31-05-2026, 08:33 PM
De aquel súbito tirón con todas sus fuerzas, Kenzo consiguió doblar la puerta como el que abre una lata de anchoas.
El crujido metálico cediendo ante los músculos y la fuerza de aquel chico imperó como única respuesta a sus gritos hacia su compañera, que hacía mucho que había abandonado la estancia previa a la suya. La batalla definitiva se iba a dar unos cuantos cientos de metros más hacia lo profundo de las instalaciones, pero Kenzo no iba a estar presente a tiempo si no conseguía orientarse y hacerlo rápido.
Aunque estaba plenamente a oscuras, frente a él ahora había un pasillo que llevaría hacia la zona en la que Garnet, Tobías y Triana tuvieron que decidir puerta, y ahí se toparía con las tres puertas abiertas y con absolutamente nadie, pues el vaquero ya había decidido avanzar por su cuenta y riesgo hacia la boca del lobo y el ojo de la tormenta. El joven Kenzo tenía la oportunidad de decidir en qué quería ser bueno: Si quería tratar de localizar a Tobías podría seguirle para ayudar a sus dos compañeras. Si quería investigar el laboratorio quizá podría encontrar cosas interesantes.
Fuese lo que fuese lo que decidiese no había ni respuestas buenas ni respuestas malas, simplemente y de nuevo, una decisión. Y con cada decisión se moldea el camino y se forja una historia. Los fallos también nos llevan a puntos buenos que sin haberlos cometido no habríamos descubierto nunca. Los aciertos también nos llevan a situaciones desesperantes y dolorosas de las que no podemos escapar. Y nada de eso es malo, pues de todo se aprende y de todo se saca algo que te acompañará en el futuro como una bendición o como una lección. Al final lo único que nos quedaba era agarrarnos a nuestras decisiones y tratar de adaptarlas lo mejor posible a nuestros intereses y objetivos.
El crujido metálico cediendo ante los músculos y la fuerza de aquel chico imperó como única respuesta a sus gritos hacia su compañera, que hacía mucho que había abandonado la estancia previa a la suya. La batalla definitiva se iba a dar unos cuantos cientos de metros más hacia lo profundo de las instalaciones, pero Kenzo no iba a estar presente a tiempo si no conseguía orientarse y hacerlo rápido.
Aunque estaba plenamente a oscuras, frente a él ahora había un pasillo que llevaría hacia la zona en la que Garnet, Tobías y Triana tuvieron que decidir puerta, y ahí se toparía con las tres puertas abiertas y con absolutamente nadie, pues el vaquero ya había decidido avanzar por su cuenta y riesgo hacia la boca del lobo y el ojo de la tormenta. El joven Kenzo tenía la oportunidad de decidir en qué quería ser bueno: Si quería tratar de localizar a Tobías podría seguirle para ayudar a sus dos compañeras. Si quería investigar el laboratorio quizá podría encontrar cosas interesantes.
Fuese lo que fuese lo que decidiese no había ni respuestas buenas ni respuestas malas, simplemente y de nuevo, una decisión. Y con cada decisión se moldea el camino y se forja una historia. Los fallos también nos llevan a puntos buenos que sin haberlos cometido no habríamos descubierto nunca. Los aciertos también nos llevan a situaciones desesperantes y dolorosas de las que no podemos escapar. Y nada de eso es malo, pues de todo se aprende y de todo se saca algo que te acompañará en el futuro como una bendición o como una lección. Al final lo único que nos quedaba era agarrarnos a nuestras decisiones y tratar de adaptarlas lo mejor posible a nuestros intereses y objetivos.
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