a mi esposa. —dejó caer en completa normalidad esa bomba de información. Con su mano libre, sacó del interior de su uniforme una carta, el papel era refinado, se veía caro, y el interior ya había sido leído por Shin, pero lo que recitaba en el exterior, con la persona que envía la misma firmando como Ichiro, daba las pistas necesarias. El albino fue puesto en aviso de los protocolos a seguir con Sakura tras darse a conocer de su llegada a Matsuri, y aunque leer las palabras escritas en ese trozo de nada todavía lo llenaba de rabia, no se notaba entre tanta payasada.
—¡Has sido debidamente notificada! Cuando te lleve a la residencia que rentaron, ¡no quiero quejas al respecto! —expresó, girándose y saludando con la mano —¡Nos vemos más tarde, Nyyyyyra! —y de nuevo, el brillo dorado rodeando su silueta mientras le daba la espalda y la saludaba de perfil.
Quizás fue por el golpe en su cabeza, pero tardó algunos segundos en tratar de desaparecer. ¿Le alcanzarían a la humink para decir algo? Caso contrario, tendría que salir de su habitación en el G-39 para buscar a Shin en el cuarto de hotel con ciertos lujos que decidió rentar para sí mismo.
Digno de su ostentosa forma de ser.
Let there be light
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
