27-05-2026, 08:37 PM
(Última modificación: 27-05-2026, 08:53 PM por Choi Hae-won.)
El entusiasmo de las personas ante la idea de nuevas aventuras puede ser abrumador. Mi estimado lector: esto es una locura en sí misma. Lo más divertido de todo aquello es que, independientemente de la desconfianza que gobierna su mente en situaciones donde reina la sospecha y el peso de la incertidumbre parece entretejer un entramado de ideas poco alentadoras, hay siempre un alma risueña capaz de divertir a las personas más amargadas con el fin de traer un par de risas.
Nyra, para Hae-won, es ese tipo de persona: alegre y risueña, capaz de mantenerse dentro de los ideales aún si eso la lleva a realizar acciones altamente contradictorias y malinterpretables. Es la emoción de sentirse una princesa de cuento lo que la obliga a mirarla. Hae-won podría sentirse de igual manera: una princesa en medio de un cuento de hadas, sin embargo, esta vez optaría por adoptar el papel de princesa guerrera, como esos personajes de cuento que siempre leía en sus ratos libres y que ahora descansan en altamar, junto al Tempestad y sus secretos.
No pasaron desapercibidas para Hae-won las miradas aceradas y las palabras no dichas de su actual capitán de división: algo huele raro allí. Ella piensa exactamente igual. Como una dama que pone la desconfianza delante ante ciertas situaciones, no puede negar que esa vocecilla de la que a veces reniega parece susurrarle al oído que las cosas no son tan glamorosas y que no todo lo que brilla es oro. Aún así, conoce lo suficiente de riquezas gracias a las instrucciones comerciales de sus progenitores, y sabe a ciencia cierta que el evento al que irán exige una altura, un caché, un comportamiento y un trato.
Sin embargo, le parece una falta total de respeto que no se haya entregado la invitación al capitán de la división. Eso activa una alarma seria: el anfitrión no ha leído los periódicos ni está enterado de las noticias más recientes. La conclusión para alguien que tiene el pensamiento a mil casi todo el tiempo, es que esta situación no augura nada bueno. El hecho de que no pueda llevar a Panaberto, su pequeño Den Den, al interior de la fiesta… tampoco le hace gracia.
Hae-won odia las cosas complicadas, pero tener a una señorita Kuroshiro capaz de arrastrarla por tiendas y restaurantes para analizar comportamientos, y un Dimitri que le sugiere una combinación que le permite descartar las muchas opciones barajadas en la mente, hace que todo sea más sencillo. ¡Debe admitir que las ideas de Nyra pueden ser descabelladas en muchos sentidos! Mira que tratar de engatusar —aunque se nota a leguas que no es realmente su intención— a un camarero para poder recibir instrucción acerca de modales en la mesa es arriesgado, pero funcional y altamente útil.
Choi puede dar testimonio de la cantidad de carcajadas que se tuvo que contener durante todo el proceso de preparación para la fiesta. El brillo en los ojos de su compañera es ligeramente contagioso. Toma la actitud con cautela, pensando que, por una vez, no estaría mal presumir algo de la belleza limitada que tiene sobre sí misma.
Al ponerse el vestido, se siente una con el dorado y el marfil que destacan el brillo de sus ojos. El maquillaje suave y las uñas preparadas también le confieren ese toque de clase que tanto quiere reflejar. Dicen que la mejor forma de pasar desapercibido, para alguien que está obligado a brillar por los códigos de etiqueta, es ser una de las estrellas más brillantes del cielo que se abre en ese momento. Ella tiene que ser Hae-won en ese baile, no la soldado Choi que forma parte de la división setenta y cinco.
Aún así, sabe que el aroma natural de la vainilla, adherido a su piel por defecto, no la abandona. No se molesta en cambiar el perfume a la hora de buscar otra fragancia, porque ese no deja de gustarle.
Admira las preparaciones de Omuyaga, y el carruaje elegante que los transportaría a destino realza la elegancia que buscan mantener. Al igual que Nyra, Kael sabe cómo destacar sus virtudes a la hora de elegir un atuendo. Sin embargo, su atención real está puesta en quien sería su escolta y pareja aquella noche. La sonrisa que le regala está cargada de ese cariño que le tiene y no ha dejado de crecer desde que oficializaron su relación. Llevan un mes juntos, algo que ella no deja de agradecer cada vez que lo ve.
Cuando toma su mano para subir al carruaje, presiona con un poquito más de fuerza los dedos ajenos. Cómoda dentro del transporte, parte a destino junto a sus compañeros a la hora acordada. Por supuesto, Panaberto está asegurado en un pequeño bolso de mano que lleva como accesorio para transportarlo.
***
Antes de bajar, se asegura de acomodar un mechón de su cabello tras la oreja con el fin de retocar un par de mechones que hayan salido de su lugar. Ayudada por Dimitri para bajar, puede sentir cómo las miradas se dirigen hacia ellos. Es la perfecta fachada para personas como ellos. Su porte, la espalda erguida y el sostenerse del brazo de su pareja le permiten mantener la clase y el estilo. Su vestido, vaporoso y delicado, va a juego con las joyas que adornan sus muñecas y los bellos zapatos de taco medio que decidió llevar con el fin de realzar un poquito su altura. Al lado del resto de sus acompañantes, se nota la diferencia.
Aún así, haría uso y gracia de sus virtudes. La máscara que adorna sus facciones, de hermoso diseño, le aporta la seguridad necesaria para lidiar con la presión de las personas que puedan observarla.
Caminando con su pareja en dirección a Hasegawa, y sin hacer mención de palabra, ella solo se mantiene quieta, observando de reojo a sus compañeros para dibujar una sonrisa al admirarlos. Agradece el tiempo que ha pasado con Nyra para prepararse para este momento. Espera que el baile sea divertido en el tiempo que logren disfrutarlo, antes de que alguna alarma se levante o el brillo de las estrellas muestre qué tan cercanas están de estallar.
Seguirle el juego a Shin es bastante sencillo. Se nota que tiene conocimiento de tratos nobles y toda esa clara parafernalia de la que muchos se jactan y pocos desean despegarse. Observa a su alrededor con cuidado; busca captar alguna palabra de interés de la que tirar con su oído privilegiado, a la espera de comentarios variados y, para qué negarlo, chismes también.
Por ahora, se limitaría a observar, con el peso de un pasado colgado de su cuello, oculto entre ropajes para evitar desentonar con sus atavíos de princesa guerrera.
Nyra, para Hae-won, es ese tipo de persona: alegre y risueña, capaz de mantenerse dentro de los ideales aún si eso la lleva a realizar acciones altamente contradictorias y malinterpretables. Es la emoción de sentirse una princesa de cuento lo que la obliga a mirarla. Hae-won podría sentirse de igual manera: una princesa en medio de un cuento de hadas, sin embargo, esta vez optaría por adoptar el papel de princesa guerrera, como esos personajes de cuento que siempre leía en sus ratos libres y que ahora descansan en altamar, junto al Tempestad y sus secretos.
No pasaron desapercibidas para Hae-won las miradas aceradas y las palabras no dichas de su actual capitán de división: algo huele raro allí. Ella piensa exactamente igual. Como una dama que pone la desconfianza delante ante ciertas situaciones, no puede negar que esa vocecilla de la que a veces reniega parece susurrarle al oído que las cosas no son tan glamorosas y que no todo lo que brilla es oro. Aún así, conoce lo suficiente de riquezas gracias a las instrucciones comerciales de sus progenitores, y sabe a ciencia cierta que el evento al que irán exige una altura, un caché, un comportamiento y un trato.
Sin embargo, le parece una falta total de respeto que no se haya entregado la invitación al capitán de la división. Eso activa una alarma seria: el anfitrión no ha leído los periódicos ni está enterado de las noticias más recientes. La conclusión para alguien que tiene el pensamiento a mil casi todo el tiempo, es que esta situación no augura nada bueno. El hecho de que no pueda llevar a Panaberto, su pequeño Den Den, al interior de la fiesta… tampoco le hace gracia.
Hae-won odia las cosas complicadas, pero tener a una señorita Kuroshiro capaz de arrastrarla por tiendas y restaurantes para analizar comportamientos, y un Dimitri que le sugiere una combinación que le permite descartar las muchas opciones barajadas en la mente, hace que todo sea más sencillo. ¡Debe admitir que las ideas de Nyra pueden ser descabelladas en muchos sentidos! Mira que tratar de engatusar —aunque se nota a leguas que no es realmente su intención— a un camarero para poder recibir instrucción acerca de modales en la mesa es arriesgado, pero funcional y altamente útil.
Choi puede dar testimonio de la cantidad de carcajadas que se tuvo que contener durante todo el proceso de preparación para la fiesta. El brillo en los ojos de su compañera es ligeramente contagioso. Toma la actitud con cautela, pensando que, por una vez, no estaría mal presumir algo de la belleza limitada que tiene sobre sí misma.
Al ponerse el vestido, se siente una con el dorado y el marfil que destacan el brillo de sus ojos. El maquillaje suave y las uñas preparadas también le confieren ese toque de clase que tanto quiere reflejar. Dicen que la mejor forma de pasar desapercibido, para alguien que está obligado a brillar por los códigos de etiqueta, es ser una de las estrellas más brillantes del cielo que se abre en ese momento. Ella tiene que ser Hae-won en ese baile, no la soldado Choi que forma parte de la división setenta y cinco.
Aún así, sabe que el aroma natural de la vainilla, adherido a su piel por defecto, no la abandona. No se molesta en cambiar el perfume a la hora de buscar otra fragancia, porque ese no deja de gustarle.
Admira las preparaciones de Omuyaga, y el carruaje elegante que los transportaría a destino realza la elegancia que buscan mantener. Al igual que Nyra, Kael sabe cómo destacar sus virtudes a la hora de elegir un atuendo. Sin embargo, su atención real está puesta en quien sería su escolta y pareja aquella noche. La sonrisa que le regala está cargada de ese cariño que le tiene y no ha dejado de crecer desde que oficializaron su relación. Llevan un mes juntos, algo que ella no deja de agradecer cada vez que lo ve.
Cuando toma su mano para subir al carruaje, presiona con un poquito más de fuerza los dedos ajenos. Cómoda dentro del transporte, parte a destino junto a sus compañeros a la hora acordada. Por supuesto, Panaberto está asegurado en un pequeño bolso de mano que lleva como accesorio para transportarlo.
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Antes de bajar, se asegura de acomodar un mechón de su cabello tras la oreja con el fin de retocar un par de mechones que hayan salido de su lugar. Ayudada por Dimitri para bajar, puede sentir cómo las miradas se dirigen hacia ellos. Es la perfecta fachada para personas como ellos. Su porte, la espalda erguida y el sostenerse del brazo de su pareja le permiten mantener la clase y el estilo. Su vestido, vaporoso y delicado, va a juego con las joyas que adornan sus muñecas y los bellos zapatos de taco medio que decidió llevar con el fin de realzar un poquito su altura. Al lado del resto de sus acompañantes, se nota la diferencia.
Aún así, haría uso y gracia de sus virtudes. La máscara que adorna sus facciones, de hermoso diseño, le aporta la seguridad necesaria para lidiar con la presión de las personas que puedan observarla.
Caminando con su pareja en dirección a Hasegawa, y sin hacer mención de palabra, ella solo se mantiene quieta, observando de reojo a sus compañeros para dibujar una sonrisa al admirarlos. Agradece el tiempo que ha pasado con Nyra para prepararse para este momento. Espera que el baile sea divertido en el tiempo que logren disfrutarlo, antes de que alguna alarma se levante o el brillo de las estrellas muestre qué tan cercanas están de estallar.
Seguirle el juego a Shin es bastante sencillo. Se nota que tiene conocimiento de tratos nobles y toda esa clara parafernalia de la que muchos se jactan y pocos desean despegarse. Observa a su alrededor con cuidado; busca captar alguna palabra de interés de la que tirar con su oído privilegiado, a la espera de comentarios variados y, para qué negarlo, chismes también.
Por ahora, se limitaría a observar, con el peso de un pasado colgado de su cuello, oculto entre ropajes para evitar desentonar con sus atavíos de princesa guerrera.
Las crónicas de la princesa guerrera
