27-05-2026, 07:35 AM
No sabía que estaba pasando pero me quedé totalmente inmóvil cuando sentí que mis pies dejaron de tocar el suelo a motivo de que desde atrás, Alex me alzó cuál minino llevado por su madre. Mis ojos azules mostraron una mezcla de sorpresa como de desconcierto en lo que mi cuerpo quedaba colgado con total facilidad entre los dedos de Alex, sin comprender del todo cómo algo tan simple para él podía sentirse tan extraño para ella, y en ese breve instante mi mente aún intentaba procesar si aquello era parte de una decisión consciente o simplemente lo hizo porque eso dí entender con mis señas.
Me colocó sobre su palma misma para posteriormente comenzar a elevarse, inmediatamente ante las turbulencias de sus propios movimientos, sin pensarlo, me aferré con fuerza al dedo índice de su mano, abrazándolo por completo como si fuera él único punto seguro en medio de aquel lugar que era su mano misma, encogí mi cuerpo con cierta cautela a tal manera que podrían confundirme como un anillo blanco, mantuve mis ojos cerrados los primeros segundos, no por dolor ni por verdadero miedo, sino por la necesidad de estabilizarme emocionalmente ante una perspectiva completamente nueva para mí, una en la que el suelo ya no era algo cercano ni garantizado, sino una escalada cuál ascensor de maquinaria.
Fue entonces cuando escuché mi nombre pronunciado con esa calma firme que Alex suele tener incluso en los momentos más extraños, y ese simple sonido fue suficiente para cambiar el ritmo de mi ansiedad, haciendo que poco a poco mi agarre se aflojó y mi cuerpo dejó de tensarse tanto, abrí mis ojos con cautela, permitiéndome finalmente mirar lo que antes estaba evitando ver por instante, y encontré una imagen tan hermosa que fue capaz de robarme el aliento, era Baquella, pero desde las alturas. El bosque era sólo una extensión verde cual mancha ondulada con el viento, la costa aparecía tan cerca y el mar seguía siendo igual de inmenso interminable.
Para Alex seguramente esa imagen era algo cotidiano de ver, casi como caminar entre arbustos pero para mí era otra cosa completamente distinta, una revelación de una escala que jamás imaginé fuera posible, era fascinación pura lo que mi rostro mostraba, una sonrisa de oreja a oreja que no intentaba disimular nada, con cuidado giré mi cuerpo hacia su rostro, quedando cómodamente sentada para sonreirle con alegría desbordada, y sin necesidad de decir algo, señalé ahora hacia el puerto, dejando claro con ese gesto simple que moverse hacia allí podría ser una maravillosa idea. ¿Cómo sería viajar en gigante?
Me colocó sobre su palma misma para posteriormente comenzar a elevarse, inmediatamente ante las turbulencias de sus propios movimientos, sin pensarlo, me aferré con fuerza al dedo índice de su mano, abrazándolo por completo como si fuera él único punto seguro en medio de aquel lugar que era su mano misma, encogí mi cuerpo con cierta cautela a tal manera que podrían confundirme como un anillo blanco, mantuve mis ojos cerrados los primeros segundos, no por dolor ni por verdadero miedo, sino por la necesidad de estabilizarme emocionalmente ante una perspectiva completamente nueva para mí, una en la que el suelo ya no era algo cercano ni garantizado, sino una escalada cuál ascensor de maquinaria.
Fue entonces cuando escuché mi nombre pronunciado con esa calma firme que Alex suele tener incluso en los momentos más extraños, y ese simple sonido fue suficiente para cambiar el ritmo de mi ansiedad, haciendo que poco a poco mi agarre se aflojó y mi cuerpo dejó de tensarse tanto, abrí mis ojos con cautela, permitiéndome finalmente mirar lo que antes estaba evitando ver por instante, y encontré una imagen tan hermosa que fue capaz de robarme el aliento, era Baquella, pero desde las alturas. El bosque era sólo una extensión verde cual mancha ondulada con el viento, la costa aparecía tan cerca y el mar seguía siendo igual de inmenso interminable.
Para Alex seguramente esa imagen era algo cotidiano de ver, casi como caminar entre arbustos pero para mí era otra cosa completamente distinta, una revelación de una escala que jamás imaginé fuera posible, era fascinación pura lo que mi rostro mostraba, una sonrisa de oreja a oreja que no intentaba disimular nada, con cuidado giré mi cuerpo hacia su rostro, quedando cómodamente sentada para sonreirle con alegría desbordada, y sin necesidad de decir algo, señalé ahora hacia el puerto, dejando claro con ese gesto simple que moverse hacia allí podría ser una maravillosa idea. ¿Cómo sería viajar en gigante?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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