[Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75]
#7
A lo largo de la tarde....

NYRA Y CHOI HAE-WON


La lectura en alto de la invitación a la fiesta convirtió a Nyra en un torbellino de emoción que habría hecho temblar a cualquier navegante por más experimentado que fuese. Agarrando de la mano a su compañera de División, ambas jóvenes se lanzaron a recorrer cada establecimiento de la Gran Avenida de la ciudad de Ran, comparando los diversos vestidos que muchas de las tiendas procuraban destacar en sus escaparates, pero nada parecía ser exactamente lo que buscaban. Al fin y al cabo, aquella era una ocasión muy, pero que muy especial, y las marines sabían que debían lucir atuendos con una elegancia acorde al lugar al que habían sido invitadas.

Finalmente, una de las tiendas llamó profundamente su atención. El establecimiento no era tan ostentoso como otros de la avenida principal, pero tampoco lo necesitaba. La madera dorada que componía tanto el escaparate como el interior de la tienda, y la a todas luces costosa y exquisitamente integrada moqueta de un tono verde esmeralda daban al local un aire de nobleza y elegancia  sutil pero imposible de ignorar. Como colofón, los vestidos que lucía en su escaparate eran de una factura a todas luces excelente, y las sedas, los satenes y los engarces con hilo de oro y plata brillaban bajo las luces estratégicamente colocadas para hacer soltar destellos a las prendas fuese cual fuese el ángulo, en el que uno mirase al cristal. En la zona superior, inscrito en letras de la misma madera dorada, podía leerse el nombre del local: AMANCIUS ORTIGA. Convencidas de que habían encontrado el lugar correcto, Choi y Nyra accedieron al interior.

Tienda de Amancius Ortiga


Nada más cruzar la puerta, un suave tintineo procedente de una campanilla plateada en lo alto de la puerta anunció su presencia. El local estaba impecabilísimo, ni una sola mota de polvo entorpecía los rayos de luz que iluminaban los maniquíes distribuidos por la estancia, y un suave perfume ambientador con olor a sándalo flotaba en el ambiente.

Apenas unos instantes tras el sonido de la campanilla, una mujer salió de lo que parecía ser la trastienda. No parecía demasiado mayor, como mucho rondando los cincuenta, vestida con un traje de chaqueta con el que perfectamente podría haber nacido de lo bien ajustado que le quedaba, combinado con unas gafas cuadradas de montura de hierro sujetas con una cadena de oro, gafas que bajó levemente para contemplar a las dos marines por encima de los cristales.

— Vaya vaya vaya, que tenemos aquí… Dos jóvenes de la Marina en mi local. Esto es bastante inusual, aunque sois bonitas, y tenéis una buena figura, así que seguro que buscáis algo para haceros lucir como es debido. Decidme en que puedo ayud…

Las palabras de la mujer murieron en su boca cuando sus ojos se fijaron en la cola de Nyra, la cual al humink seguía moviendo de lado a lado presa de la emoción. Arqueando una ceja, la mujer recompuso su expresión de profesionalidad y, carraspeando levemente para aclarar su tono de voz, continuó hablando.

— Esto si que es una novedad, no solemos tener a gente como tú por aquí , jovencita. En la mayoría de los establecimientos de esta avenida te mandarían directamente a paseo, pues no se arriesgarían a modificar un vestido ya diseñado para adaptarlo a tu…  fisonomía particular. No obstante, en las tiendas del Imperio de Amancius Ortiga vestimos a todo el mundo sea un gigante, un gyojin ballena o un Tontatta. Todos tienen el derecho a vestir bien, siempre que paguen el precio, claro está. Por favor, acompañadme a los estrados, podréis decirme exactamente qué es lo que necesitáis mientras os tomo las medidas.

La siguiente hora se resumió en una larga conversación, aunque la mayor parte de esta fue un bombardeo constante de cotorreo por parte de una emocionada Nyra, la cual no dejaba de hacer preguntas acerca de la alta sociedad de la isla de Matsuri, así como de dar detalles profusamente exactos acerca de cómo quería que fuese su vestido. Choi, bastante más calmada, pero aún así en su fuero interno contagiada por la sincera emoción de su compañera de División, se limitó a indicarle los colores que Dimitri le había propuesto, a lo que la mujer sonrió levemente, dándose perfecta cuenta de lo que ambas necesitaban.

Mientras les tomaba las medidas del pecho la cintura y la cadera, así como de la longitud de sus piernas y de la distancia entre el hombro y el codo, la mujer fue colocandoles pequeñas tiras de papel sobre el uniforme, sujetas con alfileres con puntas de ámbar, las cuales dijo le servirían después para ajustar las telas de los vestidos.

— ¡Así que os han invitado a la fiesta de Le Chevalier! Debéis de conocer a alguien muy influyente, jovencitas. La mitad de los potentados de la isla llevan semanas casi sin pegar ojo aguardando a que el chambelán les entregase un sobre dorado, ¡y no es para menos! Las fiestas de Le Chevalier son famosas en toda esa parte del Grand Line. La comida es exquisita, los vinos provienen de todas las partes del mundo, y los fuegos artificiales son tan espectaculares que más de un envidioso ha acusado a Le Chevalier de contratar a un usuario de Akuma no Mi.

La mujer recogió con una sacudida la cinta métrica, la cual se enrolló sobre su antebrazo casi como si tuviese vida propia, antes de dirigirse a la parte trasera de la tienda.

—  Perfecto hermosuras, ya tengo todo lo que necesito. Tenéis bombones en la caja del mostrador, podéis comeros un par hasta que termine!

Tras un tiempo asombrosamente corto, la mujer regresó con dos paquetes de papel de seda de color azul, que desenvolvió para mostrar las prendas que ocultaban.

Uno de los vestidos era una ligero diseño de un color dorado pálido, parecido a la luz de una vela vista a través de un cristal. El corte era clásico, con un punto discreto, aunque la cinta en color oro con encajes que ceñía la cintura del vestido para resaltar la figura daba un toque de distinción que no rompía con la elegancia del conjunto.

El otro vestido era un conjunto de color blanco con detalles en azul medanoche, con un escote bajo que dejaba los hombros y la espalda alta al descubierto, en conjunto con unas medias mangas vaporosas que aportaban su propia elegancia al vestido. Pequeños detalles en hilo de oro arrancaban destellos cuando la tela se movía, dando la impresión de estar envuelto en estrellas titilantes. Además, un detalle a la altura de la cintura baja hacía notar que la reputación de las tiendas de Amancio Ortiga era cierta: Un cuadrado de tela removible permitía que la cola de un mink (o una humink en este caso) pudiese salir al exterior sin mayores incomodidades.

— Bueno, para ser un trabajo que me ha pillado de sopetón, no ha estado del todo mal. Os aconsejo que os preapréis para acaparar un buen puñado de miradas en la fiesta jovencitas. Estoy segura que ambas para el momento en el que inicie el baile tendréis una larga lista de peticiones que satisfacer. Disfrutad de la fiesta, mis hijos y yo estaremos en las lomas de fuera de la finca con otros muchos ciudadanos para ver los fuegos artificiales.

Volviendo a guardar los vestidos en sus envoltorios protectores, la mujer hizo un gesto con el dedo, y tras agacharse para rebuscar bajo el mostrador, les alargó tres cajas.

— Los zapatos os los regalo, y también las máscaras. Os van a juego, y creo que las necesitaréis. Los vestidos serían 8.000 berries en total, pero os los dejo en 6.000 si cuando os pregunten dónde os han vestido, me los mandáis aquí.

Nyra y Choi pagaron lo estipulado por la dependienta, antes de despedirse con una sonrisa y dirigirse de nuevo hacia la calle, con la sensación e que aquella noche iba a ser del todo memorable.



SHIN HASEGAWA

Tras escuchar la invitación a la fiesta de Le Chevalier, Shin se dispuso a darse un paseo por los alrededores, con una doble intención: explorar un poco el lugar dónde se iba a celebrar la fiesta, y adquirir algo de ropa decente para la ocasión.

Lo primero tenía fácil solución: las tiendas de la Gran Avenida de Ran estaban excepcionalmente bien provistas para ocasiones como aquella. El marine paseo distraídamente ojeando los escaparates, escuchando de vez en cuando como una voz aguda que podía identificar perfectamente como su compañera Nyra exclamaba de alegría al encontrar un nuevo candidato a su vestido para aquella noche.

No obstante, aún a pesar de estar simplemente tratando de encontrar algo decente para no quedar mal, los pasos de Shin se detuvieron en una de las tiendas, donde un escaparate lucía un conjunto en negro y dorado. Algo que habría resultado ostentoso, casi extravagante en cualquier otro individuo, pero que resultó adecuarse a las mil maravillas a su propia estructura física. El dueño del establecimiento, un hombre ataviado con un chaqué de color burdeos y un bigote tan encerado que Shin creía que podría clavar un papel en él, aplaudió discretamente cuando el marine acabó de ajustarse la chaqueta y se miró al espejo.

— Oh mi buen señor, desde luego está hecho usted un auténtico galán! Ignoro quién será la dama a la que pretende conquistar, pero desde luego le puedo asegurar que caerá rendida ante sus encantos esta noche.

Ante la mención de Shin de que estaba invitado a la fiesta de Le Chevalier, el hombre abrió los ojos aún más, acariciándose el bigote.

— Vaya, así que es un invitado a la fiesta de Le Chevalier, ya me parecía a mi que tenía usted cara de caballero distinguido. En ese caso, mi buen señor, necesitará una máscara para la fiesta. A buen seguro no querrá ser el único de allí que vaya sin ella.

El hombre se agachó en un cajón, extrayendo una bandeja con múltiples máscaras expuestas.

— Si me permite el consejo, olvídese de las máscaras completas, esos armatostes de demonio ni siquiera permiten besar a una dama como es debido. También he de decir que últimamente las máscaras de mano están de moda pero para mi son una auténtica estupidez si me lo pregunta. es decir, quién demonios querría estar toda la noche sujetando una máscara delante de su rostros? Yo le recomiendo esta.

El hombre mostró a Shin una máscara dorada de bordes angulosos e irregulares, que se anudaba detrás de la cabeza con un cordón de seda blanca.

— Le cubrirá los ojos, la frente y el puente de la nariz. El material es transpirable y le aseguro que ni siquiera notará que la lleva puesta.

Tras colocar la máscara sobre el resto de prendas que Shin había adquirido, el dependiente hizo una rápida suma ayudándose de una láìz que extrajo del bolsillo delantero de su camisa.

— Bien, en total serán 3.000 berries por todo, mi buen señor. Que disfrute mucho de la fiesta.

Tras pagar y despedirse, los pasos del marine se encaminaron hacia la zona de la fiesta, La hacienda de Le Chevalier era un enorme recinto circundado por una valla metálica cubierta de setos de al menos cuatro metros de altura. La superficie interior era imposible de calcular desde dónde estaba Shin, pero a juzgar por la longitud del cercado, al menos debía de haber un espacio interior de varios miles de metros cuadrados. Al acercarse a la puerta del cercado, pudo ver un camino adoquinado que discurría serpenteante hasta una gran mansión a setenta metros de la entrada. El edificio tenía cuatro plantas y dos torres en su fachada norte, dando la impresión de ser más un pequeño palacio que la residencia de un noble. Sin lugar a dudas, a Le Chevalier le iban bien las cosas a nivel económico.

Mansión de Le Chevalier


Preguntando a algunas de las personas con apariencia adinerada que se encontraban paseando por los alrededores, pero su uniforme (pues aún se había cambiado para la fiesta) levantó más desconfianzas y recelos que otra cosa. Las mujeres nobles no se tomaban demasiado bien que un marine indagase en sus asuntos, y Shin fue despachado por la gran mayoría a cajas destempladas.

No obstante, una mujer bastante mayor, sin duda alegre de que un joven atractivo le dedicase unas palabras amables, le indicó que la fiesta había sido grandemente esperada, y que si bien en esta ocasión ella no había sido invitada, si había estado en otras celerbaciones en la masión,

— Los fuegos artificiales son el gran momento de la noche, joven. Le Chevalier da su discurso antes de que empiecen y todos los invitados hacen un brindis con él para que la fortuna les bendiga en esa noche. Oh, si yo te contara la de matrimonios que han surgido entre esos muros… ¡Casi tantos como los que se han roto, tú ya me entiendes!

Con una risa interrumpida por leves ataques de tos, la anciana mujer pellizcó la mejilla de Shin antes de continuar su camino. Satisfecho con la información que acababa de obtener, el marine decidió que ya era momento de vestirse y prepararse para el gran evento.



Kael Omuyaga

El suspiro de Kael fue notorio para cualquiera que estuviese al menos  a diez metros a la redonda de él cuando una emocionadisima Nyra prácticamente le saltó encima para pedirle que tuviese un carruaje dispuesto para aquella noche. a sabiendas que era algo que tendría que hacer si o si, se dirigió al lugar dónde recordaba haber visto varios coches de caballos listos para ser arrendados por quien tuviese el dinero suficiente para permitírselo.

De camino al lugar, el marine aprovechó para ojear los escaparates de la calle, analizando con ojo experto los diferentes trajes que lucían los maniquíes. No tardó en encontrar un establecimiento de paredes de un blanco nacarado, surcado de vetas del color de la tinta, que daban la impresión al entrar de que uno estaba en una caja de mármol.

La dependienta lo atendió con suma finura, captando inmediatamente que su cliente era alguien con ojo experto que sabía lo que buscaba y también distinguir entre una mercancía con sobreprecio y la que valía la cantidad adecuada.

Tras informar a la buena mujer acerca de lo que necesitaba, esta le fue presentando a Kael diversos conjuntos, que el marine de pelo azabache fue clasificando según sus propias preferencias. Finalmente se decidió por un conjunto completamente negro, cuya línea era solamente rota por algunso detalles y adornos en un tono dorado oscuro, que a diferencia de otros trajes de la tienda, no brillaba cuando la luz incidía en él, más bien todo lo contrario, el traje parecía absorber la luz, proporcionando un aura de misterio que Kael aprobó con un leve gesto de la cabeza tras contemplasrse en el espejo.

Tras adquirir una máscara a juego con el traje por consejo de la dependienta cuando ésta se enteró de la razón por la que el marine había visitado su establecimiento,  Kael pagó su compra, la cual ascendió a un total de 2.100 berries, salió de nuevo a la calle y continuó con su camino hacia la zona donde había visto los carruajes. Al llegar, un hombre vestido con una librea de cochero se le acercó.

— Buenas tardes joven, me han dicho que desea alquilar un carruaje. La verdad, llega justo a tiempo, los contratos están volando con motivo de la gran fiesta en la masión de Le Chevalier. Por favor, venga por aquí y le mostrarñe las diversas opciones que tienen. También necesitaré saber para cuantas personas es el carruaje, y por supuesto si pretenden volver acompañados… — añadió dándole un codazo de complicidad en las costillas a Kael.

Tras examinar las opciones disponibles que quedaban aún sin alquilar, el joven marine decidió que por una ocasión, bien valía la pena tirarla casa por la ventana, además de que no quería decepcionar a su ilusionada compañera. El carruaje elegido era suntuoso, de madera oscura con cuatro faroles colgados de cada esquina. Los palafrenes eran tambien de pelaje negro, con arnees provistos de plumas que les conferían una apariencia aún más señorial.

— Una elección excelente, si me permite darle mi opinión, joven. — le dijo el responsable de los carruajes asintiendo con vigorosidad ante la elección de Kael. — Ese coche lo conduce mi sobrino, es un mozo discreto y muy servicial. Les llevará a dónde necesiten y aguardará en su puesto, llueva, nieve o se caiga la Red Line sobre nuestras cabezas. El carruaje les saldrá, teniendo en cuenta la hora a la que acabará la fiesta, por unos 6.000 berries. Y es un precio de amigo, se lo aseguro.

Finalmente, una vez hubo regateado y negociado durante un rato excesivamente largo para su gusto, Kael consiguió reducir la tarifa del carruaje a 4.200 berries, un precio más que asequible por la calidad de la cual iban a disponer. Tras subir al carruaje e indicarle al joven que ocupaba el asiento del cochero la dirección del G-39, se recostó en el interior, planificando cómo podría transcurrir la velada.



Dimitri St. George

Tras haber alargado el sobre hacia su capitán para que le echase un vistazo, Dimitri decidió emprender su propia búsqueda de un atuendo ideal para el evento al que la División 75 había sido invitada. Tras adecentarse con ropas sencillas pero que ocultaban su condición de marine, el joven pelicastaño recorrió las tiendas de la Gran Avenida, hasta dar con una que le gustó, en gran medida porque parecía uno de esos establecimientos que llevaban allí casi tanto tiempo como la proppia ciudad. A buen seguro, sería el lugar adecuado para adquirir aquello que necesitaba.

La dependienta, una mujer bastante mayor le dedicó una esplendorosa sonrisa en cuanto Dimitri cruzó el portal.

— Ohhh buenos días joven. Bienvenido a mi humilde local. Cuéntame lo que necesitas, seguro que podemos encontrar justo lo que buscas.

A medida que la mujer le tomaba las medidas y le presentaba posibles opciones, Dimitri la fue interrogando sutilmente acerca del baile.

— Ohhh si, así es, media ciudad parece haber enloquecido… No es olo por la fiesta en si, sabe? Al fin y al cabo, al interior del recinto de la mansión solo acceden aquellas personas que hayan recibido una invitación, pero en los alrededores siempre se organizan reuniones más o menos espontáneas, especialmente sobre la hora de los fuegos artificiales. Todo el mundo los disfruta, especialmente los más pequeños. Y por alguna razón que se me escapa, todo el mundo acude extremadamente elegante, aunque no tengan invitación. Creo que desde aquella ocasión en la cual el Chevalier en persona salió de la finca para llevar a una joven al interior como su invitada personal, todo el mundo aspira a ser la siguiente sorpresa de la fiesta…

Mientras la mujer continuaba ajustandole el traje, le contó algunos cotilleos sin importancia acerca de personalidades de la isla, aunque hubo otros que Dimitri si retuvo en su memoria, como el hecho de que extrañamente nadie de la familia real había sido invitado a la fiesta, cosa que había resultado en una buena pataleta de su Majestad, así como el hecho de que al parecer Le Chevalier había contratado a más personal del habitual, lo que había sido un soplo de aire fresco para los barrios más humildes de la capital, que estaban en horas bajas por ser invierno y descender la cosecha de flores que suponía el sustento económico principal de Matsuri.

— Oh, y por supuesto necesitarás una máscara. Deberás llevar algo que tape un poco esa cara tan mona, jovencito, o me temo que provocarás un par de duelos de honra cuando la prometida de algún noble te conceda demasiados bailes…

Finalmente, el atuendo por el cual Dimitri se decidió fue una túnica ligera, con un color base blanco marfil y recubierta de detalles dorados., que combinaba perfectamente con la elaborada mácara que la mujer le ofreció.

— Desde luego, atraerás todas las miradas, si señor! Serán 3.000 berries en total.

Dimitri depositó el dinero sobre el mostrador antes de salir de nuevo a la calle. Con bastante tiempo hasta la hora de la fiesta, decidió irse a explorar un poco el centro de la ciudad.

Sus pasos lo llevaron a una concurrida plaza circular, con una preciosa fuente en el medio rodeada de parterres de flores. A la redonda, múltiples cafeterías daban cobijo a clientes vestidos con atuendos de costosa apariencia, los cuales parecían disfrutar de un asueto permanente, pues las horas del día eran más propias del trabajo que del ocio. Convenientemente oculto tras un periódico y con una taza de humeante café en la mano, Dimitri tomó asiento en una de las mesas, aguzando los oídos para captar las conversaciones que iban sucediendo a su alrededor.

En la mesa que estaba a su derecha, dos mujeres de una edad entre los treinta y largos y los cuarenta y pocos comparaban las galas que habían adquirido aquella mañana, sin parar de cotorrear.

— Pues como te iba diciendo, Delia, mi marido ha supervisado el envío de las flores para la fiesta, es la razón por la que hemos obtenido una invitación. Pues al parecer, Le Chevalier ha hecho un pedido especial de amapolas.

— Amapolas? No es época de amapolas…

— Lo sé. No sabes los quebraderos que le ha dado a mi marido conseguirlas. Pero Le Chevalier le dijo que un invitado muy especial tiene una gran afición por las amapolas, y que si o si debían tenerlas. Estaba tan contento cuando mi marido las trajo que le dio una invitación en persona. Te lo puedes creer?

— Oye, y quién es ese invitado?

— No sé mucho de él, pero al parecer está aquí invitado por Le Chevalier en persona y ha tenido algo que ver con los criterios de repartir invitaciones para esta noche. Mi marido dice que las sirvientas se pasan embobadas horas si tienen que hablar con él. No sé a qué se deberá pero desde luego, debe de ser alguien muy particular.

La conversación se debió entonces acerca de qué tipo de tocado deberían llevar esa noche. Dimitri, satisfecho por lo escuchado, se levantó y emprendió el camino de regreso hacia la base G-39, dódne le esperaba el resto de su DIvisión.




Y LLEGADOS A LA FIESTA…





La mansión de Le Chevalier era un auténtico regalo para la vista, sin lugar a dudas. La gigantesca finca, de al menos unos dos mil metros cuadrados, estaba cubierta de una capa de cesped perfectamente cortada de manera uniforme, dando la impresión de ser una alfombra de color verde totalmente uniforme, solamente salpicada de vez en cuanto por árboles de diversas clases, los cuales a su vez parecían podados de manera tan cuidada que los miembros de la División 75 sospecharon que habrían sido cortados empleando una escuadra y un cartabón. El edificio parecía haber sido decorado para la ocasión, pues sus cuatro plantas estaban coronadas de guirnaldas de flores y faroles de luces de diversos colores.

La entrada a la mansión era una caravana de carruajes, lo cual en manos menos capaces habría ocasionado más de un incidente, pero la aparentemente excelente organización de los hombres de Le Chevalier solventaba los problemas casi antes de que surgiesen.

Para cuando el carruaje de los marines llegó a la entrada, el cochero se bajó para abrir la puerta él mismo, saludando con una profunda inclinación a sus ocupantes a medida que estos iban descendiendo por la escalinata de hierro que el mozo había dispuesto a tal efecto.

— Disfruten de la velada, señoritas, caballeros…. El coche estará esperándoles hasta que salgan de la fiesta, no se preocupen. Sea la hora que sea, les llevaré de vuelta a casa.

Con una última filigrana de su sombrero de copa, el joven regresó a su asiento, y tras chasquear un par de veces la lengua, hizo virar a los caballos y condujo el carruaje a un lateral de la mansión, dónde sacó una pipa de entre sus ropas y se recostó contra el carruaje.

La División al completo se dirigió a la puerta, donde una joven con un vesido de color verde inteso les recibió con una sonrisa encandiladora. Tras recoger el sobre que Shin le tendía y examinarlo con atención, se giró para clavar la invitación en un pincho de metal que ya contenía al menos otras dos docenas de sobres.

— Hay algunos invitados que se las pretenden llevar de recuerdo, pero lamentablemente es la única manera de garantizar que nadie pueda colarse en un futuro. Oh, mis disculpas, no me he presentado. Mi nombre es Pia Riscernos, soy el ama de llaves de Le Chevalier. Sed bienvenidos a  esta encantadora velada. Por favor, aquellos de vosotros que llevéis un Den Den Mushi, haced el favor de entregármelo. Tal y como os especificamos en la invitación, Le Chevalier valora mucho su intimidad.

A medida que los marines le iban entregando sus caracoles, Pia los recibía con una sonrisa, dándoles una hoja de lechuga y un suave beso en el caparazón, antes de depositarlos en un gran terrario que había dispuesto a tal efecto tras la verja, donde ya al menos una docena de Den Den Mushi vaguear distraídamente.

— No os preocupéis, os estarán esperando aquí para cuando abandonéis la mansión, los mantendremos bien cuidados, os lo prometo. Ahora, oh dónde los han puesto….?


Pia se palpó los bolsillos hasta que consiguió extraer un pequeño desplegable de color amarillo.

— Bien, a las siete y cuarto serán los fuegos artificiales y el discurso de Le Chevalier. A las ocho empezará el baile. Chicas esto es para vosotras…

La joven entregó a Choi y a Nyra sendos cartoncilos dorados, los cuales estaban ingeniosamente doblados para proteger el interior.

— Son vuestras listas de baile. — continuó Pia mientras entregaba tres lápices plateados a Kael, Dimitri y Shin. — Cuando uno de vosotros quiera bailar con una dama, deberá acercarse a ella y pedirle un baile. Si ella lo considera apropiado, os dejará su lista para que anotéis vuestro nombre en ella. Por el resto, sentíos libres de disfrutar de la fiesta. Las plantas superiores a la primera están vedadas en la mansión, así que os aconsejo que no tratéis de colaros, por mucho que os apetezca “escabulliros” un rato fuera de miradas indiscretas. — dijo mirando con una sonrisa pícara hacia Shin.

Pia se alisó el vestido y chasqueó los dedos hacia otra sirvienta la cual se acercó con una bandeja repleta de copas de fina factura con un líquido color burdeos dentro.

— Y por supuesto, el cóctel de bienvenida! Tomad cada uno solo una copa por favor, sé que está delicioso pero llevar una copa en cada mano no es demasiado decoroso a esta hora de la tarde. Después, todo es posible…

Con esas últimas palabras, Pia se despidió de los marines, lista para atender a la siguiente pareja que estaba entrando por la puerta.

La camarera que les había llevado las bandejas sonrió al grupo.

— Que disfruten de la velada.Mi nombre es Marietta, para servirles en lo que necesiten. Si no saben a dónde ir, está habiendo una cata gastronómica en el salón principal de la mansión. También creo que varios de los asistentes han organizado una pequeña partida de cartas en el salón de billar. Y por supuesto, es una hroa preciosa para recorrer los jardines.

Pia y Marietta

Con una inclinación de cabeza, la sirvienta se adelantó para ofrecer dos copas a los invitados que ya habían entregado sus invitaciones, dejando a los marines de la División 75 con una gran noche por delante. El camino de piedra discurría durante unos sesenta metros más hasta la entrada de la mansión, unas gigantescas puertas dobles de al menos tres metros de ancho y cinco de largo, que dejaban ver un recibidor con varios grupos de personas elegantemente vestidas dentro.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


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RE: [Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75] - por Kibai - 30-05-2026, 04:00 AM

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