[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#10
Stroud y Kibai eran hábiles sin duda, y sus maniobras coordinadas dieron resultado en un inicio. Los Lapahn se abalanzaron sobre ellos como una marea, y aunque el dúo de marines se las arregló para contener la primera ofensiva y conducir a sus enemigos hacia una zona más estrecha donde sus números no significasen tanto como a pleno campo abierto, aquellas bestias imponían un ritmo que, como el propio mink había predicho, acabó por abrumarles.

El primer golpe llegó casi por accidente. Las hojas de sus espadas se trabaron un segundo de más en el cuerpo de uno de los enormes Lapahn, tal vez por haber golpeado una costilla, o quizás por la contracción muscular propia de un estertor, pero aquel instante extra que tardó Kibai en recuperar su postura fue suficiente para que otro de los animales se le echase encima. Las garras rajaron el costado del mink, abriendo cuatro surcos en el uniforme que no tardaron en sangrar, tiñendo la camisa del marine de rojo. El olor de su propia sangre golpeó las fosas nasales de Kibai, que acabó con el conejo de una rápida dentellada en el cuello, desgarrando su carótida.

Pero aquello no había hecho más que empezar. A medida que más y más conejos gigantes lo atacaban, un ejemplar particularmente grande, rondando casi los cuatro metros cargó contra el mink. Aunque trató de interponer la hoja de Arashi entre él y su rival, Kibai fue demasiado lento y recibió un fuerte impacto en el hombro que le hizo trastabillar hacia atrás. Durante unos breves isntantes, brillantes luces de colores cubrieron su campo de visión, mientras luchaba por volver a enfocarse en la pelea. Por el rabillo del ojo, vio como los Lapahn seguían su camino directos a por Bertram.

Casi como si lo viese a través de los ojos de otro, Kibai observó como los conejos se abalanzaban sobre el arquero. El joven pelirrojo no había conseguido armar una flecha a tiempo y el mink vio como era golpeado por uno de los Lapahn. Casi a la vez, el olor de la sangre de Stroud le llegó desde su derecha, señal inequívoca de que tambien estaba empezando a ser superado.

Sin embargo, aquello fue lo que devolvió a Kibai a la realidad, justo a tiempo para separar la cabeza  de los hombros un Lapahn que estaba casi encima de él. Él había sido quien se había lanzado al combate, subestimando claramente a sus rivales. Y por su culpa ahora sus dos compañeros de División estaban heridos.

— "No..." — pensó el mink apretando las mandíbulas hasta notar como las puntas de sus colmillos casi perforaban su labio inferior. — "No voy a permitir que esto acabe así".

Con un salto, Kibai sobrepasó a un Lapahn que cargaba a cuatro patas hacia él, clavando a Arashi en su columna vertebral, cortando su movimiento como una marioneta a la que hubiesen cortado los hilos. Antes de desclavarla, el mink chasqueó sus dedos. Las avispas que rodeaban a Bertram respondieron a su orden, desplegándose en un escudo que cubriría al arquero de unos cuantos golpes, aunque a buen seguro no detendría a toda la marabunta que lo asediaba. Aquello era lo mínimo que podía hacer Kibai tras su irresponsable estrategia.

Sin pararse a mirar atrás, el mink desclavó a Arashi del cadaver del Lapahn, observando a los animales restantes, antes de rugir de nuevo y tras invertir el agarre de ambas armas para favorecer movimientos de un mayor recorrido, sacrificando algo de potencia y rango de ataque por celeridad de golpeo, reempredió su ataque.

En esta ocasión no se molestó en hacer más grande la muralla de cadáveres que había creado. El olor de la sangre de sus compañeros seguía impreso en su cerebro, y aquello era suficente para que Kibai hubiese decidido que ninguno de aquellos seres vería un solo amanecer más. A diferencia de los ataques metódicos que había empleado hasta entonces, Kibai se dejó llevar por su instinto, saltando, rebotando entre cuerpos y girando sobre si mismo siempre que podía, empleando tanto sus hojas como las zarpas de sus pies y sus propios colmillos para asegurarse de que todo Lapahn que cruzase la mirada con el acabase muerto.

Finalmente, se hizo el silencio. Kibai jadeaba sonoramente, con ambas hojas clavadas en el centro del pecho del último enemigo, conteniendo un quejido al notar como el viento azotaba la herida abierta en su costado. Levantando la mirada hacia el horizonte, el mink contempló como el teleférico seguía a unos cien metros de ellos.

— "Seguimos en marcha, muchachos. ¿Alguno necesita asistencia? ¿Todos en disposición?"

Las palabras de Stroud llegaron hasta Kibai, que agitó la cabeza mientras arrancaba las espadas de la carne del Lapahn y limpiaba las hojas antes de envainarlas. Masajeandose el hombro golpeado, el mink se acercó a la capa que había dejado caer al inicio de la batalla, la cual por suerte estaba limpia y se la colocó de nuevo sobre los hombros, disimulando de esta manera su uniforme empapado de sangre. Las avispas sobrevivientes volaron hacia él, colándose de nuevo entre su pelaje.

— Nada digno de consideración, señor. Listo para seguir adelante. Mis disculpas, he subestimado a estas bestias. No volverá a ocurrir.

Sin añadir nada más, en parte por su propio orgullo herido, Kibai se preparó para continuar la marcha hacia el teleférico.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2570 - 650 = 1920
Energia: 1698 - 307 = 1391
Espiritu: 739 + 0 = 739


Mensajes en este tema
RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Kibai - 28-05-2026, 09:18 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)