28-05-2026, 07:31 AM
(Última modificación: 28-05-2026, 08:56 AM por Hasegawa Shin.)
No había ignorado la presencia del soldado St. George en el pasillo. Incluso yendo a esas velocidades absurdas su percepción de lo que no lo supera en reflejos naturales lo ayuda a detectar correctamente el entorno, caso contrario se estamparía contra todo, exactamente como acababa de hacer con la puerta, salvo que en esos escenarios sería de manera involuntaria.
Hasegawa no esperaba para nada lo que sucedería tras literalmente destrozar la entrada a la habitación de Kuroshiro, y justo al instante en que se dio la vuelta sintió el sonido del cuerpo contrario impactando contra el suelo.
No se volteó ni escuchándola exclamar su nombre, porque algo en su interior le decía que a lo mejor recibiría reclamos por la puerta asesinada, y no estaba para esa tarea. Al menos hasta que de la nada sus piernas sintieron el peso de Nyra aferrándose a ellas, con lo cual el albino decidió volverse tangible únicamente porque le hacía gracia la escena, de esa forma intentaba seguir caminando, simulando imposibilidad de largarse de allí a la par que trataba de no hacer contacto visual —¡DeeeejaaaaMEEEE! —el griterío seguía vigente, estaban armando un escándalo de lo más particular.
¿Su chichón? Desaparecido. Lo hizo un mago.
Justo cuando estuvo a punto de girarse a Kuroshiro con el afán de hacer alguna broma y ponerla en contexto, frente a él y tapando la única salida a su libertad, junto a la posibilidad de desligarse por completo de los gastos que representaría el inmueble destrozado, apareció Dimitri, parpadeando varias veces antes de siquiera emitir palabra alguna. No podía negar que la humink aferrada a su pantalón, desparramada en el suelo y gritando era una escena de lo más... curiosa, y en una faceta que no esperaba para nada, emergió el desconocido humor del castaño, haciendo sonreír a Shin.
¿Un hotel? Impresionante, junto a la petición de Nyra la respuesta a un George en salida le venía como anillo al dedo —¡Geooooorgy! ¿Qué comes que adivinas? ¡Justo iba a llevarla al hotel donde me hospedo! —por si no fuera poco, se colocó ambas manos a los laterales de su boca para "amplificar" su voz —¡Sí! ¡Nyra y yo en un hotel! ¡Solos! —siguió gritando, observando entonces a la chica aferrada a su pantalón en el suelo con una sonrisa, sacando la punta de su lengua entre los labios.
Súbitamente recordó algo.
—¡Y Georgy! ¡Dile a esa cosa que llamas novia que venga a reparar la puerta de Nyri! —y asumiendo que no volvería a aparecer por x o y, finalmente se centró en Kuroshiro. Siguiera o no en el mismo sitio, Hasegawa haría contacto visual con la chica, portando una enorme sonrisa, más divertida de lo que estaría dispuesto a admitir.
—Así que la inconquistable Nyra Kuroshiro finalmente está a mis pies... —se acomoda el cabello, quitándose las gafas y guardándolas en el interior de su uniforme. Ya no había chichón, ni lágrimas, los ojos cerúleos de Shin brillaban con una energía magnética, como cuando genuinamente quiere seducir a alguien, aunque considerando el historial, ella detectaría que estaba bromeando —Siempre supe que tú ibas a enamorarte primero, pequeña Nyri. —se reposicionó, dándole la espalda y alzando los brazos al techo.
—¡Nyra Hasegawa! Tiene impacto. —juntó ambas palmas y las extendió al mencionar su nombre, imaginándolo. Y fue cuando se dio la vuelta que finalmente rompió el personaje de galán irresistible, riendo mientras le guiñaba un ojo —¡Lástima que te ganaron el puesto! —un destello, y...
Desapareció.
El detalle, es que no se fue de la habitación. Fue tan rápido que Kuroshiro no pudo apreciar el momento en que, sin permiso, se sentó en el borde de su cama, empapándola de su esencia a perfumes carísimos —Así que quieres saber más... —asintió un par de veces, inclinándose hacia delante, apoyando el codo en su muslo y el mentón en la palma de la mano diestra. —Es mucha información, ¿tienes el día libre? No mentí cuando dije que te llevaría al hotel. —contrario a lo que podría parecer, habían motivos de peso. Era uno de lujo, y allí su habitación era de lo más espaciosa para desplegar lo que necesitaba, una buena puesta en escena donde enseñarle lo que pedía aprovechando que había terminado su guardia matutina.
Su sonrisa era cómplice, aún y si había hecho la tarde de la chica un completo caos con su repentina aparición, ¿se le podía culpar? Le dejaron todo en bandeja de plata, y nunca se identificó como alguien que desperdicie las oportunidades.
Además, veía a los ojos a la única persona capaz de meterse en ese mundo de mentiras, máscaras y dogmas agobiantes sin añadir una presión adicional a la eterna masa de frustración que representa para él pensar en ellos. Quería molestar a su padre llevándola, sí, pero no quitaba que por más que lo pensara, no se veía junto a nadie más en esa reunión, liberándolo un poco de la tensión ejercida con aquel matrimonio arreglado, y devolviendo un golpe social al formalismo de ambos clanes.
Hasegawa no esperaba para nada lo que sucedería tras literalmente destrozar la entrada a la habitación de Kuroshiro, y justo al instante en que se dio la vuelta sintió el sonido del cuerpo contrario impactando contra el suelo.
No se volteó ni escuchándola exclamar su nombre, porque algo en su interior le decía que a lo mejor recibiría reclamos por la puerta asesinada, y no estaba para esa tarea. Al menos hasta que de la nada sus piernas sintieron el peso de Nyra aferrándose a ellas, con lo cual el albino decidió volverse tangible únicamente porque le hacía gracia la escena, de esa forma intentaba seguir caminando, simulando imposibilidad de largarse de allí a la par que trataba de no hacer contacto visual —¡DeeeejaaaaMEEEE! —el griterío seguía vigente, estaban armando un escándalo de lo más particular.
¿Su chichón? Desaparecido. Lo hizo un mago.
Justo cuando estuvo a punto de girarse a Kuroshiro con el afán de hacer alguna broma y ponerla en contexto, frente a él y tapando la única salida a su libertad, junto a la posibilidad de desligarse por completo de los gastos que representaría el inmueble destrozado, apareció Dimitri, parpadeando varias veces antes de siquiera emitir palabra alguna. No podía negar que la humink aferrada a su pantalón, desparramada en el suelo y gritando era una escena de lo más... curiosa, y en una faceta que no esperaba para nada, emergió el desconocido humor del castaño, haciendo sonreír a Shin.
¿Un hotel? Impresionante, junto a la petición de Nyra la respuesta a un George en salida le venía como anillo al dedo —¡Geooooorgy! ¿Qué comes que adivinas? ¡Justo iba a llevarla al hotel donde me hospedo! —por si no fuera poco, se colocó ambas manos a los laterales de su boca para "amplificar" su voz —¡Sí! ¡Nyra y yo en un hotel! ¡Solos! —siguió gritando, observando entonces a la chica aferrada a su pantalón en el suelo con una sonrisa, sacando la punta de su lengua entre los labios.
Súbitamente recordó algo.
—¡Y Georgy! ¡Dile a esa cosa que llamas novia que venga a reparar la puerta de Nyri! —y asumiendo que no volvería a aparecer por x o y, finalmente se centró en Kuroshiro. Siguiera o no en el mismo sitio, Hasegawa haría contacto visual con la chica, portando una enorme sonrisa, más divertida de lo que estaría dispuesto a admitir.
—Así que la inconquistable Nyra Kuroshiro finalmente está a mis pies... —se acomoda el cabello, quitándose las gafas y guardándolas en el interior de su uniforme. Ya no había chichón, ni lágrimas, los ojos cerúleos de Shin brillaban con una energía magnética, como cuando genuinamente quiere seducir a alguien, aunque considerando el historial, ella detectaría que estaba bromeando —Siempre supe que tú ibas a enamorarte primero, pequeña Nyri. —se reposicionó, dándole la espalda y alzando los brazos al techo.
—¡Nyra Hasegawa! Tiene impacto. —juntó ambas palmas y las extendió al mencionar su nombre, imaginándolo. Y fue cuando se dio la vuelta que finalmente rompió el personaje de galán irresistible, riendo mientras le guiñaba un ojo —¡Lástima que te ganaron el puesto! —un destello, y...
Desapareció.
El detalle, es que no se fue de la habitación. Fue tan rápido que Kuroshiro no pudo apreciar el momento en que, sin permiso, se sentó en el borde de su cama, empapándola de su esencia a perfumes carísimos —Así que quieres saber más... —asintió un par de veces, inclinándose hacia delante, apoyando el codo en su muslo y el mentón en la palma de la mano diestra. —Es mucha información, ¿tienes el día libre? No mentí cuando dije que te llevaría al hotel. —contrario a lo que podría parecer, habían motivos de peso. Era uno de lujo, y allí su habitación era de lo más espaciosa para desplegar lo que necesitaba, una buena puesta en escena donde enseñarle lo que pedía aprovechando que había terminado su guardia matutina.
Su sonrisa era cómplice, aún y si había hecho la tarde de la chica un completo caos con su repentina aparición, ¿se le podía culpar? Le dejaron todo en bandeja de plata, y nunca se identificó como alguien que desperdicie las oportunidades.
Además, veía a los ojos a la única persona capaz de meterse en ese mundo de mentiras, máscaras y dogmas agobiantes sin añadir una presión adicional a la eterna masa de frustración que representa para él pensar en ellos. Quería molestar a su padre llevándola, sí, pero no quitaba que por más que lo pensara, no se veía junto a nadie más en esa reunión, liberándolo un poco de la tensión ejercida con aquel matrimonio arreglado, y devolviendo un golpe social al formalismo de ambos clanes.
Let there be light
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