31-05-2026, 11:38 PM
La conversa entre aquellos tres habituales de la tasca, que son bebedores de cantidad, aunque no siempre de calidad, resulta mediocremente fructífera para el joven que buscaba rascar algo de información útil, algo que le dirigiera a un botín más seguro que el de los que juegan a los juegos de azar o prueban su fortuna en las apuestas en competencias como la ruleta o los dados. La poca información de la que fue capaz de disponer es que los perpetradores son organizados, astutos como para atacar cuando la oscuridad comienza a extenderse o aún no se ha extinguido de la noche anterior, y son raudos para hacerlo antes de que los puedan atrapar.
Que no se haya dicho un monto, no significa exactamente la ausencia de uno, sino que la información disponible, para gentes que apenas se mueven de bar en bar y de copa en copa, no es propicia a informar de una recompensa monetaria, o al menos, valiosa para quienes puedan poner un punto final a los asedios de esos maleantes que se encargan de entorpecer y enturbiar la vivencia de aquellos que habitan al este.
El gyojin, que había bebido más de la cuenta, y por lo tanto, tenía la orientación justa para no caerse en mitad de un retrete por lo visto, se dirige directamente a la zona donde los ataques ocurren, zona que él mismo había dicho que no visitaría ni de casualidad por lo tacaño de los habitantes, que era una suposición, y además, con la fortuna de su lado, iba justo cuando un grupo de aquellos delincuentes se desplegaba para ir a atacar a la zona donde los pobres habitantes ya temían hasta dormir.
El muchacho podría ver como algunas figuras se erguían en caminos y tejados, siluetas apenas definidas en el canvas del cielo del ocaso, pintando de negras siluetas el naranja del cielo al estar ocultándose el astro rey en el horizonte. El joven llegaría un tiempo antes del próximo ataque, quizás podría conseguir algo más de información sobre lo que ocurre y lo que puede conseguir de alguno de los que viven a diario esa pesadilla, quizás ahí sí tengan la información exacta sobre la posible recompensa. Concretamente, de entre todos los que allí se encuentran, hay un muchacho que llama la atención, cabellos que brillan carmesí en aquel momento, el chico está sobre un árbol cercano a la entrada del pueblo.
Que no se haya dicho un monto, no significa exactamente la ausencia de uno, sino que la información disponible, para gentes que apenas se mueven de bar en bar y de copa en copa, no es propicia a informar de una recompensa monetaria, o al menos, valiosa para quienes puedan poner un punto final a los asedios de esos maleantes que se encargan de entorpecer y enturbiar la vivencia de aquellos que habitan al este.
El gyojin, que había bebido más de la cuenta, y por lo tanto, tenía la orientación justa para no caerse en mitad de un retrete por lo visto, se dirige directamente a la zona donde los ataques ocurren, zona que él mismo había dicho que no visitaría ni de casualidad por lo tacaño de los habitantes, que era una suposición, y además, con la fortuna de su lado, iba justo cuando un grupo de aquellos delincuentes se desplegaba para ir a atacar a la zona donde los pobres habitantes ya temían hasta dormir.
El muchacho podría ver como algunas figuras se erguían en caminos y tejados, siluetas apenas definidas en el canvas del cielo del ocaso, pintando de negras siluetas el naranja del cielo al estar ocultándose el astro rey en el horizonte. El joven llegaría un tiempo antes del próximo ataque, quizás podría conseguir algo más de información sobre lo que ocurre y lo que puede conseguir de alguno de los que viven a diario esa pesadilla, quizás ahí sí tengan la información exacta sobre la posible recompensa. Concretamente, de entre todos los que allí se encuentran, hay un muchacho que llama la atención, cabellos que brillan carmesí en aquel momento, el chico está sobre un árbol cercano a la entrada del pueblo.
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