29-05-2026, 06:14 PM
(Última modificación: 29-05-2026, 06:15 PM por Nyxara Archeron.)
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde
Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold
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El mar de sus ojos permanecía sobre la niña desde que habían emprendido la marcha en búsqueda de un lugar para comer, percibía de esa forma ajena y extraña el peso de otro sobre la manga de su abrigo, como si la armadura que llevaba encima le gritara con fuerza que debía guardar todas las distancias si quería salir ilesa de esa situación. La voz de Sara, hablando sobre Eli se alzaba por sobre el murmullo del mar, aunque Nyx estuviese poniendo atención a sus palabras sabía que había algo extraño en ella. No era miedo por todo lo sucedido y distaba demasiado de la tranquilidad que debería tener un niño de su edad, era algo distinto, ese algo que la Archeron conocía demasiado bien: la tensión silenciosa que aprendió a reconocer en quienes llevaban demasiado tiempo sobreviviendo – Sara – la llamó después de que la pequeña terminara de explicarle como iba vestido Eli el día que desapareció. Sus pasos, sin proponérselo, estaban acompasados al ritmo de la pequeña – ¿Conoces a esos hombres del puerto que dejamos atrás? – la pequeña frunció el ceño, como si buscara hacer el esfuerzo para identificar que hombres se refería – ¿El señor Yamada con su red de pesca? – nuevamente, esa confianza casi dolorosa ¿Por qué había creído que la niña sería capaz de identificar como alerta a esos tres?
Nuevamente, era una batalla que no ganaría.
Iba a explicarle otra vez, con esa paciencia que no usaría con otros, cuando el sonido abrupto de los cuerpos a su espalda quebró el murmullo del puerto, y la voz de ese hombre… la voz llegó apenas un instante después.
El cuerpo de Nyx se tensó de inmediato.
Los músculos de su cuerpo despertaron para movilizarse mientras sus dedos tomaron la mano de Sara con firmeza, preparándose antes incluso de terminar de comprender lo que sucedía a su espalda. Y la amenaza masculina, cargada con esa calma peligrosa, logró hacer que el mundo contuviera el aliento.
¿Si Nyx también lo había hecho? Aún era demasiado pronto para definirlo.
Giró con rapidez, asegurándose de dejar a la niña a su lado, solo para encontrarse de frente con el espectáculo. Un desconocido había apresado a uno de los hombres del puerto que ellas acababan de dejar atrás y la brutalidad serena de sus palabras anteriores bastaba para comprender que no había pronunciado solo una amenaza vacía. Cuando indicó que las seguían, el mar de sus ojos se alzó hacia él; la mirada de la Archeron recorrió al desconocido apenas un instante, suficiente para medir la tensión de sus movimientos, la calma impropia con la que sostenía la violencia y aquella presencia que había irrumpido en el puerto como tempestad.
Pero, no iba a detenerse en ello.
Lo que importaba era el “cómo” se había dado cuenta que esos tres las seguían y el “por qué” había decidido intervenir. El cuerpo de Sara tembló a su lado por la situación, pudo percibirlo por la forma en que la niña retrocedió un par de pasos luego que el hombre preguntara por los niños de Samba.
"Ahí esta el por qué"
Escuchó la amenaza clara de parte de uno de los otros dos que estaban fuera del alcance del desconocido y vio, como el tercero avanzaba hacia ellas desenfundando un arma para apuntar a la niña. Nyx se movió antes siquiera de pensarlo, en un solo paso se interpuso entre el arma y la niña, dejando a Sara parcialmente cubierta por su cuerpo y fue su mirada, ese gesto sutil, ese descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas, lo suficiente para que aquella calma orgullosa que mantenía adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo – Apuntarle a una niña – el silencio duró apenas un segundo – Que recurso tan miserable –
La afirmación apenas había dejado sus labios cuando el hombre frente a ellas disparó, y fue el estruendo que quebró la normalidad del puerto – ¡Son los hombres de Rask! – gritó alguien en algún lugar del puerto y aquello fue suficiente para que los murmullos se transformaran en caos; los comerciantes abandonaron sus puestos, las personas echaron a correr y el puerto pareció deformarse bajo un nombre que tenían como herida común. A su alrededor, mientras los gritos se alzaban Nyx reaccionaba bajo puro instinto; empujó a Sara hacia atrás al mismo tiempo que giraba el cuerpo para cubrirla, no permitiría que esa niña saliera herida. El ardor caliente atravesó su hombro a penas un segundo después.
– La próxima te atraviesa, perra – Nyx apretó la mandíbula mientras la bala rozaba la carne sin detenerse, pero el dolor llegó demasiado tarde versus la adrenalina que ya la había hecho movilizarse. Notó algo parecido al miedo en los ojos del hombre mientras ella cortaba la distancia por el impulso, atrapando la muñeca armada antes de que pudiera corregir la puntería. Sus dedos se cerraron con violencia sobre la articulación y en un movimiento seco, obligando al arma a desviarse cayendo sobre la arena – Corre, Sara. No te detengas – la orden abandonó sus labios carmesí al mismo tiempo que lanzaba a la niña hacia el caos del puerto, entre los gritos y las personas que huían.
Sin embargo, aquel gesto a penas alcanzó a ser percibido antes que el mismo caos estallara frente al desconocido – ¡Mátalas! – gritó el que aún estaba apresado bajo las manos del azabache, mientras que su compañero a respuesta cargó hacia el frente contra la mujer que ellos habían tenido la intención de asaltar – ¡No pienso decirte una mierda! – escupió entre dientes, demasiado rápido para esconder el miedo que sentía – ¡Tú tampoco saldrás vivo de aquí! – Movió su cabeza con violencia hacia atrás intentando golpear a quien lo había apresado, sin embargo, su movimiento era solo una distracción.
Desde el costado izquierdo su compañero ya se abalanzaba sobre el azabache, atravesando el desorden del puerto convertido en gritos y carreras de personas que pasaban a su alrededor buscando refugiarse. Reluciendo entre sus manos esas dos cuchillas cortas, esas que guardaba para estas ocasiones…la intención era clara: hundírselas entre las costillas.
Léeme
