Con reacciones torpes y a la vez elocuentes, lo observé actuar de manera inquietamente nerviosa, ¿La razón?...quizás porque estaba en paños menores, primero elevaba la mirada hacia el cielo, al farol, como si intentara concentrarse en cualquier otra cosa, pero inevitablemente terminaba mirándome otra vez apenas unos segundos después, delatando lo alterado que estaba pese a sus intentos por mantener la compostura. Sus movimientos eran rígidos, contenidos, y aunque la situación parecía incomodarlo más de lo que quería admitir, jamás perdió la elegancia ni la educación propia de un caballero. Incluso cuando apartaba la vista, lo hacía con respeto, cuidando cada gesto y cada palabra aunque la lengua le traicionaba. Entonces antes de que pudiera reaccionar, tomó el abrigo de entre mis manos con una rapidez sorprendente y lo acomodó sobre mis hombros de manera firme y cuidadosa, cubriendo mi cuerpo casi por completo en un movimiento ágil y natural, amarrándolo para que no se volviera a desatar. Aquello me dejó totalmente sorprendida, sobre todo al verlo desviar la mirada nuevamente mientras aclaraba la garganta, intentando actuar como si aquel gesto protector hubiese sido lo más normal del mundo.
¡¿De dónde podría sacar la leche, ah?!—repetí apenas escuché su terrible equivocación, quedándome en silencio apenas un segundo antes de estallar en una carcajada tan fuerte que me obligó a inclinarme hacia adelante debido a esas palabras, ¿Acaso quería que fuera ordeñar una vaca a esa hora?..bueno..eso es lo que pensé en su momento. Sin embargo terminé callándome de golpe cuando se quitó la camiseta. Mis ojos se abrieron apenas, completamente atrapados por la vista de su torso marcado bajo la tenue luz de la farola. Mi cerebro dejó de procesar cualquier otra cosa durante varios segundos; hombros anchos, abdomen firme, brazos trabajados… honestamente, parecía injusto que alguien pudiera verse así de bien y lo peor era que seguía actuando con total naturalidad –Sin duda…señor teton– decía tras levantar el pulgar como si estuviera aprobando algo en especifico, definitivamente este hombre era demasiado peligroso para mi salud o de cualquier joven de este pueblo.
Parpadeé varias veces antes de alzar lentamente la mirada hasta encontrarme con sus hermosos ojos azulados, sus facciones estaban tan cerca de mí, sin duda era todo un adonis con cuerpo esculpido por dioses griegos, sintiendo sus manos sobre mis hombros mientras me acomodaba mejor el abrigo. Tragué saliva apenas, todavía intentando recuperarme de aquella visión celestial que acababa de regalarme tan descaradamente. Centrándome en sus palabras mi mirada estaba fija en sus pectorales, parecían dos pedazos de enormes panes a los cuales cualquier dama quisiera encajar los dientes, bueno…las atrevidas quizás, ante su pregunta negué con la cabeza –A estas alturas ya me resigne, todo está cerrado entonces sería mejor regresar a casa– mencione tras meter mis manos en el abrigo, estaba tentada en apretarle un pectoral…no podia darme el lujo de parecer loca a estas horas de las noches –Si gusta me puede acompañar de regreso, las calles estan algo solitarias y para ser franca…tengo miedo – rei por bajo haciendo una pequeña pausa —Además mi casa queda en la misma dirección del cuartel, asi que seria menos incomodo si vamos por el mismo camino – mencione, esperando su respuesta pacientemente mientras mi diestra le apretaba el pectoral derecho.
¡¿De dónde podría sacar la leche, ah?!—repetí apenas escuché su terrible equivocación, quedándome en silencio apenas un segundo antes de estallar en una carcajada tan fuerte que me obligó a inclinarme hacia adelante debido a esas palabras, ¿Acaso quería que fuera ordeñar una vaca a esa hora?..bueno..eso es lo que pensé en su momento. Sin embargo terminé callándome de golpe cuando se quitó la camiseta. Mis ojos se abrieron apenas, completamente atrapados por la vista de su torso marcado bajo la tenue luz de la farola. Mi cerebro dejó de procesar cualquier otra cosa durante varios segundos; hombros anchos, abdomen firme, brazos trabajados… honestamente, parecía injusto que alguien pudiera verse así de bien y lo peor era que seguía actuando con total naturalidad –Sin duda…señor teton– decía tras levantar el pulgar como si estuviera aprobando algo en especifico, definitivamente este hombre era demasiado peligroso para mi salud o de cualquier joven de este pueblo.
Parpadeé varias veces antes de alzar lentamente la mirada hasta encontrarme con sus hermosos ojos azulados, sus facciones estaban tan cerca de mí, sin duda era todo un adonis con cuerpo esculpido por dioses griegos, sintiendo sus manos sobre mis hombros mientras me acomodaba mejor el abrigo. Tragué saliva apenas, todavía intentando recuperarme de aquella visión celestial que acababa de regalarme tan descaradamente. Centrándome en sus palabras mi mirada estaba fija en sus pectorales, parecían dos pedazos de enormes panes a los cuales cualquier dama quisiera encajar los dientes, bueno…las atrevidas quizás, ante su pregunta negué con la cabeza –A estas alturas ya me resigne, todo está cerrado entonces sería mejor regresar a casa– mencione tras meter mis manos en el abrigo, estaba tentada en apretarle un pectoral…no podia darme el lujo de parecer loca a estas horas de las noches –Si gusta me puede acompañar de regreso, las calles estan algo solitarias y para ser franca…tengo miedo – rei por bajo haciendo una pequeña pausa —Además mi casa queda en la misma dirección del cuartel, asi que seria menos incomodo si vamos por el mismo camino – mencione, esperando su respuesta pacientemente mientras mi diestra le apretaba el pectoral derecho.

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