28-05-2026, 08:50 PM
Su ataque había surtido efecto y, luego de volver a su forma, observó al hombre alado caer al suelo rendido. Zhang continuaba jadeando; cada segundo que pasaba hacía aquel combate mucho más difícil.
Pero, de pronto, las palabras del pequeño trajeron la verdad a la biblioteca. Kai, quien hasta entonces se había encargado de atacarlo, parecía que todo el tiempo había sido una especie de aliado. Zhang apretó el puño con fuerza; todo había sido en vano.
El fuego se extendía, y a su alrededor el humo oscuro y el vapor dificultaban el paso. Ambos corrieron hasta su posición, buscando aquel elevador para ir a ayudar a su capitana. Pero no fue de ese modo.
El edificio sobre ellos comenzó a ceder ante la fuerza del incendio, y grandes rocas comenzaron a caer sobre Oliver. Zhang intentó moverse, pero su cuerpo cansado no respondió a tiempo.
Fue Kai quien, con aquella destreza en sus manos, lanzó al pequeño fuera del peligro. Zhang dio un salto intentando evadir las rocas y, aunque parte de ellas habían logrado golpearlo, su cuerpo intangible lo había salvado.
Los gritos de Oliver eran muy fuertes. Zhang permanecía debajo de algunos de los escombros, pero poco a poco comenzó a recomponerse mientras observaba lo sucedido; el olor a sangre invadió el lugar y de las ropas de Kai comenzó a emanar un río escarlata.
Kai posiblemente estaba muerto; aquel sin duda no era su día. Zhang permaneció en silencio en señal de respeto hacia aquel guerrero que había dado la vida por un pequeño.
Zhang no veía muy bien, y aquel entorno abrumador no lo hacía nada fácil. Tardó unos segundos en darse cuenta de que Bai había llegado junto al cuerpo de una mink, seguramente la tal Leena.
El rostro de su capitana y la forma en la que se comportaba eran síntomas de algo grave. Al final, Zhang era un médico y entendía cuándo sus pacientes necesitaban ayuda.
Zhang se acercó a ellos y, junto a Bai, intentó acompañarla. —Bai, Bai, ¿estás bien? Te he estado marcando... —le dijo, pero ella permanecía atónita por su trauma.
A su espalda, el fuego comenzó a crecer. Tenía que hacer algo al respecto, pero se encontraba agotado. Zhang, transformado en nieve, comenzó a desplegar una densa ventisca, proyectando ráfagas gélidas contra las paredes ardientes en un último esfuerzo por sofocar el avance del incendio.
Fue en ese preciso instante cuando el eco de pasos y el crujido de madera sono acercándose. El Gran Paca acababa de irrumpir en los terrenos de la biblioteca, escoltando la carreta del hombre que les había contratado. La caravana finalmente había llegado al lugar, deteniéndose frente al caos de fuego, nieve y escombros.
Pero, de pronto, las palabras del pequeño trajeron la verdad a la biblioteca. Kai, quien hasta entonces se había encargado de atacarlo, parecía que todo el tiempo había sido una especie de aliado. Zhang apretó el puño con fuerza; todo había sido en vano.
El fuego se extendía, y a su alrededor el humo oscuro y el vapor dificultaban el paso. Ambos corrieron hasta su posición, buscando aquel elevador para ir a ayudar a su capitana. Pero no fue de ese modo.
El edificio sobre ellos comenzó a ceder ante la fuerza del incendio, y grandes rocas comenzaron a caer sobre Oliver. Zhang intentó moverse, pero su cuerpo cansado no respondió a tiempo.
Fue Kai quien, con aquella destreza en sus manos, lanzó al pequeño fuera del peligro. Zhang dio un salto intentando evadir las rocas y, aunque parte de ellas habían logrado golpearlo, su cuerpo intangible lo había salvado.
Los gritos de Oliver eran muy fuertes. Zhang permanecía debajo de algunos de los escombros, pero poco a poco comenzó a recomponerse mientras observaba lo sucedido; el olor a sangre invadió el lugar y de las ropas de Kai comenzó a emanar un río escarlata.
Kai posiblemente estaba muerto; aquel sin duda no era su día. Zhang permaneció en silencio en señal de respeto hacia aquel guerrero que había dado la vida por un pequeño.
Zhang no veía muy bien, y aquel entorno abrumador no lo hacía nada fácil. Tardó unos segundos en darse cuenta de que Bai había llegado junto al cuerpo de una mink, seguramente la tal Leena.
El rostro de su capitana y la forma en la que se comportaba eran síntomas de algo grave. Al final, Zhang era un médico y entendía cuándo sus pacientes necesitaban ayuda.
Zhang se acercó a ellos y, junto a Bai, intentó acompañarla. —Bai, Bai, ¿estás bien? Te he estado marcando... —le dijo, pero ella permanecía atónita por su trauma.
A su espalda, el fuego comenzó a crecer. Tenía que hacer algo al respecto, pero se encontraba agotado. Zhang, transformado en nieve, comenzó a desplegar una densa ventisca, proyectando ráfagas gélidas contra las paredes ardientes en un último esfuerzo por sofocar el avance del incendio.
Fue en ese preciso instante cuando el eco de pasos y el crujido de madera sono acercándose. El Gran Paca acababa de irrumpir en los terrenos de la biblioteca, escoltando la carreta del hombre que les había contratado. La caravana finalmente había llegado al lugar, deteniéndose frente al caos de fuego, nieve y escombros.
Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
