27-05-2026, 10:52 PM
Mi propósito inicial, huelga decirlo, había sido el de sonsacarles a aquellos tres especímenes tabernarios la información justa para calibrar si la empresa merecía arriesgar mis valiosas escamas y, acto seguido, poner pies en polvorosa antes de que trajeran la cuenta de la ronda que me había comprometido a abonar.
Sin embargo, por desgracia para quien humildemente suscribe, el ambiente de la tasca distaba mucho de ser animado. Reinaba un silencio tan espeso que, y no exagero lo más mínimo, podía oír perfectamente el incesante frota que te frota del paño con que el tabernero abrillantaba aquel condenado vaso de tubo como si estuviera puliéndomelo en el opérculo. De modo que tuve que invertir mucho más tiempo del esperado y compartir con ellos bastantes más jarras de las que mi escuálido peculio podía permitirse antes de que a aquellos tres empezaran a aflojárseles las lenguas.
Así, a base de muchísima paciencia, conseguí colegir que aquellos tres fulanos, en realidad, tampoco sabían gran cosa. El que aparentaba más años aseguró que se trataba de una banda organizada, aunque no pudo ofrecerme más detalles; el más callado, por su parte, apuntó que acostumbraban a cometer sus fechorías a últimas horas del atardecer o primeras de la noche. Y los tres coincidieron en que el grueso de los ataques se concentraba en la zona este del campamento.
¡Ah! Y un último detalle, nada desdeñable, y es que pese a tener acogotada con sus tropelías a la totalidad de la vecindad campamentada, la recompensa que se ofrecía a quien tuviera a bien poner orden en aquel desaguisado ascendía a la astronómica suma de... cero coma cero cero berries.
![[Imagen: I4RxFjLM_o.png]](https://images2.imgbox.com/c9/d9/I4RxFjLM_o.png)
—TaaCaa... ¡Hip! ¡TaacAÑos SON, coño!
Cuando me quise dar cuenta, un manto de jarras de cristal vacías ocupaba media mesa.
¡Maldita sea! ¿Cuántas cervezas me había tomado ya?
Total, que al final ni había buscado un sitio donde hospedarme, ni trabajo, ni nada de nada. Había vuelto a perder el día bebiendo con aquellos buenos samaritanos.
Llegados a ese punto, advertí que, a juzgar por la escasa luz que se colaba por los ventanucos, ya se me estaba haciendo tarde. Así que, maldiciendo internamente mi afición a los fermentos cebadáceos, me despedí del trío con un par de palmadas en la espalda y el solemne juramento de que volveríamos a brindar cualquier día de estos y enfilé hacia la salida, haciendo zigzag durante los cinco metros que me separaban de la puerta, mientras me repetía a mí mismo que un servidor no estaba para meterse en líos ajenos cuando de aquel entuerto no podía sacarse ni un mísero berri. Bastante tenía ya con los míos propios.
Decidí que buscaría un banco. ¡Cualquiera bajo un soportal! Y dormiría hasta mañana, que ya sería otro día.
—Al este... niii... ¡hip! asomarse —mascullaba, mientras avanzaba a tientas por callejuelas para mí desconocidas, en busca de un escaño decente bajo el que dejar caer mi magra anatomía hasta el alba—. Al este están eso malditos maleantes. Y un servidor, no. No, oigan. Y también debo ev... evitar los rincones oscuros... ¡vade retro, oscuridááá!
Entretanto, completamente ajeno a la geografía del campamento, dirigía mis pasos, justo...
justo...
justo...
justo... hacia el confín oriental del asentamiento.
Abrir — No bélico
