29-05-2026, 05:35 PM
Ante las palabras de Dharma, el Verdugo guarda silencio, incluso luego de que el pirata lo hubo interrogado de forma directa. Sentia la sangre aún correr por la herida que había recibido y no podía evitar pensar en que esa conversación que estaba teniendo iba realmente a ser la última que tendría nunca. Y le dolía pensar aquello. Le dolía, más no podía llegar a sentir ninguna emoción. Había sido despojado de la capacidad de sentir y eso no estaba bien, pero, ¿Qué podía hacer? La máscara miró a Dharma de manera fija y prolongada; estuvo un buen rato considerando todo lo que iba a decir. Si no tenía la oportunidad de decirlo nunca más, iba a hacer que contara todo lo que podía. Así que luego de un silencio que se sintió más largo de lo que realmente fue, el Verdugo habló.
—Ya has visto de lo que son capaces los líderes de nuestra iglesia. Ya viste lo que sus enseñanzas hacen, e incluso tu has participado en ello. El Penitente. Yo... somos solo sacristanes de la iglesia. Y es posible que el Monseñor, Justin Case, pretenda usarte. Le interesa tu fuerza y tu capacidad para aniquilar lo que se te ponga en frente. Hazte un favor: Mátalo.
Aquello último lo diría con frialdad. Y podría decirse que había odio en lo que decía el moribundo Verdugo, pero siendo desprovisto de cualquier capacidad de sentir, era más probable que solo pensaba de manera pragmática.
—Naidirem Doolb no debe propagarse. Si los ayudas, el mundo como lo conoces dejará de ser... interesante. Justin Case tiene una ambición más grande que su propia imaginación. Toma lo que quiere y a quienes quiere. Y si consigue a alguien que le pueda ser útil, lo empalagará de todo lo que desee. Te dará tantas batallas como quieras, te premiará y te alabará hasta que te vuelvas adicto a su influencia. Y cuando ya no le sirvas, créeme, estarás en mi posición. Creas o no en lo que la iglesia dice, no debe estar en manos de alguien como Justin Case...
Se miró las manos ensangrentadas y luego caminó a tumbos torpes hasta el trono, sentándose en las ruinas de este y mirando al suelo. De repente se sentía con sueño y hacía frío.
—Te encontrarás con los monaguillos. Desconozco su fuerza, pero siempre fui yo el puño de Monseñor. Quizás no eran tan fuertes como para ocuparse de los... trabajos... o quizás los trabajos no eran suficientes para ellos. Los reconocerás de inmediato; pero no olvides que tu objetivo debe ser el Obispo Justin Case. Destrúyelo y protege tu libertad, pirata. O únete a él y vuélvete su nuevo Verdugo... yo... ya... estoy cansado.
Y tras aquellas palabras, el Verdugo suspiró y se entregó al cansancio. No hablaría más ni se movería de allí, guardando la poca energía que le quedaba para poder recordar sus acciones y buscar paz consigo mismo antes de ir al infierno que le deparaba por la eternidad en el más allá. Había hecho tantas cosas por las que no podía sentir orgullo ni pesar, y tan solo en ese momento llegó a extrañar a su hermano, ¿Qué sería del Penitente?
Ahora bien, para Dharma las cosas podían ser más sencillas. El Verdugo le había advertido ahora de que la iglesia pretendía ponerlo a su servicio por algo más que solo un trabajo. Y a cambio le ofrecían combates, tantos como quisiera. ¿Qué precio tiene la libertad? Es complicado ponerle valor a algo tan abstracto, los hay incluso quienes niegan por completo la posibilidad de que tal concepto como la libertad exista, que todo está atado al destino. Pero entonces, si no se es amo de su propio destino, ¿Qué sentido tiene buscar cualquier objetivo? Aquello lo pensaría también el Verdugo en sus últimos momentos.
La selva de Kyodaina se mantenía silenciosa ahora en aquél lugar, Dharma ahora tenía la posibilidad de seguir el camino hasta la sede de la iglesia en aquella isla, o podría ignorar por completo lo que el Verdugo le había dicho e irse por su cuenta. Aunque antes de que pudiera tomar cualquier decisión, un sonido bastante peculiar se hizo audible en medio de la nada.
El Verdugo sacaría el Den Den Mushi y luego se caería de sus manos.
—Parece que ha pasado suficiente tiempo, Verdugo... ¿Verdugo? ...¿Hola? Hm... esto no pasa. Supongo que mi Sacristán no fue suficiente para ti, ¿Verdad? Espero que te haya dado la instrucción de leer lo que he escrito para ti. Enviaré a mis monaguillos para que te guíen. Los irás encontrando en el camino. No serán conversadores, pero te llevarán por el camino hasta nuestro templo aquí en Kyodaina. El padre Holden me contó suficiente de ti y de lo bien que combates. Te necesito, Dharma. Y te aseguro que los oponentes estarán a tu altura. Son todos una amenaza para nuestra fe, fe a la que has demostrado un gran servicio en el pasado.
—Ya has visto de lo que son capaces los líderes de nuestra iglesia. Ya viste lo que sus enseñanzas hacen, e incluso tu has participado en ello. El Penitente. Yo... somos solo sacristanes de la iglesia. Y es posible que el Monseñor, Justin Case, pretenda usarte. Le interesa tu fuerza y tu capacidad para aniquilar lo que se te ponga en frente. Hazte un favor: Mátalo.
Aquello último lo diría con frialdad. Y podría decirse que había odio en lo que decía el moribundo Verdugo, pero siendo desprovisto de cualquier capacidad de sentir, era más probable que solo pensaba de manera pragmática.
—Naidirem Doolb no debe propagarse. Si los ayudas, el mundo como lo conoces dejará de ser... interesante. Justin Case tiene una ambición más grande que su propia imaginación. Toma lo que quiere y a quienes quiere. Y si consigue a alguien que le pueda ser útil, lo empalagará de todo lo que desee. Te dará tantas batallas como quieras, te premiará y te alabará hasta que te vuelvas adicto a su influencia. Y cuando ya no le sirvas, créeme, estarás en mi posición. Creas o no en lo que la iglesia dice, no debe estar en manos de alguien como Justin Case...
Se miró las manos ensangrentadas y luego caminó a tumbos torpes hasta el trono, sentándose en las ruinas de este y mirando al suelo. De repente se sentía con sueño y hacía frío.
—Te encontrarás con los monaguillos. Desconozco su fuerza, pero siempre fui yo el puño de Monseñor. Quizás no eran tan fuertes como para ocuparse de los... trabajos... o quizás los trabajos no eran suficientes para ellos. Los reconocerás de inmediato; pero no olvides que tu objetivo debe ser el Obispo Justin Case. Destrúyelo y protege tu libertad, pirata. O únete a él y vuélvete su nuevo Verdugo... yo... ya... estoy cansado.
Y tras aquellas palabras, el Verdugo suspiró y se entregó al cansancio. No hablaría más ni se movería de allí, guardando la poca energía que le quedaba para poder recordar sus acciones y buscar paz consigo mismo antes de ir al infierno que le deparaba por la eternidad en el más allá. Había hecho tantas cosas por las que no podía sentir orgullo ni pesar, y tan solo en ese momento llegó a extrañar a su hermano, ¿Qué sería del Penitente?
Ahora bien, para Dharma las cosas podían ser más sencillas. El Verdugo le había advertido ahora de que la iglesia pretendía ponerlo a su servicio por algo más que solo un trabajo. Y a cambio le ofrecían combates, tantos como quisiera. ¿Qué precio tiene la libertad? Es complicado ponerle valor a algo tan abstracto, los hay incluso quienes niegan por completo la posibilidad de que tal concepto como la libertad exista, que todo está atado al destino. Pero entonces, si no se es amo de su propio destino, ¿Qué sentido tiene buscar cualquier objetivo? Aquello lo pensaría también el Verdugo en sus últimos momentos.
La selva de Kyodaina se mantenía silenciosa ahora en aquél lugar, Dharma ahora tenía la posibilidad de seguir el camino hasta la sede de la iglesia en aquella isla, o podría ignorar por completo lo que el Verdugo le había dicho e irse por su cuenta. Aunque antes de que pudiera tomar cualquier decisión, un sonido bastante peculiar se hizo audible en medio de la nada.
Pere. Pere. Pere. Pere. - Pere. Pere. Pere. Pere.
El Verdugo sacaría el Den Den Mushi y luego se caería de sus manos.
—Parece que ha pasado suficiente tiempo, Verdugo... ¿Verdugo? ...¿Hola? Hm... esto no pasa. Supongo que mi Sacristán no fue suficiente para ti, ¿Verdad? Espero que te haya dado la instrucción de leer lo que he escrito para ti. Enviaré a mis monaguillos para que te guíen. Los irás encontrando en el camino. No serán conversadores, pero te llevarán por el camino hasta nuestro templo aquí en Kyodaina. El padre Holden me contó suficiente de ti y de lo bien que combates. Te necesito, Dharma. Y te aseguro que los oponentes estarán a tu altura. Son todos una amenaza para nuestra fe, fe a la que has demostrado un gran servicio en el pasado.
Una nueva generación, una nueva usurpación

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)