La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai]
#26
Bai apareció cubierta de sangre, con el horror escarlata —ya coagulado y endurecido por el frío— empapando sus oscuras ropas, adhéndose a la tela como una fina película de piel, revelando sin necesidad de palabras la violenta y amarga lucha que había tenido lugar mientras Zhang no estaba.

En sus brazos aún descansaba el cuerpo inerte de Lenna; las piernas y cabeza de la mink colgaban pesadamente mientras su cabello parecia una cascada por el movimiento del vaivén. Mientras tanto, a la altura de la cadera, ambas armas —la propia y la robada— golpeaban entre sí con un tintineo sordo a cada movimiento.

Y, mientras descendía, resplandor del incendio poco a poco le fue tintando el rostro de tonos anaranjados; sobre la piel marmórea, el sudor y la sangre habían formado la imagen de pequeñas raíces rojizas que descendían desde la frente hasta el cuello.

—¡Zhang! —gritó apenas sus pies tocaron la nieve—. ¿Estás…?

La pregunta murió antes de completarse pues, sus ojos, se desviaron hacia Oliver que le estaba gritando. No entendía qué estaba pasando, de hecho, apenas había logrado entender mucho más que su nombre, sin embargo, lo que sí  atinó fue a ver como el niño corría hacia el fuego.

—¡Oliver, espera! —gritó mientras avanzaba hundiéndose en la nieve y, casi al momento, miró hacia abajo. Todavía llevaba a Lenna consigo.

—Chst… —chistó dejando escapar toda su irritación. A continuación, se arrodilló bruscamente y dejó el cadáver sobre la nieve para luego incorporarse de nuevo.

Por suerte para ella —pues de cualquier otra forma hubiera sido un terrible inconveniente—, todo ocurrío demasiao rápido y su cerebro apenas tuvo tiempo a  procesar que estaba frente a un incendio.

Así pues, centrada únicamente en sacar al niño de allí, avanzó deprisa y lo rodeó por la cintura para apartarlo.

—Oliver, lo siento, pero esto es pelig…

El crujido del edificio interrumpió sus palabras cuando, en algún lugar del interior de la biblioteca una viga cedió ante el ímpetu del fuego.

—...gro —terminó de decir al tielpo que levantabanla vista y el mundo se le venía encima.

En sus ojos el fuego danzó al tiempo que las llamas ascendieron devorando con hambrienta violencia toda la biblioteca, retorciéndose como una bestia bajo el cielo nocturno que busca a su presa. Mientras tanto el aire caliente golpeó ambos rostros y, de inmediato, sus fosas nasales se llenaron de aquel maldito olor. Un olor dulce, espeso e inconfundible que tenía grabado en la memoria.

Entonces, sus pupilas se dilataron mostrando que su cerebro lo había reconocido antes incluso de que ella pudiera entenderlo.

Era el olor a la carne quemándose.

Con el corazón latiéndo la fuerza de una máquinande vapor, su realidad vaciló. De pronto ya no estaba allí sino en casa,  rodeada de fuego y agónicos gritos tan distantes como cercanos.

Bai endureció el agarre sobre Oliver.

Escuchó en su cerebro el sonido de  personas llorando y el rugido del fuego tragándose las voces humanas hasta convertirlas en alaridos deformes.

Bai volvió a apretar al niño contra ella; sus dedos se clavaron contra el cuerpo del joven mientras sus piernas temblaban violentamente, rígidas e incapaces de decidir si correr o derrumbarse allí mismo.

—No… no, no… —murmuró mientras sentía a la nieve desaparecer bajo sus pies.

Retrocedió y es que, pese a que aterrorizada logró dar un paso diminuti hacia atrás. Luego dio otro. Parecía un animal aterrorizado intentando apartarse de una trampa mortal.

¡Bam!

El fuego estalló frente a ella y, como un escupitajo, lamió el aire quemando sus rostros con su calor.

Bai se llevó una mano al rostro, cubriéndose parcialmente la cara mientras sentía una brutal sacudida en su interior que le comprimía la garganta y le robaba el aire.

—¿Po… por qué ahora…? —Se preguntó sin dejar de escuchar aquellos gritos y voces.

Y así se quedó hasta que el niño comenzó prácticamente a asfixiarse entre sus brazos.

Entonces, Bai bajó la mirada sólo para verlo batallar con la presión que le estaba ejerciendo en el abdomen y, sin pretenderlo su propia respiración se quebró.

Le estaba haciendo mucho daño...

Retrocedió un paso, todavía atrapada en aquella lúcida pesadilla, debatiéndose con su cuerpo que le gritaba que reaccionara. El mismo que, habiéndo conseguido apenas reaccionar por un segundo  soltó al niño de golpe.

Sin emabargo ella no podía huir. Tenía el cuerpo demasiado rígido y los ojos clavados en las llamas como hacer nada más que dar pequeños pasos hacia atrás.

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Bai Mudan
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RE: La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai] - por Bai Mudan - 27-05-2026, 12:54 AM

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