14-08-2023, 04:22 PM
Día 2 / Año 11 / Primavera ⚟
¿El rey tenía chanchullos? conforme iban sucediendo las cosas es lo que pensé -Con tanto jaleo, hay que aprovechar, el panda parece estar más distraído que los demás- no podía olvidar, entre todo el alboroto de gente corriendo hacia el bosque, que Caló y yo estábamos en plena pelea, bueno yo, por qué el otro ya estaba con sus mierdas de médico empático. No sé como dios me había cruzado en el camino de Khruner, objetivamente si no nos conocieramos el estaría más del lado del panda, la cucaracha y la mujer pescao, que del mío. No quería pensar en eso, por qué me ponía pensativo, ese momento no requería de esas ideas, ameritaba que me centrara en los problemas actuales. Al final era imposible obviar la migración y todos terminamos yendo isla a dentro. Unos cuantos se desperdigaron en casas perdidas por el campo, otros fueron visitando lugares conocidos, pero la mayoría que íbamos perdidos acabamos en mitad del bosque.
— Como se puede complicar todo tanto — Había guardado mi katana, me parecía obsceno ir con ella al aire alrededor de tanto niño. Intenté cruzar miradas con Derya, pero me fue imposible. También era casualidad encontrarla aquí, que todo se girara de esa forma, que pegase a mi puto oso.
Era imposible no escuchar algunos comentarios. Una mujer de cabello pelirrojo, rasgos gruesos, vestido azul y con una niña de no más de tres años en brazos.
— Estoy cansada de esto ... — Cayó al suelo — ¡No puedo más! — Todos los presentes, unas quince personas sin contarnos a los relevantes, la miraron. Varios se aproximaron, pero la mujer estaba desquiciada, como si esto no fuera la primera vez que sucede.
— Deysi déjalo ya, ya sabes que ...
— ¡No! — Le sirvieron una mano, pero la despejó con violencia. — ¿Es que quieres criar a tus hijos así? por que yo no ... — Miró a su hija. — Mi dulce Joe ... Mi niña ... — Los silencios en mitad del bosque eran estremecedores. Nadie respondió a Deysi, todos se sumergieron en un atronador mute que dejó florecer los sonidos ambientales. Gruñidos, siluetas gigantes apostadas en los árboles que no se dejaban ver bien.
La mañana había pasado, ahora tocaba la noche, sin hogar ni resguardo. ¿Dónde íbamos a ir? me preocupaba Khruner, de cumplirse lo que creía, el se vería ampliamente implicado, lo que le implicaría a él también, llevábamos varias semanas en la isla y sabía bien por qué nadie quería meterse en el dichoso bosque de noche. Una de las figuras que danzaban entre los árboles cayó en mitad de la escena. Era un gorila de unos tres metros, repleto de magulladuras por el rostro, sentí empatía con él, que remedio. En su propia caída había aprovechado para sujetar a uno de los niños por el brazo y lo estaba zarandeando, pero todo el mundo estaba en Shock. Cuando intenté sacar la katana e ir hacia él en un improvisado gesto de hermandad, volvió a dar un salto, perdiéndose entre la maleza.
Los gritos de otra madre ahogaron la noche.
— Tenemos que movernos o los siguientes seremos nosotros — Hice espalda con Caló, para cubrirnos mutuamente.
